Luis Paulino Vargas Solís, Economista.

1- La metafísica del dólar

Circulan ideas que apuntan hacia un enfoque conspirativo. A veces se da a entender que el Banco Central, incluso aunque no se haya puesto de acuerdo directamente con el presidente Chaves, como mínimo ha sido muy “receptivo” respecto del interés que este manifiesta a favor de un dólar barato, actuando, por lo tanto, de forma permisiva y acomodaticia. A veces se plantea en términos de que las intervenciones del Banco Central, en vez de controlar y revertir la tendencia a la baja, más bien la propicia.

Por otra parte, la posición “políticamente correcta” -expresada por economistas como Rodrigo Cubero y Jorge Guardia o el exministro Elián Villegas- rechaza abiertamente esa posibilidad, como descartan cualquier efecto relevante derivado de movimientos especulativos o de dineros vinculados al narcotráfico. El mercado es asepsia en estado angelical, como ellos son los “técnicos”, cuyo punto de vista es por completo neutral y equidistante, parsimonioso y pulcro. En breve: un planteamiento impoluto, limpiecito e higienizado.

Este segundo enfoque se prodiga en diversos detalles técnicos, pero, en realidad, toda la cuestión se resume en una idea: si el dólar está donde está, es porque el mercado lo ha decidido así. Y, entonces, una y otra vez, evangelizan: no se debe intentar coartar, ni mucho menos revertir, lo que el mercado ha decretado. A lo mucho, se puede intentar atenuar la tendencia, cuando esta se acelera más de lo deseable, pero jamás pretender cambiarla.

O sea, y en breve: el mercado es sabiduría económica en esencia pura.

Así, el debate en los principales medios de comunicación -y en especial en La Nación- se polariza entre el maniqueísmo simplista de las tesis conspirativas, y la nebulosa, de tintes metafísicos y religiosos, de quienes sacralizan el “libre mercado”. Ambos son distractores muy glamorosos, harto populares en nuestra sociedad, cuyo sentido común fácilmente oscila entre dos tipos de tesis negacionitas: la conspiranoica y la que diviniza el mercado.

Aun así, el primer planteamiento se anota un punto a su favor: le preocupa los efectos que todo esto pueda tener sobre la producción y el empleo, mientras que el segundo enfoque, demasiado entretenido con su escolástica del libre mercado, se desentiende de tales mundanidades.

Hace unos días leí un artículo de Jorge Guardia (“En defensa del Banco Central”) que, otra vez, venía a redundar en esa metafísica. No dice nada que ya no haya dicho, pero hubo una frase que me llamó la atención de forma especial. La cosa es que, al rechazar la idea de provocar abruptas reducciones de la tasa de política monetaria del Banco Central, Guardia apela al argumento de que eso podría “inducir fugas de capital” (sic).

O sea: se le cayeron las medallas a Guardia, y, por un instante al menos, perdió la higienizada y pasteurizada pulcritud de su postura “técnica”. Sencillamente admitió que en esto también inciden los juegos especulativos.

2- Más allá de la escolástica del libre mercado

En línea con las tesis conspirativas, el excandidato liberacionista Rolando Araya, afirmaba hace unos días que el dólar ha caído porque esa ha sido la voluntad del presidente Chaves (“está sentado en la galleta”, afirmó), a la cual el Banco Central se ha plegado.

Yo, por mi parte, observo señales que me indican que el presidente está muy complacido con esa situación, lo cual no equivale a afirmar que, desde su silla en Zapote, esté condicionando el accionar del Banco Central. Cuando, por otra parte, sí es obvio que la actitud de este último ha sido sumamente permisiva.

Pero es por completo innecesario que Chaves presione al Banco Central, para que este actúe de esa forma. Más bien, esa, y no otra, es la actitud esperable, puesto que sus decisiones se toman bajo el influjo de eso que he llamado la “metafísica del libre mercado”, es decir, una construcción teórica alucinada y fantasiosa, por completo ajena a la realidad.

Eso es algo que confirmamos a diario, en los usuales pronunciamientos -generalmente por boca de su presidente, Róger Madrigal- explicando que el “libre mercado” es el que define el precio del dólar, y que al Banco Central tan solo le corresponde evitar movimientos bruscos y pronunciados. Y este punto de vista, como bien sabemos, es refrendado por lo más esclarecidas mentes de la ortodoxia económica criolla.

Las implicaciones sociales, para el empleo y la producción, no les interesan. Surgen, entonces, algunas preguntas muy importantes:

  1. ¿Hasta cuándo podría persistir esta situación? De momento no se le ve plazo de vencimiento, porque no hay voluntad política para frenarla cuando, a la vez, el gobierno sigue captando deuda externa, lo que vigoriza el movimiento a la baja.
  2. Pero ¿es realmente sostenible esta situación? No lo creo, porque conforme pase el tiempo y se haga más perceptible el daño a la producción y el empleo, mayor será el potencial de desestabilización económica y social y más fuerte el grito de protesta.
  3. Y, entonces, ¿podrá corregirse? El problema, me parece, es que ya llegamos a un punto donde la corrección se hace difícil, y cualquier cosa que se intente implica pérdidas. Una corrección gradual, que mantenga el dólar en un nivel históricamente bajo por mucho tiempo, agrandará los efectos negativos sobre la producción y el empleo, pero una devaluación precipitada sería también muy perjudicial.
  4. Pero hay un último aspecto que debemos subrayar: en todo esto se manifiestan groseras anomalías, toda una gama de tendencias patológicas, por completo ajenas a la realidad socioeconómica de Costa Rica. Por lo tanto, tenemos buenas razones para pensar que estamos envueltos en una gran burbuja, la cual eventualmente estallaría. O sea, es posible que, en algún momento y por la razón que sea, los flujos de capital se reviertan, y de un pronto veamos al Banco Central vendiendo apresuradamente reservas para evitar una abrupta subida del dólar.

La cosa es que, bajo la mirada satisfecha del presidente Chaves, y bajo el influjo del sortilegio libremercadista, el Banco Central nos ha llevado innecesariamente a un extremo realmente jodido. Nada de lo que pueda suceder de aquí en adelante, será anodino

Luis Paulino Vargas Solis

Por Luis Paulino Vargas Solis

Economista, investigador independiente jubilado.