Luis Paulino Vargas Solís, Economista (Ph.D.)

En los últimos once años he trabajado mucho con jóvenes profesionales. Esa experiencia alimenta mi preocupación frente a ese fárrago de ocurrencias y tonterías que el gobierno presenta en su proyecto de empleo público.
Supóngase un joven profesional de 30 años, inserto en el trabajo académico de una universidad pública. Mínimo tiene licenciatura y, con seguridad, o tiene maestría o pronto la obtendrá. En sus planes para los próximos 5 años, contempla, muy probablemente, obtener un doctorado, como parte de un proceso de crecimiento académico proyectado al largo plazo. Ese muchacho o muchacha sueña con una carrera académica de muy alto nivel, que, entre tantas otras cosas, fructifique en una valiosa y reconocida producción científica.
¿Qué perspectiva le ofrece el gobierno de Carlos Alvarado?
Primero, todo el régimen de incentivos basado en criterios de mérito académico desaparece. Y siendo que ese régimen tiene defectos que conviene corregir, en todo caso tiene una virtud importante: premia la excelencia e incentiva el crecimiento intelectual.
Segundo, entra a regir un salario global que será más alto que su salario actual. Pero a él o ella le estará vedado recibir ese salario global.
Se le conmina: “espere a que su salario suba y ‘empate’ al ‘salario global’”.
Pero ¿cuál es la perspectiva real de que ese “empate” se dé, si el régimen de carrera académica bajo el cual fue contratado está siendo desbaratado, y si se decreta congelamiento indefinido de los salarios públicos?
Probablemente ese muchacho o muchacha termine por cancelar sus planes de largo plazo. No sería de extrañar que opte por dedicarse a consultorías u otros “camaroncillos” similares.
Otras muchachas y muchachos, aún más jóvenes, podrían quizá luego ser contratados (aunque no lo sabemos, dado el congelamiento de plazas). Entrarán con salario global, y sin que nada les incentive a hacer carrera académica. Si tiene licenciatura, tener doctorado nada añadirá, de forma que ¿para qué joderse la vida haciendo un durísimo programa doctoral? Tampoco habrá reconocimiento alguno por hacer investigación científica y publicar.
Esa joven persona quedará inserta y atrapada en un sistema que incentiva la mediocridad y el inmovilismo.
Y no olvidemos que esto estará autoritariamente regido, por un ente político llamado MIDEPLAN, que no tiene ni la más remota idea de las exigencias propias del trabajo académico.
(Nota: no podemos obviar el problema, muy extendido, de los interinazgos en las universidades públicas, lo cual introduce grandes injusticias y genera desperdicio de talento humano. Más allá de eso, en mi trabajo he combatido con todos los recursos a mi alcance ese tipo de indeseables situaciones, por razones de equidad y justicia, pero también convencido de que el crecimiento  y solidez académica y científica de nuestras universidades, pasa por contar con equipos humanos estables y del más alto nivel).

 

Luis Paulino Vargas Solis

Por Luis Paulino Vargas Solis

Economista, investigador independiente jubilado.