Luis Paulino Vargas: Costa Rica, 10 en conducta

Ninguno quiso tener la “buena conducta” que Tovar y Jiménez recomiendan. Todos hicieron lo que ahora se nos prohíbe hacer.

Luis Paulino Vargas Solís, Economista (Ph.D.)

La idea se la escuché hace unos días a Dyalá Jiménez Figueres, exministra de Comercio Exterior. Ahora la veo expresa por Manuel Tovar, el nuevo jerarca del citado ministerio, recién designado por Rodrigo Chaves.

La cuestión es que, según nos dicen estas distinguidas personalidades, Costa Rica se ha ganado una magnífica reputación como país devotamente adherido a los sagrados mandamientos del libre comercio. Y, sin la menor duda, la cosa no es nueva: hace más de 35 años, a mediados de los ochenta del siglo pasado, se inicio un proceso de apertura comercial unilateral, que luego se fue profundizando y ampliando, con la incorporación, primero al GATT y luego a la OMC, más los sucesivos tratados comerciales.

Según el ilustrado criterio de Jiménez y Tovar, tan brillante e inmaculado expediente se ha visto percudido por la decisión, adoptada en el gobierno de Luis Guillermo Solís, de restringir la importación de aguacates.

El mensaje es claro: corresponde cumplir la penitencia asociada a tan grave pecado, y, en firme acto de contrición y enmienda, nunca, jamás de lo jamases, volver a incurrir en tan horrenda anomalía.

O sea: la meta es mantener un 10 de conducta, así calificado por las corporaciones transnacionales, los gobiernos de los países ricos y los diversos organismos internacionales, en cuyas manos está el manejo de la economía mundial. Que esta última manifieste alarmantes síntomas de caos, inestabilidad y desequilibrio, son solo pequeñeces que no deben distraer nuestra atención.

Claro que, si usted estudia la historia de las potencias económicas del mundo, empezando por Inglaterra desde la segunda mitad del siglo XVIII, y luego, en sucesivos momentos a lo largo de los últimos 200 años, los casos de Alemania, Estados Unidos, Francia, los países nórdicos europeos, Japón, Corea del Sur, Taiwán y, últimamente, China, notará una cosa: de haberlos calificado, todos, sin excepción, habrían reprobado en conducta.

Ninguno quiso tener la “buena conducta” que Tovar y Jiménez recomiendan. Todos hicieron lo que ahora se nos prohíbe hacer.

Jamás merecieron un 10 como se lo merece Costa Rica, gracias a lo cual son países de muy altos ingresos. En manos de gente como Jiménez y Tovar, Costa Rica, en cambio, jamás dejará de ser una pobretona que vive de las apariencias.

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