Luis Paulino Vargas: Monopolios públicos, monopolios privados – doble discurso, doble moral

En Costa Rica eso es pan de todos los días, y goza del aplauso unánime de quienes se dicen promotores de la “libre competencia”.

Luis Paulino Vargas Solís, Economista (Ph.D.)

Si se trata de monopolios públicos, el dictamen que ciertos sectores de la sociedad costarricense emiten es lapidario e inapelable, y redunda en su más completa satanización, sin atenuantes y sin analgésicos. Y todo envuelto en himnos de alabanza a la “libre competencia”. El periódico La Nación ofrece el más acabado ejemplo de ello.

En cambio, y cuando de monopolios privados se trata, proliferan las miradas de disimulo, y se multiplican los eufemismos y la jerga tecnocrática y calculadora. Todo un denodado esfuerzo por tapar la realidad, cubriéndola con capas sobre capas de maquillaje. Aquí de nuevo, La Nación brinda el botón de muestra mejor logrado.

Lo vimos hace unos pocos meses: Teletica, Repretel y el fútbol, una colusión desvergonzada que deja por fuera del disfrute de su deporte favorito a miles de hogares que no tiene acceso a la televisión paga.

Y se reitera con la adquisición de Movistar por Liberty Latin America, que se suma a su adquisición previa de Teletica-Cabletica y, ahora, en la fusión de ambas empresas, en un movimiento colusivo que cualquier país decente se consideraría opuesto a los más elementales criterios de “libre competencia”, pero que, en Costa Rica, recibe, todo lo contrario, un caluroso saludo de felicitación.

Quienes denigraban a JAPDEVA, presentándolo como una cueva de vagabundos, guardan silencio frente al monopolio que graciosamente se le concedió a la transnacional APM-Terminals, no obstante que ésta cobra tarifas mucho más altas por un servicio mucho menos eficiente.

¿Y el servicio de buses? Empresas como el denominado Grupo JSM o el contralado por un empresario de nombre Raymond Salim Simaan, cada una de las cuales acaparan una gran cantidad de muy importantes rutas de transporte público.

Adam Smith, del que se dice que es el padre de la economía y, todavía más, el padre del liberalismo económico, lo advirtió en su obra fundamental, La Riqueza de las Naciones: cuando un grupo de empresarios se reúnen, no lo hacen para pasar un rato de esparcimiento, sino para conspirar “contra el público o por alguna subida concertada de precios”.

En Costa Rica eso es pan de todos los días, y goza del aplauso unánime de quienes se dicen promotores de la “libre competencia”.

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