Transcurridas algunas semanas desde que es hicieron públicas las sombrías advertencias del FMI, la calma chicha retorna. Las preocupaciones e indignaciones que se expresaron al inicio, quedaron fácilmente apaciguadas por la demagogia gubernamental, que, con irresponsable liviandad, anuncia que todo se resolverá “combatiendo” el contrabando que hacen “los chinos”.

Luis Paulino Vargas Solís

La cosa empezó hacia el segundo semestre de 2024. Les propuse a algunos colegas tratar de avanzar en la formulación de una propuesta de reforma tributaria inspirada en ideas de progresividad y justicia en los impuestos, como una forma de animar el debate sobre esos temas e intentando adelantarse a lo que, ya por entonces, yo preveía como inevitable: que en un futuro relativamente cercano el país se vería enfrentado a una situación fiscal difícil, lo cual forzaría a buscar nuevas posibles soluciones o, como mínimo, algunos paliativos.

Fui claro en mi motivación:  si eso sucede –y muy seguramente sucederá– las élites del poder buscarán eludir la discusión sobre la equidad del sistema e impulsarán salidas fáciles pero contrarias a los criterios de la justicia tributaria.

Hay que tener lista una contrapropuesta. Esa era mi idea.

Al cabo, el documento lo trabajé yo solo, pero conté con valiosas observaciones de cuatro colegas. En las instalaciones de la Fundación Friedrich Ebert, hice una primera presentación del documento, creo que como en septiembre de 2024, en una reunión muy concurrida en la que hubo presencia de representaciones variadas, incluyendo gente del Frente Amplio, universidades, estudiantes, organizaciones de mujeres y de la agricultura, sindicatos, entre otros.

Tiempo después se hizo una segunda presentación. Fue una reunión menos concurrida, pero, de nuevo, hubo representaciones de distintos sectores.

El documento final se publicó formalmente en julio de 2025, si bien ya había quedado listo desde febrero.

Yo lo difundí de la mejor forma que pude, por los modestos medios a mi disposición.

¿Qué pasó después? Nada…el silencio fue la respuesta.

Y que, por favor, quede claro lo siguiente: mi único propósito era entonces, como lo es hoy, que el documento fuese algo así como un pretexto para animar una discusión urgente. Quizá mis ideas sean buenas o quizá sean pésimas. Quizá algo o mucho de esas ideas sea aprovechable. Quizá nada lo sea. Eso no es importante. Lo único importante es que se abra el espacio para la reflexión y para la construcción de nuevas opciones, inspiradas en criterios de justicia tributaria.

Eso hubiese querido yo. Nada de eso se ha dado.

Lo que me preocupaba entonces se ha cumplido con casi milimétrica exactitud: los síntomas de crisis fiscal han reaparecido, al punto que documentos oficiales del Ministerio de Hacienda lo reconocen. Y si bien algunos medios, sobre todo La Nación, venía comentándolo, el debate solo adquirió densidad cuando apareció el FMI con un aguacero de lúgubres advertencias y peores recomendaciones.

Ese desinterés fue propiciado por la farsa de la “economía jaguar” que el chavismo vendió con considerable éxito. Pero el hecho de que la atención al problema solo adquiriese alguna viveza hasta cuando un organismo internacional vino a advertirlo, también refleja esa sensibilidad colonizada que late en lo profundo de nuestro ethos colectivo.

Para mi infortunio, también acerté en otra cuestión: cuando el asunto alcanza a “ponerse de moda”, las soluciones que emergen son de sesgo regresivo. De eso se encargó el FMI con respaldo de algunos medios y la más o menos disimula aquiescencia de legisladores chavistas. Y, entonces, las propuestas de siempre:  en contra de la gente de a pie y sin tocar –cuando ni siquiera los mencionan– los grandes intereses económicos, las grandes concentraciones de riqueza y la cúspide de los más altos ingresos. Lo cual es sumamente grave, puesto que somos un país que se volvió terriblemente desigual, y en el que se han abierto abismos de vértigo entre una cúspide de súper-ricos y el resto de la población.

En todo eso acerté, pero en un aspecto importantísimo me equivoqué de punta a punta: erróneamente supuse que era posible abrir un debate anticipatorio entre los sectores progresistas de la sociedad costarricense para tratar de prever con tiempo y tener listo algo que pudiera contraponerse a las propuestas reaccionarias que emergerían de las élites.

Creo que, en realidad, nadie tuvo ese interés. Y si hubo alguna excepción, yo no me enteré.

O sea: en ese particular me equivoqué en redondo.

Hoy los acontecimientos se precipitan y se aceleran, y, a los que estamos de este lado de la cerca, todo eso nos agarra en lo de siempre: asando elotes.

De hecho, y transcurridas algunas semanas desde que es hicieron públicas las sombrías advertencias del FMI, la calma chicha retorna. Las preocupaciones e indignaciones que se expresaron al inicio, quedaron fácilmente apaciguadas por la demagogia gubernamental, que, con irresponsable liviandad, anuncia que todo se resolverá “combatiendo” el contrabando que hacen “los chinos”.

De verdad que en Costa Rica sobra la gente devota de santos que orinan.

Imposible desafiar la hegemonía neoliberal de esa forma.

NOTA

En estos enlaces se puede descargar el documento sobre propuesta de reforma tributaria al que hago referencia en este artículo:

Research Gat

Luis Paulino Vargas Solis

Por Luis Paulino Vargas Solis

Economista, investigador independiente jubilado.