Luis Paulino Vargas Solís, Economista.

1- El asalto al Capitolio: enero 2021

Faltaban pocos minutos para el mediodía de aquel 6 de enero de 2021. En el Congreso estadounidense se procedía a la confirmación de Joe Biden como el nuevo presidente de los Estados Unidos. Durante más de dos meses el saliente presidente Trump había recurrido a las truculencias más retorcidas y las mentiras más escandalosas, tratando de revertir el resultado de las votaciones, y, enfebrecidos por aquella campaña infame, ese 6 de enero, un grupo de exaltados y fanáticos, asaltaron violentamente el Capitolio. Iban dispuestos a todo, y Nancy Pelosi, vocera de la Cámara de Representantes, como el propio vicepresidente Pence, estaban entre sus objetivos prioritarios. De haber podido, les hubieran linchado y asesinado.

2- Limón, Costa Rica: abril de 2024

El gesto retorcido, el puño en alto, desgalillado y fuera de sí. El presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves, una vez más, pero ahora con un fervor aún más incandescente, lanza misiles radioactivos contra la Contraloría, la Asamblea Legislativa, la Sala Constitucional. Contra cualquiera que, de una u otra forma, se oponga o disienta de sus puntos de vista y de sus ocurrencias. Quisiera destripar, de un puñetazo, todas las leyes y todo el ordenamiento jurídico de Costa Rica. Exige vía libre para todos sus caprichos y lanza un llamado a la violencia en contra de cualquiera que, de una u otra forma, intente impedirlo. Pero, y de paso, parece haber descubierto una nueva forma de embaucar a la gente con sus promesas, curándose en salud por el seguro incumplimiento de tales ofrecimientos ya que, por anticipado y a priori, deposita las culpas en otra gente. La que sea: desde la Asamblea Legislativa al Poder Judicial, la Controlaría, Perico de los Palotes o la señora de Hatillo. Porque la fórmula es elástica, maleable y flexible: se acomoda a lo que sea, según lo demanden las intemperancias del presidente, de modo que, llegado el caso, igual podría echarles las culpas al OIJ, el arzobispo de San José, el director técnico de la La Liga o alguna conocida figura de la farándula criolla.

3- En búsqueda de su 6 de enero

Chaves no le habla a la gente común y corriente, por la sencilla razón de que esa gente, incluso aquella que todavía se expresa positivamente de él y su gobierno, simplemente no tiene ni el humor ni la disposición ni el interés para ir a perder su tiempo manifestándose violentamente ante el edificio legislativo o el de la Sala Constitucional. Chaves le habla a esa feligresía de fanáticos que lo han puesto en un pedestal, que le han dado estatus de profeta y ungido del cielo, que creen ver en él nuevo Moisés que les llevará a la Tierra Prometida.

Su convocatoria a la violencia es una convocatoria para replicar en Costa Rica el asalto al orden institucional, tal cual acaeció en Washington, aquel mediodía del 6 de enero de 2021.

4- ¿Será que detrás de esas calenturas hay algo más?

Puede que sí, posiblemente la pesadilla distópica de lograr que el chavismo sea a Costa Rica, lo que el trumpismo es a Estados Unidos: un movimiento alimentado por la furia y el hartazgo que, habiendo descreído de todo, opta por creerse, con fe ciega, cada palabra que su “líder” les diga, para, desde ahí, emprender una cruzada incendiaria e intransigente contra la democracia, el pluralismo de las ideas y la institucionalidad del Estado de derecho. Sería un proyecto político con poco de racionalidad y de cálculo, más bien algo bilioso, vitriólico y visceral. Pero es que, en realidad, nada de esto se alimenta de la ciencia, del pensamiento racional o de la evidencia fáctica. Su base y su fuerza son puramente emocionales, en el sentido más instintivo del concepto. Los contextos son distintos, la cultura y las tradiciones históricas también. Algo que echó raíces en Estados Unidos no necesariamente florecería en Costa Rica. Pero creo que la intención existe y el peligro es muy real.

Por Luis Paulino Vargas Solis

Economista, investigador independiente jubilado.