Luis Paulino Vargas: ¿Diálogo?

Mil veces he lamentado la violencia en las protestas. Porque la violencia es siempre repudiable, pero además porque la violencia deslegitima la protesta y es explotada al máximo, con saña y fiereza, como herramienta para desprestigiarla.

Luis Paulino Vargas Solís, Economista (Ph.D.)

Desde que la #pandemia del Covid19 empezó, tres veces estuve en reuniones virtuales con el presidente Alvarado. Y todavía una vez más, con la vicepresidenta Campbell, el vicepresidente Rodríguez y miembros del equipo económico, como parte de la convocatoria “Costa Rica escucha, dialoga y propone”.
Todo un privilegio, a su vez derivado de mi privilegio de intelectual y académico, totalmente fuera del alcance de esos hombres y mujeres de las zonas rurales que estos días se lanzaron a las calles para reclamar por un #empleo decente y la comida de sus niños y niñas.
La experiencia de esas cuatro reuniones, me dice una cosa: el gobierno oye sin escuchar y habla sin dialogar. No querría yo perder el tiempo en otra inútil reunión como esas.
Mil veces he lamentado la violencia en las protestas. Porque la violencia es siempre repudiable, pero además porque la violencia deslegitima la protesta y es explotada al máximo, con saña y fiereza, como herramienta para desprestigiarla.
Ignoro cuáles son las razones detrás de esa violencia. Si fue por infiltración del narco, ello debería preocuparnos muchísimo, porque demuestra que el crimen organizado está sólidamente implantado en los territorios. Si fue porque la gente, furiosa, no logró controlar sus emociones, eso debería advertir que, como país, estamos sentados sobre un barril de pólvora a punto de estallar.
En estos días he visto mucha gente, tan privilegiada como yo, o incluso más, lanzando sus condenatorias morales contra quienes protestas. Es fácil si usted es catedrática o catedrático universitario, como es fácil si es gerente de un banco privado o una transnacional, potentado al frente de un “holding” empresarial o director de un poderoso medio de comunicación.
Lo que hemos visto estos días es la indignación de los descamisados de manos callosas, la de las mujeres de delantal percudido y uñas despintadas, la de una juventud a la que siente que le robaron el futuro.
Es el pueblo-pueblo que reclama ser escuchado. Es hora de que se le escuche…y se le respete.

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