Luis Paulino Vargas: Oscar Arias, el camino al infierno está empedrado de grandilocuencia

Pero la parte más bulliciosa, la más visible y beligerante, tiende a adquirir precisamente ese perfil. Todo lo cual muy posiblemente tiene que ver con la contradicción insalvable que plantea pasar de ser el partido “alternativo al neoliberalismo” a ser un partido neoliberal más. Y la que plantea pasar de ser el partido que afirmaba monopolizar la ética, a ser un partido tan corrupto como los partidos del bipartidismo.

Luis Paulino Vargas Solís, Economista (Ph.D).

Días atrás, al salir de una audiencia con un juez de la república, Oscar Arias dijo a la prensa que posee 90 doctorados, además de premios de gran relumbre como el Príncipe de Asturias y, por supuesto, el Nobel de la paz. No sé si su propósito fue dar a entender que él es un personaje tan encumbrado, de tan refinadísima alcurnia, que está por encima del bien y del mal, y más allá del alcance de las leyes costarricenses. No sé, reitero, si ese fue el mensaje, pero sonó como si lo fuera.

Luego leo en el medio digital La Revista la transcripción de un discurso viejito (4 de marzo de 2010) del señor Arias, titulado “El tren de la prosperidad”. Salido del baúl de las reliquias para ofrecerlo al público el pasado 16 de septiembre, es una alocución que, de haberla pronunciado el día de hoy, habría de seguro tenido el mismo tono y estilo: igual de retórico y grandilocuente; igual de demagógico y vacío.

Hecho a un lado el almibarado cúmulo de ornamentos, el mensaje, al cabo, se centró en afirmar que la globalización es un fenómeno tan inevitable como la rotación de la Tierra, y que el libre comercio es la única vía a la “prosperidad”.

Pensar otra cosa, según Arias, es aferrarse a “ideologías gastadas”.

Recordemos que, al momento de pronunciarse ese discurso, el capitalismo mundial estaba siendo sacudido por una crisis colosal, cuyas secuelas siguen viven, y cada vez más devastadoras, hasta el día de hoy. Parece que el señor premio Nobel no lo percibió, y por ello mismo no se enteró que por entonces la globalización literalmente se desmoronaba, puesto que, de hecho, las economías ricas a ambos lados del Atlántico se asomaban al abismo de una desplome catastrófico, del que se salvaron –necesario es recordarlo– gracias a una masiva operación de salvamento de los gobiernos (creo que es a eso a lo que Arias llama “ideologías gastadas”). Puede que incluso hoy la cuestión le pasaría inadvertida, no obstante la agudizada conflictividad política y social y los múltiples síntomas de disfuncionalidad económica, que manifiesta la economía mundial.

Pero además el multigalardonado expresidente incurre en grave confusión. Una cosa es que la expansión mundial del capitalismo a lo largo de la historia, vaya de la mano con el comercio. Otra distinta es que el libre comercio haya sido la llave del desarrollo capitalista exitoso a nivel nacional. Puesto de otra forma: una cosa es el carácter expansivo inherente al capitalismo, de lo cual el comercio es una, entre otras, de sus manifestaciones. Algo distinto son las herramientas por medio de las cuales, algunos países han logrado un desarrollo capitalista exitoso.

Ningún de los países que han logrado tal cosa lo hicieron con base en el libre comercio. Ni siquiera Inglaterra, no obstante haber sido la primera potencia industrial de la historia. Tampoco Estados Unidos hacia finales del siglo XIX e inicios del XX, ni Japón en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, ni China en las últimas décadas.

Es sintomático que, por lo general, tales países comiencen a predicar libre comercio solo cuando llegaron a ser economías ricas y poderosas. No antes de eso.

Retomemos el ejemplo de China. Su espectacular crecimiento de los últimos 25 años se ha beneficiado del comercio. Pero no del libre comercio, puesto que no han optado por una apertura indiscriminada a las importaciones. Y también se ha beneficiado de la llegada de inversión extranjera, pero no por la libre, sino, en cambio, sujeta a una serie de condiciones y reglas. Desde luego, China no es un buen ejemplo, en vista de su régimen autoritario y de partido único, la ausencia de pluralismo y el irrespeto a los derechos humanos y las libertades civiles. Pero, eso sí, cumple a cabalidad con los objetivos de “prosperidad” que el expresidente Arias alaba en forma exultante, aunque para ello se cuidó muy mucho de no tener en cuenta nada de lo que él propone. Lo cierto es que China ha imitado –adaptándolo a sus condiciones y objetivos– lo que el occidente capitalista rico hizo en su momento, contrariando así las rudas simplezas que plantea el expresidente.

Cierto, China posee una musculatura económica y política de la que nuestro pequeño país carece, por lo que puede hacer lo que nosotros no podríamos. Pero ésa es solo una parte de la historia. Otra cuestión, de similar rango, es que desde hace 35 años se impuso en nuestro país una decisión política estratégica y de largo plazo, que optó por la adaptación pasiva, y renunció deliberadamente a la exploración de vías alternativas para el desarrollo. Oscar Arias es uno de los grandes responsables detrás de ese curso equivocado, y en su discurso simplemente ratifica su terca adhesión al error.

Reunión de Ex Presidentes de la República de Costa Rica con el Presidente Carlos Alvarado Quesada. Casa Presidencial Costa Rica, 14 Junio 2018. Fotos: Roberto Carlos Sánchez @rosanchezphoto

Es idiosincrásico: así funciona nuestra clase política, incluido el actual presidente Alvarado, aunque el suyo es posiblemente un caso in extremis. Tienen la cabecita puesta en el norte rico, y por ello no entienden gran cosa de lo que ocurre en este sur carenciado.Sin duda, Arias es, con mucha ventaja, el expresidente que más medallas y trofeos guarda en sus vitrinas. Pero no el que mejor entiende estas cosas. Tampoco el que peor las entiende. Su ideología se instala exactamente en el mismo registro, y responde al mismo sentido común, que caracteriza a los demás expresidentes, incluida nuestra única expresidenta, la señora Chinchilla.

He ahí una las razones fundamentales detrás de nuestro persistente rezago económico, de la creciente desigualdad que vivimos, y de la crisis social y política, en proceso de agudización, que hoy nos agobia.

 

Artículos relacionados:


Luis Paulino Vargas, (Dr).
Es economista, profesor y catedrático universitario, es Director del Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE) de la UNED. Autor de 12 libros y ganador del premio Aquileo Echeverría
Blog Soñar con los pies en la tierra

Del mismo autor le podría interesar:

También podría gustarte

Comentarios

Cargando...