Luis Paulino Vargas Solís, Economista (Ph.D.)

El Banco Central nos dice que la economía costarricense sigue creciendo: las zonas francas van a velocidad supersónica; el resto a un ritmo muy modesto, pero, en cualquier caso, positivo. Por otra parte, el desempleo baja, o sea, hay menos personas desempleadas.

Y, sin embargo, algo no calza en este rompecabezas: resulta que el número de personas que realmente tiene empleo ha venido reduciéndose. Ya son 6 meses consecutivos en que, mes a mes, disminuye el número de quienes tienen trabajo. Pero no solo eso: también se reduce lo llamada “fuerza de trabajo”, o sea, cuando sumamos el total de personas empleadas más el total de quienes no tienen empleo y lo buscan, veremos que el número se reduce mes a mes.

Es una situación realmente anómala: hay menos personas con trabajo y, al mismo tiempo, menos personas que buscan trabajo. De ahí la engañosa baja del desempleo. Pero es especialmente llamativo que tanta gente se “fugue” de los mercados laborales y desista de buscar trabajo. La única explicación razonable es que la fatiga les ha ganado: se cansaron de buscar un empleo decente, y tiraron la toalla.

Por otra parte ¿cómo entender que la economía crezca cuando al mismo tiempo el empleo decrece? En parte podría explicarse porque el crecimiento está fuertemente concentrado en las zonas francas, las cuales generan poquísimos empleos, y solo ejercen una influencia ínfima sobre el resto de la economía.

Pero, aun así, queda flotando en el aire otra pregunta ¿por qué el resto de la economía, que crece modestamente, no genera al menos un crecimiento modesto del empleo?

Una parte de la explicación, podría estar en el siguiente detalle: una parte considerable de la caída en el número de personas ocupadas, está relacionado con la disminución de personas “cuenta propia” (a menudo en la informalidad). Lo cual tiene mucho sentido: son quienes sufren mayor precariedad y, por lo tanto, quienes más razones tienen para “tirar la toalla”.

Las estadísticas del Banco Central solo pueden captar de forma muy parcial lo que esas personas producen. Cuando dejan de hacerlo, tampoco captan lo que se pierde. Pero la pérdida efectivamente existe, e implica más privación y angustia para muchos hogares.

Falta investigar mucho más, pero lo que todo esto sugiere es que la economía costarricense, padece de tales deformidades, que las estadísticas convencionales del Banco Central han perdido representatividad. Pintan un mundo fantasioso, ajeno a nuestra realidad.

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Luis Paulino Vargas Solis

Por Luis Paulino Vargas Solis

Economista, investigador independiente jubilado.