Luis Paulino Vargas Solís: Dos casos para la sicología y la siquiatría

Ah, y, por cierto, ¿cómo entender esa ruidosa procesión, ese cortejo esperpéntico, que acompaña el diario desplazamiento del presidente desde su palacete, en Monterán, hacia Zapote?

Luis Paulino Vargas Solís, Economista.

No recuerdo haber escuchado referirse a esta cuestión a gente especialista en psicología o siquiatría, pero me parece que hoy día tenemos en Costa Rica, dos casos que ha de ser un verdadero tesoro, de inagotables posibilidades, para quienes cultivan esas ramas del conocimiento científico. Esas dos joyas, esas dos gemas invaluables, son Rodrigo Chaves y Pilar Cisneros. Y si, individualmente considerados, son ya algo, así, como para sentarse a contemplarlos, la relación que existe entre ambos, resulta de una escala incluso más abrumadora.

El otro día me topé, sin yo buscarlo, con el video en el que una señora, quien aparentemente vive en las inmediaciones del lugar donde se ubica la lujosísima mansión del presidente Chaves, manifestaba su disgusto por el aparatoso despliegue que se realiza cada día, con motivo del desplazamiento del presidente -a eso de las 10 u 11 de la mañana- desde su fastuosa residencia, hacia Casa Presidencial en Zapote.

Es cierto que la señora recurrió al uso de palabras poco elegantes, más bien soeces. Pero no creo que nadie pudiera negar que su disgusto tiene razón de ser. Cuando, por otra parte, las subidas expresiones de la susodicha, suscitaron el más encendido enojo por parte de la exdirectora de Telenoticias. Ahora que, si doña Pilar fuera una persona diferente, uno diría: “hay razón para que los delicados oídos de la señora diputada se hayan sentido agraviados”. Pero, lamentablemente, es cierto que nunca ningún diputado -y menos una diputada- había logrado hacer de la Asamblea Legislativa un muladar inmundo, tal cual lo ha logrado Cisneros. Y no tanto porque use palabras subidas de tono, sino porque ha hecho de su ejercicio como diputada, un homenaje cotidiano a la mentira y la falsedad ¿podría haber nada más procaz que eso?

¿Y qué decir de Chaves? Ciertísimo que a la señora del famoso video se le fue la mano con el tipo de adjetivos que le dedicó al presidente, pero también es verdad que nunca en la historia, ningún presidente había envilecido la figura presidencial como lo ha hecho este señor. Si los vientos que ahora soplan arrastran esos feos olores, es porque Chaves, día con día, ha dejado abiertos incontables tanques sépticos de los que se despiden aromas nauseabundos. Esos malignos efluvios hoy intoxican nuestra atmósfera y la vuelven irrespirable, promoviendo una espiral descontrolada de conflicto y confrontación.

Ah, y, por cierto, ¿cómo entender esa ruidosa procesión, ese cortejo esperpéntico, que acompaña el diario desplazamiento del presidente desde su palacete, en Monterán, hacia Zapote?

Imposible olvidar los aires principescos de Oscar Arias, algo que, hemos de admitirlo, algún sentido tenía. Al fin y el cabo, el hombre proviene de una familia cuyo abolengo aristocrático y oligárquico, hunde raíces en la Costa Rica cafetalera del siglo XIX. Pero ni siquiera así, y no obstante sus poses de duque y marqués, vimos jamás a Arias incurrir en despliegues y ostentaciones tan hipertrofiados como los que caracterizan a este señor Chaves.

Téngalo por seguro que Ángela Merkel jamás incurrió en tales truculencias, e, incluso, es posible que Joe Biden prefiera que las cosas a su alrededor se manejen con un poquito más de recato.

En fin, ya lo anticipé: sin duda la siquiatría y la sicología tienen aquí material sobrado para una indagación científica, no solo muy interesante sino, y, sobre todo, muy necesaria.

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