Luis Paulino Vargas Solís, Economista.

En materia económica, cuatro son los “logros” principales de los cuales presume el gobierno de Rodrigo Chaves: crecimiento de la economía; baja inflación; mejora de las finanzas públicas; y reducción del desempleo.

En dos o tres comentarios, compartiré por aquí algunas ideas sobre estas cuestiones. Empiezo con lo del crecimiento económico.

Los datos claramente indican que ese crecimiento ha estado fuertemente concentrado en zonas francas, o sea, el llamado “régimen especial”, según la jerga propia del Banco Central. De acuerdo con la explicación habitual -avalada incluso por el FMI- esto reflejaría el fenómeno llamado “nearshoring”, o sea, el traslado a ubicaciones geográficas relativamente cercanas a Estados Unidos, de capitales -principalmente grandes corporaciones estadounidenses- que anteriormente se localizaban en países más lejanos, sobre todo asiáticos, China incluida.

Aunque en todo esto sin duda incide el elevado prestigio que, a lo largo de muchos años, ha ganado Costa Rica como destino para la inversión extranjera, lo cierto es que esta cuestión es, sobre todo, fruto de tendencias globales, asociadas a los efectos disruptivos que la pandemia tuvo sobre el comercio internacional y las cadenas globales de suministros, lo cual se ve reforzado por la caótica situación geopolítica, a raíz de la invasión rusa a Ucrania, y, en este momento, el conflicto en Israel y el genocidio de la población palestina. Todo esto incentiva la búsqueda de ubicaciones más cercanas al mercado estadounidense. Suma a lo anterior esa especie de “guerra fría económica” que el gobierno de Estados Unidos le ha declarado a China, lo que ha traído cambios en las políticas económicas estadounidenses propicias a esa reubicación de las inversiones.

Este crecimiento, sin embargo, se da en condiciones muy anómalas, ya que, contrario a lo que sería esperable, no repercute ni en el empleo ni en los ingresos del gobierno. Al empleo me referiré en un comentario posterior, cuando aborde la cuestión atinente a la engañosa reducción del desempleo. De momento, solo comentaré que, en lo que a los ingresos fiscales se refiere, estos, lejos de verse empujados por el crecimiento de la economía -eso sería lo esperable- han venido mostrando un dinamismo declinante.

Más o menos desde febrero de este año, el “resto” de la economía, distinto de zonas francas (el “régimen definitivo” en los términos del Banco Central), muestra una mejora en sus índices de crecimiento, la cual es empujada por un fuerte crecimiento de la construcción. Sobre todo, construcción residencial y comercial, incluyendo torres de apartamentos, pero, sobre todo, lujosos condominios en zonas costeras.

Extrañamente ese crecimiento de la construcción no se refleja ni en el empleo en ese sector, ni en el crédito dedicado a vivienda y construcción. De hecho, en septiembre de 2023, hay 10 mil personas menos ocupadas en la construcción que un año antes. Y en cuanto al crédito, si tomamos el total del crédito concedido por el sistema financiero para vivienda y construcción, nos topamos con una reducción del -4,3% entre julio de 2022 y julio de 2023.

Preguntas inevitables: ¿cómo y quiénes están financiando esos nuevos y fastuosos proyectos de construcción? Todavía más: ¿qué tipo de tecnologías se utilizan que hacen innecesario incrementar el número de trabajadores contratados?

Por anómalo, el cuadro general que todo esto nos ofrece es bastante desconcertante. El crecimiento registrado ¿es real o estamos atrapados en la burbuja de un cuento de hadas? ¿Por qué la economía crece sin que eso se haga sentir en las condiciones reales de la vida de la gente?

Sigo posteriormente.

#economía #economíadecostarica #crecimientoeconomico #empleo #desempleo #Nearshoring

Luis Paulino Vargas Solis

Por Luis Paulino Vargas Solis

Economista, investigador independiente jubilado.