Luis Paulino Vargas Solís, Economista.

Existen muchas razones e incontables evidencias, que permiten afirmar que el neoliberalismo es una ideología constitutivamente antidemocrática, cuyo desprecio por la dignidad de las personas y veneración por el fetiche de la rentabilidad empresarial, lo convierten, asimismo, en una ideología corrosiva, que deshilacha los vínculos de la convivencia social y descuartiza las sociedades.

Pero, por favor, no olvidemos que el neoliberalismo, no es un cuerpo homogéneo ni una entidad monolítica. Es una ideología que tiene cierta plasticidad. La experiencia de Costa Rica, bajo el reinado bipartidista PLN-PUSC, lo ratifica: se pusieron la camiseta neoliberal, pero una camiseta más bien desteñida, puesto que se montaron sobre los avances económicos y sociales legados por el proyecto desarrollista, para darle viabilidad y avanzar en un proyecto neoliberal más o menos gradualista. También el mundo ha visto diversas mezcolanzas, como cuando el neoliberalismo económico se hace acompañar por un progresismo del género y las identidades, por ejemplo: Blair en Reino Unido, Clinton en Estados Unidos, Alvarado en Costa Rica.

Con la presidencia de Javier Milei en Argentina, vamos de vuelta al neoliberalismo en su expresión más grotesca y desalmada. Digo “de vuelta”, porque lo que Milei intenta hacer hoy, lo hicieron las dictaduras militares de seguridad nacional del cono sur de América, en los decenios de 1970 y 1980, en particular, las dictaduras de Pinochet, en Chile, y Videla y colegas, en Argentina.

Pero lo hicieron bajo regímenes dictatoriales, brutales y sanguinarios. Milei pretende hacerlo en democracia, lo que significa que, posiblemente, le queden dos caminos: dimitir pronto, o imitar las dictaduras y hacer de su gobierno un ejercicio de represión a gran escala y ríos de sangre en las calles. Porque, no lo olvidemos, la gente en Argentina es impaciente y beligerante. Tiene la capacidad para levantarse como un tigre rugiente y feroz. Todo indica que, en menos de dos semanas, Milei logró despertarlo.

Su propuesta económica tiene un único destino: la más completa catástrofe humana, social, política y económica. Está inspirada en el imaginario walrasiano del modelo de competencia perfecta. De ahí sus recurrentes fantasías sobre mercados libres y desregulados como la llave hacia la prosperidad. Algo que no es más que un perverso sueño distópico, una fabulación irresponsable, carente de cualquier respaldo empírico, sin ningún apoyo creíble en ninguna experiencia histórica conocida. Su referente teórico -el modelo de Walras- se ha demostrado incoherente e insostenible, incluso en sus más sofisticadas versiones “modernas”.

Milei reactualiza y da renovada validez al Karl Polanyi de “La gran transformación” (1944): el intento por autonomizar la economía -por lo tanto, la rentabilidad empresarial y los mercados- para ponerla por fuera y por encima de la gente y la sociedad, es insostenible. Conduce al desastre. Hacia ahí camina Argentina. Cuando ya la crisis era lo suficientemente severa, Milei ofrece empeorarla hasta sobrepasar los límites de lo insoportable.

En relación con locuras como estas, Keynes en su momento advirtió: “en el largo plazo todos estaremos muertos”, con lo que, a su vez, quería advertir: “no basta con que le digamos a la gente que, algún día, quién sabe cuándo, la tormenta amainará, y las cosas serán siquiera un poco mejores. Para entonces, habremos muerto”. No creo que la gente en Argentina esté dispuesta a morirse, esperando de brazos cruzados, que ese largo plazo llegue.

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Por Luis Paris Chaverri

Luis Paris Chaverri. Ex Embajador