Luis Paulino Vargas Solís: Las peligrosas chocheras del empresariado costarricense

Luis Paulino Vargas Solís, Economista.

El empresariado costarricense actual o, más en general, la estirpe de los muy-muy ricos de la Costa Rica de este momento, me hace recordar a la oligarquía cafetalera que, a inicios de 1917, derrocaron a Alfredo González Flores, para, en su lugar, colocar la dictadura de los hermanos Tinoco. Les gana el cortoplacismo, la estrechez de miras, pero, sobre todo, les gana la mezquindad y la avaricia. Entusiastas y empeñosos, se afanan por profundizar la crisis y empujar hacia el abismo.

1) Héroes y mártires

En una comparecencia ante una comisión legislativa, la representación empresarial de la UCCAEP, se manifestaba en contra de gravar las ganancias derivadas de inversiones, realizadas en el extranjero, de capitales originados en Costa Rica, o sea, capitales que existen porque Costa Rica creo las condiciones y proporcionó el contexto que lo hizo posible.

La exención que favorece a tales ganancias, equivale a una legitimación de hecho de un acto que merece ser considerado evasión tributaria. Es, además, un mecanismo que, claramente, favorece la fuga de capitales, con la consecuente pérdida de empleos. Y, sin embargo, y frente a tal desatino, los empresarios apelaban a argumentos muy rebuscados, para nada plausibles ni sutiles.

Que el negocio bancario es poco rentable, aducían. O sea: pobrecillos los banqueros, tan sufridos y castigados ¿Cómo limitarles su “derecho” a llevarse la plata para ganar fuera del país?

“Somos héroes” agregaba el señor Jenkins, presidente de la UCCAEP. Bendito sea el cielo, si es que estas almas de Dios pasan hambre y duermen sobre cartones y a la intemperie, todo con tal de proveerle empleo a esta sarta de malagradecidos costarricenses.

La cuestión se arregla fácil, agregaban estos mártires: perseguir la informalidad es la formula correcta. Y hacer que paguen impuestos y, si no, castigarles con severidad.

Vea usted: ahora resulta que todo es culpa de la gente pobre que, buscando como no morirse de hambre, se la juega a como mejor puede. Puesto en sencillo: que los “cuida-carros” paguen impuestos.

Estos empresarios son lo que se dice un dechado de sabiduría y generosidad.

2) Empleos peor es nada

Pero, por otra parte, y según un estudio pagado por la Cámara de Comercio, eso de ser “colaborador” en alguna de las plataformas digitales -Uber, Globo, Didi- es la cosa más glamorosa del mundo. Hay que ver la de plata que eso mueve. Y, sobra decirlo, todo el mundo feliz como una lombriz.

Eso sí, el estudio se cuida de decir algunas cosillas menos rozagantes, que, en cambio, sí se ponen en evidencia en un estudio independiente realizado por la Escuela de Economía de la UNA: que se trabajan jornadas extenuantes de hasta 60 horas semanales, que el 68% no tiene seguro de salud, el 78% no cotiza para ningún régimen de pensión y el 40% ganan menos de los ₡352 mil correspondiente al salario mínimo.

La Cámara de Comercio dice que eso es “autoempleo”. Hagamos a un lado el maquillaje, y digámoslo con claridad: son empleos informales, sujetos a un grado extremo de precarización. Informales, si, o sea, parte de esa informalidad que la UCCAEP afirmaba que debía ser perseguida y castigada.

Como los de las piñeras, son del tipo de los empleos “peor-es-nada”. Ante el fracaso del modelo económico vigente y la brutal escasez de empleos decentes, estos empleos son “menos peor” que no tener nada.

3) Conclusión

El empresariado costarricense es hoy rehén de su propia avaricia. Perdió todo sentido de la contención y de la prudencia. Mezquino y estrecho de miras, se enfoca exclusivamente en sus ganancias inmediatas, sin comprender que, de esa forma, está acumulando dinamita debajo de la silla donde se sienta.

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