Luis Paulino Vargas Solís. Economista (Ph.D.)

A partir de 2010 Costa Rica experimentó un descenso muy significativo de la inflación, que hizo que, después de 2015, la inflación anual se sostuviera incluso por debajo del 2%.

En 2021, pero especialmente a partir de agosto 2021, se registró un rebrote inflacionario que alcanzó su punto culminante en agosto 2022, cuando la inflación, según los datos del INEC, se ubicó por encima del 12%.

De acuerdo con el enfoque económico, ortodoxo y conservador, que prevalece en Costa Rica, la inflación es un problema cuya atención es colocada en manos exclusivamente del Banco Central. A este le corresponde vigilarla, y, cuando es necesario, estabilizarla.

Por eso, le tocó al Banco Central combatir la mayor inflación que se estaba registrando desde los últimos meses de 2022 y a lo largo de los primeros 8 meses de 2022.

¿Cómo lo hizo? Mediante un alzan muy fuerte en las tasas de interés.  El trasfondo de este tipo de política remite a la ya mencionada teoría monetarista, que atribuye la inflación a un exceso de dinero en la economía. Elevar las tasas de interés implicaba, entonces, imponer una restricción monetaria sobre la economía costarricense.

Lo paradójico del asunto es que el origen de la inflación era totalmente importado, de modo que, siendo de por sí cuestionable la dañina receta monetarista, lo era mucho más puesto que el empuje inflacionario venía de fuera.

Con las alzas de las tasas de interés, se encareció el crédito y, por lo tanto, se hizo más difícil tener acceso a este, a la vez que se ponía en aprietos a quienes arrastraban deudas viejas. Significaba, por lo tanto, un severo castigo a la economía nacional, que ya de por si se mostraba débil y vacilante, como lo atestiguan los gravísimos problemas del empleo que arrastramos desde hace muchos años.

Pero, además, el alza en las tasas se convirtió en un imán que atrajo grandes flujos de capitales especulativos, también llamados capitales golondrina, lo que provocó una fuerte baja del dólar, el cual, al día de hoy, ha bajado un -23% comparado con su precio a finales de junio de 2022.

Es cierto que la baja del dólar beneficia a quienes tienen deudas en esa moneda y reciben ingresos en colones, sin embargo, daña a las actividades exportadoras y del turismo, cuyos ingresos en colones se reducen relativamente a sus costos en colones, lo que estrecha su margen de rentabilidad. Pero, asimismo golpea a todas las actividades productivas nacionales -desde el jabón de baño y las galletas hasta el arroz- que compiten con productos importados, ya que estos se abaratan relativamente a sus contrapartes nacionales, lo que les posibilita robarles mercado a esas empresas y productores costarricenses.

Vemos entonces combinarse dos factores adversos: el alza en las tasas de interés y la baja del dólar. La afectación negativa en ambos casos, va en el mismo sentido: propicia que se pierdan empleos, lo cual, siendo de por sí muy grave, lo es mucho más puesto que arrastramos, desde hace mucho, una situación tremendamente deteriorada en el ámbito del empleo.

El caso es que lo anterior no se limita a ser un simple decir: efectivamente se están destruyendo empleos: los datos del INEC muestran que, en los cuatro meses comprendidos entre noviembre 2022 y febrero 2023, se destruyeron más de 52 mil empleos. Pero, además, como la situación del empleo es tan calamitosa, ello provoca mucho desaliento y frustración y hace que la gente se retire de los mercados laborales y deje de buscar trabajo. De hecho, en los cinco meses comprendidos entre octubre 2022 y febrero 2023, 78.000 -de las cuales 48.000 mujeres- desistieron de buscar trabajo.

Si recordamos que desde hace muchos años el empleo es, con mucha diferencia, el gran problema económico de Costa Rica, esto viene siendo llover sobre mojado. La tragedia simplemente empeora.

O sea: si usted oye decir que el desempleo bajó, tenga claro que eso no se debe a que se generan más empleos -en realidad se están destruyendo empleos- sino exclusivamente a que mucha gente desiste de buscar empleo y, por lo tanto, deja de ser contabilizada dentro de las estadísticas de desempleo.

Así están las cosas en Costa Rica: la economía manejada con las patas y el mundo vuelto de cabeza.

Luis Paulino Vargas Solis

Por Luis Paulino Vargas Solis

Economista, investigador independiente jubilado.