¿Hacia dónde nos quieren llevar estas personas que tan acaloradamente defienden tales ideas? La respuesta es obvia: nos empujan hacia el territorio tenebroso del fascismo, cuyo combustible surge del odio y la persecución contra determinadas minorías, a las que se les niega su condición humana y, por ello mismo, tal cual lo hace Ramírez, se les niega el derecho a tener derechos.
Luis Paulino Vargas Solís
La escena me resultó insólita. Una absoluta bizarría, de ese tipo de cosas que, según creo, no se supone que debieran ocurrir nunca en una república democrática del siglo XXI.
De un lado el diputado chavista y pastor evangélico Gonzalo Ramírez, del otro lado la defensora de los habitantes Angie Cruickshank.
Ramírez interpela a la defensora, le reclama no haber sido suficientemente “conservadora” en su gestión y le echa en cara que ella fue elegida a ese puesto gracias al apoyo del evangelismo político que, desde luego, y si le creemos al diputado, es un reducto de “conservadurismo”. De donde resulta que ese evangelismo ha incursionado en la política, no con el ánimo de respetar las reglas del pluralismo democrático, sino con el objetivo de cancelar esas reglas, de modo que se tenga derechos, o se deje de tenerlos, según lo que sus dogmas religiosos prescriban. O, al menos, eso es lo que se desprende de lo dicho por Ramírez.
Cuando, además, y para que no quedase duda del origen de su malestar, Ramírez hizo mención a la posición de la defensora en relación con la decisión de la entonces ministra de educación, la señora Müller, cuando optó por suprimir las “guías sobre afectividad y sexualidad”. Bueno es aquí recordar, para mejor contextualizar el asunto, que, por aquellos días, hubo quienes apoyaron a la ministra vociferando tonterías absurdas y carentes de fundamento, como aquello de que esos programas pretendían “homosexualizar” a los estudiantes. O sea: un verdadero desparrame de pánico irracional y odio visceral.
Pues bien, la mención hecha por el diputado Ramírez dejó claro hacia dónde iban dirigidos sus misiles: las minorías de las diversidades sexuales LGBTIQ+.
Frente a esa arremetida diputadil, Cruinshank se defendió citando al pastor de su congregación, quien, según ella narra, reconoció ante sus feligreses que ella debía ser la defensora de “todos los habitantes” y no solamente de un sector específico de estos, lo cual podría implicar defender derechos y poblaciones que a ellos –evangelismo conservador– no les gustan.
O sea que, si por el pastor fuera, mejor sería que a ciertas poblaciones no se les reconociese derecho alguno. Pero el hombre tiene al menos el mínimo de razonabilidad y sentido de realidad, como para reconocer que, dado el marco legal y constitucional vigente, la defensora, evangélica y todo, en todo caso tendría la obligación de no ignorar a esas poblaciones.
Lo cual es más de lo que podríamos decir del diputado Ramírez.
Pero, de cualquier forma, en el intercambio entre diputado y defensora se colaron tres anomalías, por completo impropias de una república democrática:
- Un diputado que exige que la defensora incumpla su mandato legal y quien, además, expresa abiertamente el malestar que le ocasiona el hecho de que, contrario a sus deseos, ella sí se esforzó por cumplirlos.
- Ese mismo diputado afirmando –de forma implícita pero perfectamente clara– que hay sectores de la población que no tienen derecho a tener derechos, lo cual equivale a decir que son algo así como especímenes subhumanos.
- Una defensora que justifica su actuación, no con arreglo a la ley y la Constitución, como debiera hacerlo, sino apelando al “permiso” que el pastor de su congregación le concedió.
Hagamos a un lado la incoherencia de la defensora y reconozcamos que, de cualquier forma, y en medio de sus confusiones, ella ha sido fiel a sus deberes. En todo caso queda en pie que hay gente que, de forma más o menos abierta o solapada, está proponiendo que Costa Rica deje de ser una república democrática y se transforme en algo muy parecido a un régimen teocrático, más o menos como pueda serlo el tan criticado régimen iraní.
Que Irán es, en cierto modo, el paraíso con el que sueñan tipos como Ramírez, donde la homosexualidad está severamente penalizada, hasta el extremo barbárico de la pena de muerte en el caso de la homosexualidad masculina.
¿Hacia dónde nos quieren llevar estas personas que tan acaloradamente defienden tales ideas? La respuesta es obvia: nos empujan hacia el territorio tenebroso del fascismo, cuyo combustible surge del odio y la persecución contra determinadas minorías, a las que se les niega su condición humana y, por ello mismo, tal cual lo hace Ramírez, se les niega el derecho a tener derechos.
Un señalamiento final: póngale atención a los antecedentes del diputado Ramírez.
Cito un reportaje en La Nación publicado el 3 de mayo de 2017:
“Entre 2001 y el 2008, el abogado y ahora presidente del Congreso, Gonzalo Ramírez, acumuló tres suspensiones en sus funciones de notario por parte del Tribunal Notarial del Poder Judicial, además de ser enviado tres meses a prisión preventiva por la supuesta falsificación de la firma de un juez de Heredia.” (este último caso no llegó a juicio porque hubo un proceso de conciliación). Ver aquí: https://www.nacion.com/el-pais/politica/nuevo-presidente-del-congreso-fue-suspendido-tres-veces-por-tribunal-notarial/MVLTWCZARBGH7FP7IIZP2IEFWM/story/
¿Ese es el señor “conservador” que viene a impartir lecciones de moralidad?


