Luis Paulino Vargas Solís, Economista, investigador independiente jubilado.

Que Otto Guevara era una de los personajes detrás del referendo de Chaves, era algo que se olfateaba en el ambiente. Nadie lo había confirmado oficialmente, pero las reiteradas y públicas bravuconadas del susodicho, claramente indicaban que por ahí iba la procesión.

Luego, el propio Guevara, siempre tan locuaz y tan deseoso de robar cámara, se encargó de destapar el tamal.

Hoy sabemos que el equipo de lumbreras con que Rodrigo Chaves quiso rodearse, estuvo conformado, sin una sola excepción, por conspicuos representantes de los más rancio de la política tradicional de Costa Rica.

En fin, parece que el “outsider”, que decía rebelarse contra ese viejo estilo de la política, se siente muy a gusto chapoteando en ese lodazal y rodeado por quienes, en el pasado, encumbraron sus nombres, ya fuese a lomos del bipartidismo, o bien, montados en algunas de las más corruptas y descompuestas expresiones de la política tradicional, como es, precisamente, el caso del siempre lenguaraz señor Guevara.

Ahora que, con el debido respeto para tan prodigiosos cerebros, hay que decir que aquí ocurrió como con la clásica fábula de Esopo: la montaña rugió de forma estruendosa y atemorizante, pero, al cabo, lo que salió fue un inofensivo ratoncito. Porque eso es el tal referendo: no se diga un jaguar, ni siquiera el “lindo gatito” que se quería almorzar a Piolín. A lo mucho es un humilde ratoncito. Y que el ratoncito me perdone por tan ofensiva comparación.

Si el propósito era hacer bulla en lo inmediato, sin duda Chaves lo logró. Pero si el propósito era que la bulla se extendiera a lo largo del año entrante para así inflamar los belicosos ímpetus electorales del chavismo, claramente el tiro la salió por la culata. Tal adefesio, deforme y contrahecho, no tiene futuro ni perspectiva de nada.

Le proporcionará canfín a Chaves para alimentar el incendio por unos meses, y sanseacabó. Tan solo será otra anécdota en la enorme enciclopedia de las anécdotas que narran las chambonadas de Chaves.

Levantado el manto de misterio que cubría el nombre de las eminencias que asesoraban al presidente, es evidente que hoy cae una pesada sombra de duda sobre las competencias intelectuales y profesionales de tan ilustradas personalidades. Porque públicamente quedan como responsables del esperpento que Chaves le ha presentado a Costa Rica.

Alex Solís -hermano de Ottón del mismo apellido e importante figura del PLN, gracias al cual logró ser diputado y contralor- lo entendió: al hacerse público su nombre, aparece como uno de los progenitores del entuerto.

“¡Qué color me he dado!” habrá pensado don Alex.

Y, entonces, el hombre viene, se viste de Pilatos, pide la palangana, se lava las manos y aclara que él advirtió con tiempo que ese chanchullo era inconstitucional.

Pero, la verdad es que no. Aquí nadie puede llamarse a engaño. Como decía mi madre: ya uno sabe la tuza con la que se rasca. Quiero decir, tratándose del presidente Chaves ya se sabe cómo se baila ese bolero. Y la verdad es que Alex Solís, al igual que los otros ilustres que conformaron ese senado de sabios, sabían en qué se estaban metiendo y de qué iba el asunto. Y si no lo sabían, que se pellizquen. No estamos hoy en Costa Rica para jugar cromos ni fingirse párvulo de kindergarten.

Para cuentos, los de la Tía Panchita y para caras de santitos, los del santoral católico Don Alex aceptó gustoso embarrarse, y bien embarrado ha quedado.

Ay, y por cierto, me parece notar en los famosos hermanos Solís -Alex y Ottón- una actitud especialmente condescendiente hacia el presidente Chaves. Como que les gusta su estilo. Por algo será.

Luis Paulino Vargas Solis

Por Luis Paulino Vargas Solis

Economista, investigador independiente jubilado.