Luis Paulino Vargas Solís, Economista.

El tema del arroz ejemplifica muy bien los límites de la economía ortodoxa o convencional, en su afán por mostrarse aséptica e higienizada, inmune, por lo tanto, a los conflictos de interés y las luchas de poder del mundo real. Eso, que pretende ser su sello de cientificidad, es, en realidad, la confirmación de su naturaleza esencialmente ideologizada, ya que es del todo vano imaginar la economía como un espacio regido por criterios técnicos centrados en la maximización de determinados objetivos, y ajena a las realidades mundanas de la vida de la gente.

  • Un punto de partida viciado

Esta célebre “ruta” fue una pésima idea, ya desde su concepción misma, precisamente porque es producto de esa teoría económica, ideológicamente condicionada, y de un simplismo mortal. Y, como bien se sabe, el presidente Chaves comparte esas ideas con indisimulado fervor.

Chaves la justificó aduciendo que se promovería la competencia para así combatir los oligopolios. Olvidó un detalle muy básico: los oligopolios ya estaban ahí, y liberalizar el mercado era dejarles la cancha de juego a su entera disposición.

  • Abolir algo que sí funcionaba

El sistema de fijación de precios que estaba vigente -acremente criticado por todo el establishment neoliberal- amarraba a esos oligopolios, forzándolos dentro de un esquema, seguramente imperfecto, que, sin embargo, tenía una virtud importante: la de intentar balancear los intereses de los más poderosos -o sea: los oligopolios de la importación y los oligopolios de la agroindustria- con los de los más débiles y vulnerables, o sea: las familias productoras de arroz y la masa de personas consumidoras.

El mecanismo fue eficaz y cumplió su cometido: el precio del arroz se estabilizó a lo largo de años, y, como componente muy importante dentro de la canasta de consumo popular, se abarató en términos relativos de forma muy significativa.

Así, entre mediados de 2010 e inicios de 2021, el precio detallista de venta al consumidor, por tonelada métrica, disminuyó -6,6% en colones corrientes [i]. En ese mismo lapso, la inflación (medida por el Índice de Precios al Consumidor, IPC), acumuló un incremento total por encima del 30%. Lo anterior significa que, entre mediados de 2010 e inicios de 2021, el precio del arroz al consumidor, descontada la inflación general de la economía, tuvo una reducción del -36% en términos reales. Entre los dos extremos de ese período (enero 2021 versus julio 2010), el precio internacional del arroz aumentó más de un 20% [ii], cuando, al mismo tiempo, el precio de dólar aumentó en ₡95 (desde ₡505 a ₡600, aproximadamente).

En resumen: había todas las razones para que el precio del arroz aumentase, y, sin embargo, no lo hizo. Más bien disminuyó el precio nominal, aunque, al considerar la inflación del período, se detecta una muy pronunciada disminución en términos reales. Todo lo cual ratifica el desatino de ese capricho presidencial llamado “ruta del arroz”.

  • Chaves: “hurra a los oligopolios”

Al desmantelarse ese mecanismo, las dos partes débiles quedaron totalmente al desamparo, y las dos partes fuertes, liberadas de todo amarre, se coaligaron. Puede que esa coalición no sea deliberada, puede que no lo hayan conversado para ponerse de acuerdo. Pero, para todo efecto práctico relevante, las cosas funcionan tal y como si lo hubieran hecho. Y, entonces, a los agroindustriales solo les interesa comprar arroz importado, pagándolo a un precio que sería ruinoso para el productor nacional, lo cual, por otra parte, coincide plenamente con los intereses de los importadores. Y al anotar esto último, es importante tener presente que, en todo el mundo (excepto la Costa Rica de Rodrigo Chaves) el arroz es un cultivo ampliamente subsidiado, y considerado una cuestión social y políticamente delicada.

Cuando, al mismo tiempo, se abría un hueco de decenas de miles de millones de colones, en los ingresos del gobierno.

El caso es que, entre agosto 2022 y febrero 2024, el precio internacional del arroz aumentó un 44% [iii], cuando, al mismo tiempo, el tipo de cambio dólar-colón se derrumbó un -23%, y los aranceles se recortan en un 86-88% (al pasar del 36%, que regía antes de la famosa “ruta”, al 5% para el arroz pilado y 4,5% para arroz en granza). La combinación de estos tres factores abría margen para una reducción que, potencialmente, pudo haber sido del 14-15%, aproximadamente.

¿Por qué la reducción no se dio? En parte porque, contrario a las insinuaciones de Chaves y de los importadores, la protección nunca ha sido tan alta como decían, puesto que los aranceles promedio que efectivamente se aplicaban generalmente estaban por debajo del límite máximo estipulado (ya que, cuando se decretaba desabasto, el arroz se importaba con un arancel mucho más bajo, incluso arancel cero [iv]), pero, sobre todo, porque en un mercado liberalizado, y tratándose del producto más importante dentro de la canasta de consumo popular, los oligopolios disponen de todas las posibilidades para manipular los márgenes de comercialización y elevar sus tasas de rentabilidad, puesto que tienen la certeza de que la gente seguirá consumiendo lo mismo, al margen de las modificaciones que pueda tener el precio.[v]

Esa es la realidad de la economía, y así funcionan efectivamente los mercados. No son ese mundo de fantasía, pasteurizado y homogeneizado, higiénico y aséptico, que imagina la economía convencional, a la que el presidente Chaves es tan devoto.

  • Fracaso anunciado

Al cabo, esto ha implicado perdidas para todo el mundo, excepto para los oligopolios de la importación y de la agroindustria. Esa es la consecuencia de tomar decisiones importantes a partir de criterios estrictamente ideológicos y en función de los intereses de los amigos del presidente.

La “ruta del arroz” anunciada en julio de 2022, fue una de las primeras decisiones de impacto del gobierno de Chaves. Una medida torpe y corrupta, anuncio anticipado de un gobierno torpe y corrupto.

 

[i] Arroyo, Nelson, La estimación y determinación de los precios del arroz bajo el contexto de la cadena de comercialización, Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas (IICE), UCR, mayo 2022, página 100.
[ii] Fuente: Indexmundi, https://www.indexmundi.com/. Consultado el 5 de abril de 2024.
[iii] Fuente: Indexmundi, https://www.indexmundi.com/. Consultado el 5 de abril de 2024.
[iv] En septiembre de 2020, la administración Alvarado autorizó la importación de más de 50 mil toneladas métricas de arroz con arancel nulo, o sea, del 0%. Previamente, en abril de ese mismo año, un decreto similar había autorizado la importación de otras 50 mil toneladas métricas, con arancel del 6,5%. Esa ha sido una práctica usual a lo largo de los años, de forma que el arancel del 36% opera como un techo o máximo, no como una regla de aplicación generalizada, cuando, en la práctica, admite reiteradas excepciones.
[v] Expresado en términos técnicos, diríamos que el arroz es un producto con una muy baja “elasticidad-precio de la demanda”, lo cual significa que variaciones en el precio -hacia arriba o hacia abajo- tienen un efecto insignificante sobre el consumo. Aquí se concatenan dos razones importantísimas que aconsejan la regulación del mercado: la enorme importancia del arroz en el consumo de la gente, y las amplias posibilidades que su baja “elasticidad de demanda” le concede a los oligopolios para manipular los precios a su conveniencia.

Por Luis Paulino Vargas Solis

Economista, investigador independiente jubilado.