Luis París: Disparates en redes sociales

Ojalá que al presidente Chaves el pueblo pueda agradecerle al finalizar su gestión la implementación de políticas públicas y la ejecución de acciones y obras realmente trascendentales para el desarrollo del país y el bienestar de todos los costarricenses, como algunas, por cierto, de las que nos legaron sus antecesores.

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Luis París Chaverri, Ex Embajador.Luis Paris Chaverri

El mundo maravilloso de las redes sociales no está exento de la divulgación de contenidos falsos, malintencionados y perniciosos, ni de opiniones necias, disparatadas o temerarias.

En esos espacios virtuales -ideados como medios para el aprendizaje y el entretenimiento, para facilitar la interacción entre personas y para compartir información- en las últimas semanas gran cantidad de usuarios se manifiestan exultantes con las primeras acciones del actual gobierno y con el estilo provocador y combativo del presidente Rodrigo Chaves.

Un día sí y otro también se dedican a llenar de elogios y a resaltar sus acciones y eso, ciertamente, no es en absoluto criticable; al contrario, es aceptable y conveniente que las cosas buenas de una administración reciban el reconocimiento y el aplauso de los ciudadanos.

Lo malo, lo que no se vale es que, por lo general, esas manifestaciones de apoyo están acompañadas de una sarta de disparates, de desproporcionados reproches e injustos insultos a todos quienes nos han gobernado desde la instauración de la Segunda República.

Para los que hacen uso de las redes sociales de esa manera, ni una sola buena obra puede ser atribuida a nuestros expresidentes, para ellos todos son unos sinvergüenzas culpables de los males que nos aquejan y ven en las acciones y actitudes del actual mandatario, aunque algunas de estas sean más efectistas que importantes, al justiciero y salvador de la Patria.

Creo que quienes consideran que eliminar el uso obligatorio de las mascarillas decretado para proteger nuestra salud o que rescindir algunos de los alquileres que pagan las instituciones del Estado son medidas dignas de encomio, tienen todo el derecho de expresar su opinión.

Como también lo tienen aquellos que aplauden el anuncio de una posible disminución de la tarifa por la revisión técnica de vehículos o el pronto traslado de estructuras bailey a la zona afectada por la tormenta tropical Bonnie.

Igualmente pueden divulgar su apoyo entusiasta al gobierno y al presidente los que creen que los esfuerzos por disminuir el precio del arroz, de las medicinas y de los combustibles o que el anuncio de eliminar el “enganche médico”, aunque este sea solo una intención y no un hecho concreto, son merecedores de bombo y apología.

A nadie se le censura por alabar la visita de Chaves a Crucitas si en ella ven un gesto de querer poner orden y evitar el daño ambiental que la extracción ilegal de oro ha provocado en ese lugar.

Cualquiera puede ensalzar las acciones emprendidas por la administración para recuperar los dineros de los bonos Proteger mal asignados a funcionarios públicos o para la investigación de las deficiencias encontradas en la construcción de una cárcel.

Pero acompañar esas manifestaciones de respaldo al actual presidente denigrando y vilipendiando a la vez la obra y las personas de nuestros exgobernantes es un exabrupto y una grosería que la propia historia descalifica.

Es una aberración y una injusticia desconocer los logros y avances  del país desde mediados del siglo pasado, como son, y solo a modo de ejemplo: la consolidación de la seguridad social, nuestra legislación laboral, la abolición del ejército, la estabilidad democrática, la electrificación y el abastecimiento de agua potable en todo el territorio nacional, la protección de nuestra naturaleza, los estímulos al pequeño y mediano productor, la inversión en educación y salud, la gestión de paz en la región, la promoción de la igualdad real de la mujer, los planes de vivienda de interés social, la apertura comercial, los programas para evitar la deserción estudiantil y los dirigidos al bienestar de nuestra niñez y de nuestros ancianos, los avances en materia de derechos humanos y de respeto a las minorías.

Ignorar que la mayoría de los indicadores socioeconómicos nacionales cuando se comparan con los de los demás países latinoamericanos se ubican siempre en los primeros lugares y que esos logros son reconocidos y elogiados por los organismos internacionales, es una actitud pesimista y derrotista.

Quienes, a pesar de la evidencia ven sólo calamidad, actúan de mala fe, pues se resisten obcecadamente a aceptar que la Costa Rica de hoy es muy diferente a la de mediados del siglo XX gracias al esfuerzo, a la valentía y al tesón de los costarricenses, pero también a la gestión de aquellos que hoy se ven insultados y calumniados por una legión de insensatos y malagradecidos.

Es una completa sandez, un disparate y un despropósito afirmar, como lo hacen los más fanáticos simpatizantes del gobierno y del mandatario, que todos nuestros anteriores gobernantes fueron unos inútiles y unos corruptos.

La realidad es que ha habido buenos, regulares y malos gobiernos, todos ellos con aciertos y errores, algunos también con manchas en el campo de la ética, pero la obra de éstos y de quienes los lideraron debe ser analizada con objetividad, endosándoles la responsabilidad de sus fracasos y faltas, pero reconociéndoles también su contribución al innegable progreso del país.

Ojalá que al presidente Chaves el pueblo pueda agradecerle al finalizar su gestión la implementación de políticas públicas y la ejecución de acciones y obras realmente trascendentales para el desarrollo del país y el bienestar de todos los costarricenses, como algunas, por cierto, de las que nos legaron sus antecesores.

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