En fin, qué pena que Laura Virginia no haya podido presentarle a Trump sus votos de eterna, infinita y rendida obediencia.

Luis Paulino Vargas Solís.

Desde hace meses sabíamos que la presidenta Laura Virginia Fernández, dándole “continuismo” a la práctica de su antecesor, había decidido no asistir a la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Dijo que estaba “ocupadisísima”. Ya sabemos que, al cabo, terminó viajando a Colombia en los mismos días en que se realizaba la Asamblea de la ONU, en lo que se anunció como un viaje “urgente”, cuya mayor “urgencia” consistió en ir de tiendas a una elegante boutique.

Pero, además, para justificar su ausencia en la ONU deslizó algunos venenitos muy del talante propio de las ultraderechas mundiales actuales, hostiles hacia los organismos multilaterales, deseosas de desconocer el derecho internacional y siempre apegadas al libreto de una “geopolítica de la homosexualidad” como leitmotiv que enmarca los valores que dicen defender.

No es en absoluto casual que Milei llegase a la ONU a lanzar insultos mientras Trump hacía ostentación de un unilateralismo ofensivo, arrogante y guerrerista.

Matriculados con esa agenda reaccionaria, los gobiernos del chavesato –el anterior y el actual– han privilegiado hacerse parte del “multilateralismo obediente y fragmentario” de Trump: el famoso “Escudo de las Américas”, que no es otra cosa que la concreción, más o menos institucionalizada, de un Doctrina Monroe rediviva, o, en palabras de Trump: el hemisferio occidental como patio trasero propiedad de Estados Unidos.

A su vez, sea dicho de paso, esa cuestión no es otra cosa que la concreción para nuestra América de la doctrina rusa de la “multipolaridad”, que, en realidad, es simplemente la división del mundo en esferas de influencia el modo de grandes imperios con su respectiva metrópoli hegemónica.

Pues bien, sabíamos que doña Laura Virginia había dicho que “guácala”, que ella jamás iría a la ONU.

Pero también sabíamos que iba una delegación oficial encabezada por el canciller Tovar.

Pero, bueno, resulta que, aprovechando esa Asamblea de la ONU, se hizo una reunión de mandatarios de países miembros del tal “Escudo de las Américas”.

¿Cuándo se hizo la convocatoria y cuándo el anuncio oficial para esa reunión?

¿Se procedió, como correspondía hacerlo, a invitar formalmente a las presidentas y presidentes de los distintos países miembros?

Eso habría sido lo correcto y apropiado.

Y, entonces, ¿se le cursó invitación a Laura Virginia?

Es por lo menos rarísimo que tal invitación pudiese haber existido y que esta, en vez de llegar a manos de la presidenta, hubiese sido enviada al ministro Tovar y que, entonces, este se hubiese hecho el “gato bravo” y no se la pasara a su jefa.

Por su parte, las atropelladas explicaciones que Fernández dio a la prensa al día siguiente de los infaustos acontecimientos, lo que nos dicen es que el gobierno de Estados Unidos se limitó a comunicarle a Tovar y nunca dirigió la invitación a la presidenta.

Que, de ser así las cosas, Fernández debió enojarse con Trump y no con el que era su canciller en vista de la evidente descortesía, más aún, de la evidente “serruchada de piso”, de que habría sido víctima por parte del gobierno estadounidense.

Y, en fin, el cuadro que esto nos ofrece es patético y risible. Está sobrado para una telenovela mexicana llena de intrigas y pasiones:

  • “¿Qué pasó Manuel Miguel Mario de los Ángeles Michael Arturo José Luis Lalo Bryan Tovar que no me pasaste la invitación?” pregúntale la presidenta al ministro.
  • “Ay, perdone doña Laura Virginia del Sagrado Corazón de María Eduviges Madona Yahaira Dayana Carmen Shirley Rosario Fernández que olvidé pasársela a usted”, contesta Tovar.

De tan absurda, la situación no es creíble en absoluto.

Se olfatea que aquí hay gato encerrado. Quién sabe si algún día podremos saber de qué tamaño y color es el gato.

En fin, qué pena que Laura Virginia no haya podido presentarle a Trump sus votos de eterna, infinita y rendida obediencia.

Que eso haya causado un “daño de carácter estratégico” simplemente ofrece material para carcajearse.

Viene siendo como lo de la “urgencia” del viaje a Colombia.

Luis Paulino Vargas Solis

Por Luis Paulino Vargas Solis

Economista, investigador independiente jubilado.