Luis Paulino Vargas Solís, Economista.

Rodrigo Chaves y su presidenta del IMAS, la señora Yorleny León, defienden y justifican los brutales recortes a la inversión social que este gobierno viene aplicando. Desmenucemos, un poquito, sus mentirijillas.

  • Un discurso tosco y fala

El argumento, por lo que entiendo, discurre por dos vías.

Primero, el presidente asegura que ese tipo de gasto tiene sentido en solo en los casos de personas que enfrentan un momento de “mala suerte”, o bien en el de quienes tienen problemas “estructurales” derivados de una situación de discapacidad.

Lo de la “mala suerte” es un completo desatino ¿qué significa tal cosa y cuáles situaciones califican dentro de esa categoría? Imposible saberlo. Aquí tenemos a Rodrigo Chaves siendo Rodrigo Chaves, o sea, charlataneando con total desenfado.

Y lo de que una discapacidad es un “problema estructural”, se me antoja que revela el simplismo economicista de un economista de manual introductorio, que no otra cosa muestra ser este señor. En fin, es que eso de imaginar la vida de una persona como una “estructura” y la realidad de una situación de discapacidad como un “problema estructural”, es una idea tosca, que cosifica a la persona.

Pero hay algo más: Chaves y León arguyen que, en el pasado, muchos de los subsidios concedidos por los programas sociales, le llegaban a gente que no debía recibirlos. O sea -y según pretenden hacernos creer- ellos, que son taaan “eficientes”, simplemente han podado las ramas de más que tenía el árbol, para que el subsidio llegue solamente a quienes verdaderamente lo necesitan.

O sea, y solo por poner un par de ejemplos, había alrededor de 110 mil estudiantes que recibían becas por pura vagabundería, y 3 o 4 mil familias que recibían anualmente bonos de vivienda por puro descuido.

Así, Chaves y León quieren vernos la cara de tontos, pero apelan a planteamientos tan burdos que, la verdad, aquí las únicas caras de tontos que vemos son las de ella y él. Y todavía más puesto que, de forma irresponsable y falaz, ambos juegan a alimentar su demagogia, agarrándose de ideas que gozan de cierta popularidad, pero que no pasan de ser mitos sin fundamento alguno.

  • Lo que los datos nos dice

Remitámonos, entonces, a la OCDE, venerada por las élites de Costa Rica, como el oráculo de los dioses. Pues bien, según la OCDE el gasto social en Costa Rica tan solo representaba en 2022, un 14,5% del PIB, muy lejos del 31,6% de Francia, y exactamente a la mitad de Finlandia y Bélgica (los datos pueden ser consultados aquí: https://data.oecd.org/socialexp/social-spending.htm). Así que, ya por ahí, tenemos buenas razones para dudar de que haya habido exceso alguno, como mentirosamente sugieren este par de personajes.

Pero, además, es falso que estos programas sociales despilfarren los fondos que reciben en gastos administrativos. Cito a mi colega Greivin Hernández en una publicación que, tiempo atrás, hizo en el medio digital Delfino: “…el programa más grande del Fondo de Desarrollo Social y Asignaciones Familiares (Fodesaf) es el Régimen no contributivo por monto básico operado por la CCSS, que tiene un tope legal para su administración del 5%, en la práctica se ha venido reduciendo, y actualmente utiliza el 3,4%; el segundo programa más grande del Fodesaf es el Fondo de subsidios para la vivienda, que tiene un techo legal para gastos de administración del 6% de las sumas colocadas anualmente, en el presente utiliza cerca de la mitad” (ver aquí: https://delfino.cr/2021/11/la-realidad-de-los-programas-sociales-de-verdad-no-tienen-impacto).

  • Cuestiones conceptuales importante

Hablamos, aquí, de “subsidios condicionados”, o sea, subsidios que se entregan sujetos a algún o algunos requisitos preestablecidos, por ejemplo, a que la persona u hogar tengan un ingreso por debajo de cierto monto. En tales casos, siempre, e inevitablemente, hay un cierto porcentaje de “falsos positivos” y “falsos negativos”. O sea: algunas personas lo reciben sin necesitarlo, otras no lo reciben, aunque sí lo necesitan.

En general, es un pequeño porcentaje y, desde luego, es deber de las autoridades correspondientes tratar de reducirlo al mínimo posible, sabiendo que es casi imposible llevarlo a cero.

Veamos el caso del Bono Proteger, un subsidio condicionado que el gobierno de Carlos Alvarado ideó durante la pandemia, y que las instituciones a cargo debieron implementar en un plazo sumamente corto, de apenas pocas semanas. Se recibieron más de un millón de solicitudes, y se concedieron más de 723 mil bonos, con una inversión total en el orden de ₡256 mil millones. Según evaluaciones realizadas por la Contraloría, aproximadamente ₡19,5 miles de millones podrían haber sido asignados de forma irregular. Disimulando el hecho, perfectamente evidente, de que los señalamientos de la Contraloría tenían fundamentos frágiles, y, de hecho, quedaban formulados como al modo de sugerencias y de ningún modo como aseveraciones rigurosas, el caso es que hablamos de un 7,6% de casos dudosos. O sea: 92,4% que fueron correctamente asignados.

Y, sin embargo, y muy sintomáticamente, el interés mediático y el de las derechas políticas, se concentró casi exclusivamente en lo que presuntamente pudo haber fallado, cuando apenas mencionaban lo que se hizo correctamente. Y esto último, tengámoslo claro, no fue mérito de las altas jerarquías políticas, sino del personal técnico y profesional de las instituciones (incluyendo los mandos medios que Chaves y Cisneros tanto odian).

(Estadísticas del bono proteger aquí: https://www.mtss.go.cr/elministerio/despacho/covid-19-mtss/plan_proteger/bono_proteger_datos.html)

Es muy razonable suponer que, en el caso de los subsidios que usualmente se entregan (como las becas o los bonos de vivienda) el porcentaje de casos incorrectos es menor, precisamente porque hay prácticas estandarizadas, probadas a lo largo del tiempo, en manos de un personal que ha dado pruebas de su idoneidad técnica.

Chaves y León juegan a inventar una realidad paralela, un universo de cuento de hadas, en la cual ella y él son demiurgos que descubren la poción mágica de la “eficiencia”, la receta maravillosa que nadie, antes de este par de lumbreras, pudo descubrir.

Es francamente ridículo.

Por Luis Paulino Vargas Solis

Economista, investigador independiente jubilado.