Dije que este ha sido un primer set ganado por nuestro Juan Bautista-David. Faltan varios sets más antes de que se declare el gane definitivo.
Luis Paulino Vargas Solís
La historia del enfrentamiento entre Juan Bautista Alfaro y el poderoso holding empresarial llamado Enjoy Group, reedita y revive el viejo mito, siempre presente en la cultura popular, acerca de la batalla entre David y Goliat.
El pequeño, débil, vulnerable frente al gigante prepotente y arrogante, todo músculo y testosterona.
Pero, en realidad, la historia tiene una doble connotación que sobrepasa con amplitud ese aspecto exterior.
Primero, es una reivindicación de la sensibilidad, la inteligencia y el ingenio frente a la fuerza bruta.
Pero también es una reivindicación de lo que, en lo profundo del corazón humano, percibimos y sentimos como justicia. Y ello en al menos dos sentidos principales:
- La justicia que preserva el derecho a la vida del pequeño frente a la voracidad del grande y poderoso;
- Y, a la vez, la justicia como principio civilizatorio, o sea, como criterio de vida que hace posible una convivencia pacífica, y por lo tanto civilizada, en las sociedades humanas, para lo cual es necesario embridar y ponerle límites a la arrogancia y arbitrariedad de los poderosos.
Si fuera un partido de tenis, diríamos que este ha sido un primer set ganado por Juan Bautista. Un primer triunfo de David frente a Goliat. Porque no podemos olvidar que, en la maraña siniestra que la poderosa corporación hotelera e inmobiliaria tejió tratando de extorsionar y silenciar a Juan Bautista, todavía quedan otros asuntos pendientes de ser dilucidados.
Ha sido un triunfo parcial en el que nuestro David ha sido acuerpado por muchos otros “davides”. Muchos pequeños que han enlazado sus manos para construir un lazo con el cual atarle las garras al monstruo.
Pero es un triunfo que tiene amplias repercusiones y ramificaciones.
Es un triunfo de la solidaridad y la empatía alrededor de la figura de Juan Baustista, algo que nos recuerda que, a pesar de todo, en nuestra sociedad aún resisten y sobreviven los valores del amor al prójimo, a la naturaleza y a la paz.
Es un triunfo del Poder Judicial, que reivindica su independencia frente al salvajismo irracional y vociferante de los ataques provenientes de la presidenta Fernández y del Poder Ejecutivo, quienes, en este asunto, una vez más se pusieron del lado del más rico y poderoso.
Es un triunfo que ratifica que el Poder Judicial todavía es un reducto en el cual podemos hacer valedera la justicia. Que, sin duda, es precisamente por esa causa que hoy el Poder Judicial está bajo la artillería cerrada de las enfurecidas huestes chavistas.
Pero, sobre todo, es un triunfo de la vida.
Un triunfo de los bosques prístinos; de su vegetación rebosante y pletórica; del caleidoscopio maravilloso de su fauna; del esplendor de nuestra biodiversidad; de los mantos acuíferos, las fuentes de agua, los riachuelos y quebradas y los ríos.
Y ojalá sea un primer paso para romper con el mito de que riqueza es solo la que se cuantifica monetariamente y se transa comercialmente.
También hay riquezas que es imposible medir en dinero, y que, al intentar convertirlas en mercancía para el intercambio, se destruyen y se pierden.
Cuando además ocurre que esas riquezas incuantificables de la naturaleza, si se las respeta y se las preserva, pueden convertirse en una poderosa dinamo que genere riqueza del otro tipo, la del tipo monetario y mercantil.
Porque no es cierto que pueda existir algo como una minería a cielo abierto que sea “sostenible”, como tampoco pueden ser “sostenibles” los mega proyectos para la construcción de enormes hoteles de lujo y grandes condominios sembrados de construcciones principescas.
Hay límites objetivos que la naturaleza impone, y frente a los cuales ni el pensamiento mágico ni los caros aparatos propagandísticos pueden hacer nada.
Dije que este ha sido un primer set ganado por nuestro Juan Bautista-David. Faltan varios sets más antes de que se declare el gane definitivo.
Hay que afirmar y fortalecer y hacer más fuertes las redes de apoyo y solidaridad.
¡Y qué triunfe la justicia!


