Luis Paulino Vargas Solís: La Alemania del Trópico

Luis Paulino Vargas Solís, Economista.

Que la situación de baja del dólar podría ser fruto de “factores estructurales”, de modo que sería “permanente”. Esa idea se la escuché al presidente Chaves en uno de sus recientes “show de los miércoles”. También la plantea Elián Villegas, exministro de Hacienda de la administración Alvarado, en un artículo en La Nación.

Róger Madrigal, presidente del Banco Central, avala esa tesis, si bien la expresa recurriendo a términos algo distintos, cuando habla de “tendencias de largo plazo”, frente a las cuales el Banco Central lo único que puede y debe hacer es tomar medidas paliativas, para prevenir movimientos abruptos en plazos muy cortos.

¿Qué querrán decir estos ilustres señores cuando hablan de “cuestiones estructurales”, “situaciones permanentes” y “movimientos de largo plazo”? En vista de que no se han tomado la molestia de explicarlo con claridad, modestamente intentaré interpretarlo.

1) La “Alemania del Trópico”

Desde inicios de julio de 2022, y hasta la fecha, hemos tenido una oferta excedentaria de dólares, la cual alcanza dimensiones cercanas a las de un diluvio.

En ese contexto, solo hay una forma coherente de sostener las tesis que proponen los señores mencionados: la productividad de la economía se elevó espectacularmente, y hoy somos mucho más competitivos. Nos hemos convertido, entonces, en la “Alemania del Trópico”: una potencia exportadora de primerísimo nivel, al punto que lo que exportamos excede ampliamente de lo que importamos. Para que la cuestión tenga un sostén “estructural” y, por lo tanto, sea “permanente” y se proyecte “a largo plazo”, ese debería ser el origen de tan fastuosa abundancia de dólares.

2) La contradicción

Puesto que el argumento gira alrededor de la competitividad, pensemos entonces, ¿cuáles son los sectores tradicionalmente más competitivos de la economía costarricense? Primero, las zonas francas, en parte por los privilegios fiscales que se les conceden, pero, principalmente, porque anidan corporaciones transnacionales, líderes a nivel mundial. En segundo lugar, el turismo, no al nivel de España y Francia, pero si como uno de los países “top” a escala latinoamericana.

Si esos son los sectores más competitivos ¿cómo entender entonces los plañidos y las ominosas advertencias que hoy lanzan las empresas turísticas, e incluso muchas de las de zonas francas, especialmente las del área de servicios?

Es cierto que, en el último año, tanto las exportaciones de zona franca como la visitación turística tuvieron un crecimiento muy considerable, lo cual refleja que la demanda proveniente del exterior ha sido dinámica. Esa expansión atenúa -sin lograr corregir- el efecto negativo del dólar barato, ya que aliviana el peso de los costos fijos, puesto que la incidencia de estos en el costo unitario tiende a reducirse. El problema principal ha de estar en los costos variables, sobre todo los salarios. Pero también eso nos advierte que, si las cosas cambiaran y la demanda externa se ralentiza, el problema podría empeorar significativamente, puesto que la incidencia relativa de los costos fijos se elevará.

Hay otras razones de peso para dudar seriamente de las tesis de Chaves, Villegas y Madrigal. Primero, la idea de la mejora de la productividad que proponen, apela a una relación mágica: puesto que, hasta junio de 2022, la tasa de cambio subía, reflejando, en consecuencia, una escasez relativa de dólares, milagrosa y repentinamente nos volvimos más productivos y competitivos a partir de julio de 2022, que es el mes en el que los excedentes de dólares empiezan a manifestarse. Es imposible tomar esa hipótesis en serio. Segundo, los propios datos de la balanza de pagos -una referencia empírica básica que esta gente insiste en ignorar, o que consideran solo de forma parcial y fragmentada- no respaldan esas propuestas, puesto que la cuenta corriente no ha dejado de estar en números rojos.

3) ¿Qué quiero decir con todo esto?

Primero, que quede claro que no me interesa, en lo absoluto, defender empresas ni sectores específicos, pero sí me interesa, y mucho, defender los empleos y los salarios de la gente, los cuales hoy están seriamente amenazados.

Segundo, no hay ninguna razón seria para creer que, como por ensalmo, nos volvimos la “Alemania del Trópico”.

Lo cual significa -tercer punto- que hay motivos justificados para pensar que, a esta sobreabundancia de dólares, subyacen fenómenos especulativos, anómalos, ajenos a nuestras realidades productivas. Fenómenos que, por lo tanto, son volátiles, eventualmente caóticos y, por lo tanto, muy peligrosos. El comportamiento de las reservas monetarias netas del Banco Central, da indicios clarísimos en apoyo de esa idea, puesto que su crecimiento ha sido explosivo, totalmente anómalo, cualquiera sea el punto de comparación al que se apele.

Me temo que las tesis que plantean Chaves, Madrigal y Villegas están ideológicamente contagiadas por el fetiche del “libre mercado”, lo que las precipita a territorios de oscuridad. Hacer del mercado un demiurgo infinitamente sabio y virtuoso, no solo es una tesis teóricamente muy tosca, sino, y sobre todo, una forma irresponsable de olvidar las lecciones de la historia.

Lo sintetizo así: efectivamente hay un problema estructural. Pero lo estructural aquí no atiende a lo “permanente”, sino más bien a lo inestable y desequilibrado.

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