Luis París: Un liderazgo inspirador

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Luis París Chaverri, Ex Embajador.Luis Paris Chaverri

Siendo apenas un joven de 21 años mi tío Álvaro decidió, a inicios de 1948, unirse a las fuerzas revolucionarias que luchaban para rescatar la pureza del sufragio.

Su valentía, su idealismo y su amor a la patria lo llevaron a la muerte el 17 de marzo de ese año al enfrentar – junto a un pequeño y mal armado grupo de jóvenes puntarenenses- a las fuerzas militares del gobierno en El Apagón, en las cercanías de Chomes, a orillas del Río Guacimal.

Ese pequeño grupo de valientes patriotas tuvo el mérito de distraer tropas del gobierno que podrían haber sido enviadas a combatir contra los revolucionarios comandados por José Figueres Ferrer, comprometiendo seriamente el éxito en el llamado frente sur.

Crecí así en el seno de una familia protagonista de ese episodio de nuestra historia y supe valorar desde niño el acto de heroísmo del tío Álvaro y de otros muchos costarricenses que como él, inmolaron su vida por la democracia y la libertad.

En las reuniones familiares, eran recurrentes los relatos sobre la revolución del 48 y la mención del nombre de José Figueres, don Pepe, nombre que para quien apenas alcanzaba el uso de la razón, era percibido ni más ni menos como el de un héroe mítico

La gesta revolucionaria de ese gran hombre, la trascendental obra realizada desde la Junta Fundadora de la Segunda República y en su primer período de gobierno constitucional, sus ideas plasmadas en discursos y libros, produjeron una enorme influencia en los jóvenes que en la década de los 60´s iniciábamos nuestra participación en la actividad política como dirigentes de la Juventud Liberacionista.

Conocer personalmente a la leyenda viviente que era ese personaje de las tertulias familiares, reafirmó la imagen que idealmente tenía de él e incrementó mi admiración, respeto y afecto.

José Figueres, es indiscutiblemente un nombre inmortal que llena capítulos gloriosos del libro de nuestra historia y es uno de sus protagonistas más destacados.

Fue un hombre de ideas claras que siempre miró el horizonte, un líder visionario, un demócrata convencido y practicante, defensor de la libertad y la justicia social, un político pragmático y un estadista de verdad.

Empresario de grandes sueños, impulsó al Estado a acometer – desde las instituciones públicas creadas por su inspiración – grandes empresas que le traerían desarrollo al país y bienestar a la población.

General victorioso, suprimió el ejército como institución permanente, en un acto sin precedentes y como un gesto que expresa el apego de nuestro país a la civilidad y a la democracia.

«El primero de diciembre de 1948, di unos mazazos sobre un muro del Cuartel Bellavista, para simbolizar así la eliminación del vestigio del espíritu militar de Costa Rica en otro tiempo», escribió don José Figueres hace un poco más de 72 años.

La trascendental decisión de don Pepe inspiraría posteriormente en la década de los 80`s a Luis Alberto Monge a lanzar la Proclama de Neutralidad Perpetua, Activa y No Armada, y a Óscar Arias a liderar el proceso que culminaría con la aprobación y ejecución del Plan de Paz para la región Centroamericana.

Sin duda alguna, ese es el legado de mayor trascendencia para la vida política e institucional del país, el que nos ha permitido vivir en paz y cimentar los valores más preciados del sistema democrático, así como destinar mayores recursos económicos a la educación y la salud del pueblo costarricense.

En reconocimiento de la importancia de tal acción, este año se promulgó la ley que establece el 1 de diciembre de cada año como Día de la Abolición del Ejército y en la misma se instruye al Poder Ejecutivo a organizar actos oficiales para celebrar dicha efeméride en todo el país.

Don Pepe fue un líder que así como inspiró a miles de compatriotas a empuñar las armas para defender la democracia, también inspiró las grandes transformaciones que se dieron en la segunda mitad del siglo pasado y el pensamiento y la cultura política costarricense.

La memoria de José Figueres inspira aún a muchos costarricenses a mantener al país libre de cualquier “vestigio del espíritu militar” y a continuar la lucha sin fin por lograr “un sistema económico que produzca con eficiencia y que distribuya con justicia”, es decir una sociedad en paz, próspera y solidaria.

 


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