Luis Paulino Vargas: Necesitamos una institucionalidad comprometida hasta el tuétano en esta crisis

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Luis Paulino Vargas Solís.

Por: José Ricardo Carballo, periodista codirector

Una generación rápida de empleos, la creación de un fondo para otorgar créditos en condiciones favorables que impidan el quiebre masivo de empresas y garantizar el financiamiento de instituciones claves en la compleja coyuntura actual…

Esos son algunos de los ingredientes que debería incorporar la hoja de ruta del Gobierno para lograr una salida efectiva a la grave situación económica que aqueja al país a causa de la pandemia del covid-19,

Al menos ese es el criterio del economista y catedrático de la UNED, el Dr. Luis Paulino Vargas, quien considera que lo primero es “avanzar en un esquema muy progresivo de tributos y subsidios, donde los que tengan más, aporten más”.

“Es necesario poner en marcha un gran acuerdo nacional inspirado por principios de solidaridad y no por los intereses que están apostando por privatizaciones, por recortes indiscriminados de la institucionalidad pública, por ataques contra el empleo público que están motivados esencialmente por razones ideológicas”.

Partiendo de la premisa de que “solo en la medida que logremos frenar la pandemia, podremos recuperar la economía”, Vargas habló ampliamente con La Revista sobre el panorama económico nacional a la luz de la pandemia del COVID-19, con sus problemas, presiones, desafíos y acciones pendientes en el corto, mediano y largo plazo.

  • El Ministerio de Hacienda y el Banco Central han dado algunas cifras para dimensionar la gravedad de la situación actual. Se habla de una posible contracción del 5% y de un déficit fiscal por encima del 10% del PIB. ¿Cómo califica la situación en que se encuentra el país? ¿Ve realmente una luz al final del túnel?

Es muy factible que la contracción de la economía sea aún más severa de lo anticipado por el Banco Central y en segundo lugar hay que tener presente que aquí entramos en un juego muy difícil entre los intentos de abrir la economía versus los posibles avances de la pandemia y sus efectos sobre el sistema hospitalario y las vidas humanas.

Cualquier intento de apertura enfrentará esa dificultad, imposibilitando que la economía pueda retornar a algo que siquiera se parezca un poco a la normalidad pre covid-19.  Tenemos que tener claro que la posibilidad de relanzar la economía, de reactivarla durante los próximos meses es limitada porque la pandemia misma y el contexto establece limitantes.

En todo caso deberían estar en marcha políticas diversas para suavizar la recesión, la quiebra masiva de empresas y generar trabajos temporales que alivien un poco la situación del desempleo. También es importante diseñar un mecanismo de subsidio que auxilie a las personas con mayores dificultades económicas, junto con el mecanismo de financiamiento a través de algún tipo de tributación muy progresiva.

  • ¿Cómo ve los esfuerzos que está haciendo el Gobierno para revertir o al menos controlar la situación? ¿Tenemos a estas alturas una hoja de ruta clara y viable de reactivación económica?

Creo que al gobierno se le ha dificultado definir una hoja de ruta clara y coherente para enfrentar la crisis en buena medida porque las presiones son muy fuertes y es un gobierno políticamente débil, lo cual le impide avanzar en propuestas de política económica que pudieran ser relativamente satisfactorias frente a la situación.

El Bono Proteger es claramente una buena idea, pero se ha quedado corto en su implementación y en las vías de financiamiento, teniendo que recurrir, de alguna manera, a raspar la olla y eso lo ha limitado tremendamente. La forma ideal de financiar el Bono Proteger sería a través de un esquema tributario progresivo, un recargo a algunos impuestos sobre una base muy progresiva, pero hay intereses muy fuertes que no permiten avanzar en esa línea.

Igualmente hay evidentes rezagos en algunos otros aspectos; por ejemplo, debería existir ya en funcionamiento un fondo de avales y garantías para generar crédito en condiciones muy favorables que ayuden a las empresas en problemas.

Otro aspecto en que el gobierno se ve enredado en sus propios mecates es con el pago de tasas de interés excesivamente altas sobre los bonos de deuda pública, cuando una acción más vigorosa por parte del Banco Central permitiría reducir las tasas de interés y los pagos por intereses.

  • En su criterio, ¿qué le falta a esa hoja de ruta? ¿Cuál es la estrategia que debería seguir el gobierno para evitar que el país retroceda directo al abismo?

Lo primero es avanzar en un esquema muy progresivo de tributos y subsidios, donde los que tengan más, aporten más y toda esa recaudación se destine a fines muy prioritarios como apoyo financiero a la CCSS o al Bono Proteger para ampliar su cobertura. Hacer esto ayudaría a aliviar la recesión porque trasladaría ingresos de sectores altos hacia sectores muy empobrecidos, favoreciendo el poder de consumo y ayudando a sacar un poquito a flote el mercado interno.

El segundo punto esencial es avanzar en la puesta en marcha de un fondo de avales y garantías, que sería un mecanismo para proveer crédito en condiciones sumamente favorables para apoyar a las pymes y empresas grandes en problemas, que podrían naufragar en el contexto de la crisis y que necesitan apoyo para capital de trabajo o flujo de caja.

En tercer lugar, hay que tomar todas las medidas previsoras necesarias para garantizar la continuidad de los servicios públicos en los distintos ámbitos de la institucionalidad, para lo cual debe haber financiamiento para que el Estado y las instituciones cumplan con sus responsabilidades en el contexto de la crisis.

Y como cuarto elemento deben ponerse a punto los programas para la reactivación de la economía a fin de tener toda la preparación y la anticipación necesarias para impulsarlos tan pronto como la misma situación sanitaria lo permita.

  • ¿Por qué son tan importantes los créditos que se negocian con el FMI? ¿Qué implicaciones tiene para la salud económica nacional endeudarse más y aceptar las condiciones impuestas por el FMI?

Creo que al país le conviene obtener fondos provenientes de organismos multilaterales, siempre y cuando vengan en condiciones blandas o favorables y que se destinen al financiamiento de programas de inversión pública que permitan relanzar la economía una vez que la situación sanitaria se haya estabilizado lo suficiente.

Estos fondos no deberían orientarse, como se ha insistido, a refinanciar deuda ya existente, argumentando que los fondos del exterior vienen con tasas de interés más bajas y eso permite reducir los pagos por intereses de la deuda pública. Lo cierto del caso es que existen instrumentos de política que se pueden ejercer desde dentro de la economía, a través del Banco Central, para reducir las tasas de interés sobre la deuda pública y bajar los pagos por intereses de la deuda y así liberar recursos que hoy están siendo destinados a un uso tremendamente estéril como pago de intereses y que podrían estarse destinando a cosas mucho más prioritarias. Entonces, los recursos del exterior deberían venir a alimentar un gran fondo nacional orientado a poner en marcha un programa de inversión pública para reactivar la economía.

Yo no creo que sea conveniente para el país recurrir al financiamiento con el FMI si eso va a venir acompañado de condiciones no favorables. Hay cosas que no están del todo claras como lo que realmente pide el FMI y lo que alguna gente quiere que se meta en la agenda tomando como pretexto las negociaciones con el FMI, lo cual son dos cosas distintas. El presidente del Banco Central lo ha planteado en los siguientes términos. El FMI no pide aplicar una política económica determinada, no exige que se siga esta u otra política económica en particular. Lo que el FMI pide es que se cumplan determinadas metas en relación con el déficit fiscal y la deuda pública.

  • En el marco del contexto que vivimos, ¿cómo encontrar ese importante pero delicado equilibro entre cuidar la salud de las personas y reactivar la economía?

La idea de establecer un equilibrio entre economía y salud no parece tener mucho sustento en la realidad. Lo que hemos observado es que, al empezar a abrir la economía, crecen los contagios y la presión sobre los hospitales y eventualmente podríamos entrar en una situación grave de colapso de los servicios hospitalarios.  Aunque se apliquen todos los protocolos, la apertura significa mucha gente moviéndose en las calles y aglomerándose en plena época lluviosa, lo que siempre conlleva riesgos, y desde ese punto de vista la idea de establecer un balance entre economía y salud es un poco ilusorio.

Lo que estamos observando es que hay que priorizar la salud para poder salvar la economía; solo en la medida que logremos frenar la pandemia, podremos recuperar la economía. Los esfuerzos de recuperación de la economía que pudieran provocar agravamiento de los efectos de la pandemia, causarían, más temprano que tarde, un frenazo de la economía misma y reversión de la apertura; de lo contrario, el costo sanitario y en vidas humanas sería muy alto.

Entonces no existe ningún equilibrio fácil entre salud y economía; no es cierto que hay un balance que se pueda establecer. Tenemos que priorizar la salud y en la medida en que logremos triunfar en ese ámbito podremos también triunfar en el ámbito de la economía.

  • ¿Las cargas o sacrificios que hemos tenido que hacer todos para enfrentar esta situación se han repartido equitativamente o hay unos sectores más afectados que otros y con mayor disposición a ayudar y “apretarse la faja”?

Los costos de la crisis han recaído principalmente en trabajadores y trabajadoras del sector privado que se han quedado sin empleo o que han visto reducirse su jornada laboral y sus ingresos, así como de empresarios pequeños, cuyos ingresos han caído a casi cero, con las implicaciones directas que esto conlleva para sus vidas personales y su vida familiar.

Para las personas muy ricas no existen tales costos; a unos les está yendo mal y a otros no, pero una cosa es que a sus empresas les esté yendo mal y otra muy distinta es que estén siendo afectados en sus vidas personales. Esas personas muy ricas siguen viviendo con la holgura que tradicionalmente lo hacen porque sus fuentes de ingresos son muy diversificadas y eso los protege frente a situaciones de crisis.

La contribución tiene que venir de todas aquellas personas en condiciones de hacerlo, y debe ser de manera progresiva para que aporten más quienes más tienen, tomando en cuenta los ingresos provenientes del trabajo como del capital.

Lo que corresponde, por lo tanto, es exigir más eficiencia, compromiso, empeño y trabajo al sector público para que desde la institucionalidad pública se alivien los efectos de la crisis y se generen las condiciones para superarla.

  • En una reciente entrevista, el presidente del Banco Central afirma que hace falta un acuerdo político y social de diversos actores para evitar una crisis como la de 1981. ¿Está de acuerdo? ¿Hay ambiente y voluntad política para lograr ese acuerdo antes de que sea demasiado tarde?

Hay que tener un poquito de cuidado a la hora de establecer comparaciones entre la crisis de principios de los 80 y la crisis actual porque las condiciones y los factores son diferentes. Creo que es un juego mal planteado e incluso manipulador estar estableciendo comparaciones a la ligera entre una crisis y la otra, ya que el tipo de respuestas no pueden ser iguales.

En segundo lugar, desde luego que la crisis actual exige un compromiso político, eso es fundamental, pero también solidario, que cada quien aporte de acuerdo con sus posibilidades y, por lo tanto, quien más tenga dé más para poder auxiliar a las personas más necesitadas y vulnerables, como los trabajadores de las microempresas, que son quienes concentran el costo de la crisis.

Aquí la solidaridad es esencial y la evolución misma de la pandemia pone de manifiesto que esta azota donde hay pobreza: en las explotaciones piñeras de la Zona Norte donde existen regímenes laborales cercanos a la semiesclavitud, en el tráfico ilegal de migrantes en la frontera (y aquí los culpables no son los migrantes, ellos son las víctimas de esto y el discurso xenofóbico aquí resulta doblemente detestable porque está culpabilizando a quiénes son solamente víctimas) y en el perjuicio a las zonas urbano marginales y densamente pobladas de las ciudades del Valle Central.

Es necesario poner en marcha un gran acuerdo nacional inspirado por principios de solidaridad y no por los intereses que están apostando por privatizaciones, por recortes indiscriminados de la institucionalidad pública, por ataques contra el empleo público que están motivados esencialmente por razones ideológicas.

  • Las autoridades hablan de un ahorro de más de 178 mil millones para este año, reducción anual de un 15% en jornadas laborales, recortes en horas extra, viáticos, publicidad, etc. ¿Cree que el gobierno ha hecho la tarea con respecto al recorte del gasto público o todavía hay dónde pasar la tijera?

Yo no creo que la respuesta a la crisis sea una política de austeridad fiscal. No es por ahí. Lo que necesitamos es una institucionalidad pública comprometida hasta el tuétano para aportar lo mejor de lo mejor en el combate a la crisis, en el alivio de las consecuencias de la crisis y en el ejercicio de un liderazgo muy vigoroso para conducir al país hacia la superación de la crisis. Necesitamos hoy más que nunca una institucionalidad pública con muchísimo músculo, más eficiente y comprometida, y eso es lo que hemos visto, por ejemplo, en la CCSS que, si bien ha cometido errores, hace un esfuerzo épico y heroico que merece ser reconocido, lo cual tiene que replicarse en toda la institucionalidad pública; es lo que el país necesita frente a la crisis, no son recortes que vengan a debilitar esa institucionalidad pública.

Para combatir el déficit fiscal y la deuda pública, vamos a necesitar reformas tributarias progresivas, un combate mucho más vigoroso a la evasión y elusión tributaria y repensar las exoneraciones tributarias que son sumamente cuantiosas. Vamos a necesitar una economía reactivada creciendo vigorosamente y más eficiencia en el gasto público.

  • ¿Hay instituciones y sectores en este país que se creen intocables cuando de austeridad y disciplina fiscal se trata?

Yo no sé si hay sectores que se creen inmunes o que no deben estar sujetos a ninguna disciplina. Me parece que los sectores que claramente transmiten esa idea de que están exentos de cualquier obligación son los sectores más ricos de Costa Rica. Esa gente saca sus cartas, se reúne con el gobierno, hace sus conferencias de prensa y sus cartas al Niño con 1000 peticiones distintas o más bien exigencias en un tono absolutamente arrogante y no ofrecen absolutamente nada.

Si hay grupos dentro del sector público que opinan así están gravemente equivocados. Es un momento de crisis y los que tenemos un buen salario del sector público debemos estar dispuestos a pagar más en impuestos. De hecho, hace poco nos los aumentaron a raíz de la ley 9635 y si hubo un sector que resultó afectado fue el asalariado profesional del sector público, del cual yo soy parte como profesor y catedrático en una universidad pública. Estoy de acuerdo en que tenemos que aportar más en esta crisis y yo soy el primerísimo en ofrecerlo de muy buen gusto.

Esa fuerza positiva, ese liderazgo debe provenir del sector público con un compromiso muy serio, enérgico y convencido. Se necesita disciplina, trabajo, y mucha más eficiencia. Por el contrario, disciplina fiscal, recorte, austeridad y debilitamiento de la institucionalidad pública equivale a agravamiento de la crisis, es sumar fuerzas contractivas a las fuerzas contractivas que en este momento están haciendo que la economía se derrumbe. No es el camino por el cual Costa Rica debe transitar.

  • Algunos empresarios afirman que el gobierno está cerrando los espacios de diálogo con el sector privado. Incluso han presentado propuestas de reactivación que no son tomadas en cuenta. ¿Realmente existe un problema de comunicación entre el Ejecutivo y la empresa privada? ¿Qué es lo que está pasando y cómo se puede mejorar la relación?

Creo que el gobierno ha hecho un intento por atender las cosas que las cámaras empresariales le solicitan, por lo menos hace diversos guiños tratando de satisfacerlos; por ejemplo, proponer recortes de las jornadas laborales en el sector público, un presupuesto extraordinario con recortes de más de 300 mil millones de colones y toda la cuestión sobre empleo público.

Todo eso con lo que el gobierno aparece matriculado está claramente pensado para que los sectores empresariales sientan que sí están siendo tomados en cuenta. Probablemente habrá muchas otras cosas que los sectores empresariales están pidiendo y que todavía el gobierno no les ha respondido o los ha pospuesto, pero hay que tomar en cuenta que el gobierno está inmerso en un entramado de presiones muy fuertes en distintos ámbitos. Pero de todos los sectores, el empresarial es el que más ha sido escuchado, no tanto como ellos exigen, pero sí más que cualquier otro.

Falta una visión estratégica por parte de este empresariado que tiende a concentrarse en intereses gremiales inmediatos y carecen de una visión de mediano y largo plazo que les permitan ubicarse correctamente en el contexto social, económico y político de la Costa Rica actual; entonces eso los lleva a propuestas de alcance limitado, de carácter muy gremial, y carentes de solidaridad. Todo el planteamiento que han formulado en el contexto actual de la crisis los ha visibilizado ante la ciudadanía, la cual ya entendió que los grandes privilegiados no son empleados públicos con buenos salarios, si no otra gente cuyos ingresos y riquezas excede por centenares de veces los ingresos y el patrimonio del empleado público mejor pagado de Costa Rica.

  • Ahora la discusión y las acciones están muy enfocadas en atender lo urgente. Una vez superada la pandemia y que tengamos un poco de estabilidad, ¿a qué debería abocarse Costa Rica para resolver sus deficiencias de competitividad y dinamismo de la economía? ¿Cuáles son esos retos estructurales que tenemos por delante?

Voy a partir de un supuesto para poder responder. Imaginemos que ya hemos logrado que la parte sanitaria esté bajo control, con 10 o 15 contagios diarios, pocas personas hospitalizadas o en Cuidados Intensivos y una reducción al mínimo de los fallecidos. Entonces, ya sin temor de que al trabajar la parte económica se nos desborde la situación sanitaria, ¿qué es lo que sigue?

La prioridad número uno es sacar a la economía del hueco al cual ha caído y no se trata simplemente de ponerla a crecer en números positivos sino fundamentalmente generar muchísimos empleos a la brevedad posible. ¿Cómo lo logramos? A través de una acción vigorosa del sector público y mediante un amplio programa de inversión pública. Podemos pensar en otras acciones necesarias y que los empresarios sacan a relucir continuamente como la simplificación de trámites y la capacitación de la mano de obra; todo eso es importante y necesario, pero no va a hacer que la economía se reactive.

Si queremos una reactivación con un crecimiento del 5 o 6 por ciento y con muchísimos empleos generados en plazos muy cortos debe haber un vigoroso programa de inversión pública, el cual debe incorporar una etapa inicial de corto plazo y fácil ejecución que genere muchos empleos con la mayor rapidez posible, sobre todo en las regiones más rezagadas del país y en beneficio de grupos vulnerables como las mujeres.

Luego en el mediano y largo plazo ese programa de inversión pública debe avanzar por rutas novedosas que incluyan energías limpias, tecnologías verdes, acueductos con tratamiento de agua, un plan alimentario muy ambicioso para recuperar la producción de alimentos para el mercado nacional, programas de vivienda para los sectores populares y las clases medias, transporte público y ese tipo de cosas.

Necesitamos un sistema financiero mucho más eficiente de lo que hoy día tenemos, porque está claro que la banca privada no está aportando gran cosa y necesitamos reformas para que, tanto la banca pública como la privada, sean más eficientes. Necesitamos una institucionalidad pública que funcione con mucho mayor flexibilidad y que avance hacia una mayor eficiencia y calidad en el uso del gasto público y necesitamos reformular las bases de nuestro desarrollo para establecer un tejido productivo asentado en encadenamientos que aprovechen los recursos y el conocimiento para incorporar mayor valor agregado a nuestras actividades productivas.

Tenemos que hacer de esta crisis una oportunidad para reformular muchos de los elementos fundamentales de la estrategia de desarrollo por la cual el país ha venido transitando por los últimos 35 años.

 


Luis Paulino Vargas, (Dr).

Soy economista, profesor y catedrático universitario, Director del Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE) de la UNED. A lo largo de muchos años en las aulas, estudié cosas como economía, relaciones internacionales, ciencias políticas, políticas públicas y algo de sociología. Al cabo tengo varios cartones donde constan varios títulos universitarios, incluyendo un doctorado. Soy autor de 12 libros y ganador del premio Aquileo Echeverría. Publico regularmente comentarios y opiniones en mi Blog: Soñar con los pies en la tierra

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