Luis Paulino Vargas: Tenemos una gran capacidad para el autoengaño

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Luis Paulino Vargas Solís es un economista ampliamente conocido en el ambiente nacional, hombre estudioso, académico, de fuertes convicciones, galardonado con premios nacionales, dirigente activo de izquierda y luchador por los derechos humanos y de los colectivos LGBTIQ, preside el Movimiento Diversidad, dirige el CICDE-UNED y además es fiel colaborador de La Revista. Fue entrevistado sobre varios temas de actualidad en la palestra nacional. Con su paciencia, buen humor y gran voluntad nos brinda sus opiniones en el amplio texto que exponemos.

Lo político:

Los primeros meses del actual gobierno fueron dedicados a resolver situaciones claramente heredadas de la administración Solís Rivera, como “sequía” en las arcas fiscales y la “imperativa” necesidad de aprobar una reforma fiscal.

Las consecuencias no se dejaron esperar:

Se criticó al presidente Alvarado desde varios sectores, por la ausencia de un norte claro y falta de energía conductora del mandatario. Al tomar seriamente las “riendas” de la reforma fiscal el equipo económico proveniente del PUSC y darle tintes alejados de la visión “socialista”, que serviría de guía ideológica al PAC, se generó un desencanto en el electorado, claramente reflejado en las encuestas del CIEP-UCR.

También se ha cuestionado las alianzas políticas con el PUSC y el PLN, que le otorgan mayoría en la Asamblea Legislativa. Para el presidente Alvarado ha sido fundamental el papel de la oposición para poder gobernar el país.

Sin embargo, los hechos de mayor relevancia sociopolítica surgen con la huelga promovida por la ANEP y el colectivo sindical Patria Justa, que paralizo algunos sectores del sector público como protesta ante la reforma fiscal y las políticas de empleo público, fundamentalmente.

Dentro de este marco general de acontecimientos políticos del 2018 Luis Paulino Vargas nos dice:

“Para ganar la presidencia el 1º de abril, Alvarado entró en negociaciones y estableció acuerdos con sectores asociados al viejo bipartidismo, sobre todo el PUSC y especialmente a través de la figura de su dos veces candidato presidencial, el señor Piza. Por las características que asumió, creo que, en rigor, fue un pacto fáustico, en el cual quedó definido el destino de la administración Alvarado: nacida de tales pactos, éstos se le impusieron y hoy es más un gobierno que logra la resurrección –al menos parcial– del viejo bipartidismo, que un gobierno del PAC. La cuestión no tiene que ver solo con la presencia muy considerable de figuras del PUSC y del PLN en puestos muy importantes, sino, claramente, en el direccionamiento y énfasis de la agenda económica. Esta última asume tonos sumamente ortodoxos, de sesgo neoliberal. El PAC en pleno se ha plegado y ha asumido ese “sentido común”, lo que posiblemente también marca el destino de ese partido, más allá de la administración Alvarado. Reconstituirse como partido de vocación política progresista se vuelve prácticamente imposible.”

La reforma fiscal trajo consigo una prolongada huelga en algunos sectores de la administración pública, ¿qué resultados tuvo la huelga? Vargas considera que la huelga tuvo un mérito importante en tanto:

“… logró sacar de las paredes del edificio legislativo el debate fiscal, y lo puso a circular por todo el territorio nacional. Costa Rica entera entró en conocimiento de algo que, hasta aquel momento, solo era del interés de una minoría insignificante. Ello sin duda enriquece la democracia y la educación ciudadana. Otro logro de los sindicatos fue haber logrado sostener cierta unidad mínima, detalle nada despreciable si recordamos la larga historia de desavenencias que les dividen. Creo, sin embargo, que hubo errores en el planteamiento político-estratégico de la huelga, en virtud de lo cual no se logró capitalizar el apoyo popular mayoritario que al principio se tenía. Al diluirse posteriormente ese apoyo, inevitablemente se hizo más difícil sostener el movimiento de protesta. Terminó imponiéndose la campaña del miedo que el gobierno lanzó. Este cerró todos los canales de diálogo y entendimiento, y terminó imponiendo sus tesis, en buena medida gracias a que logro ganar la batalla por el apoyo popular. Los sindicatos deberían sacar enseñanzas de esto, para reformular sus estrategias de comunicación, movilización y protesta.”  

En este proceso de ajustes políticos del nuevo gobierno, Vargas señala que el pacto fáustico por el que Carlos Alvarado optó en su búsqueda de la presidencia, definió el destino de su gobierno y, de hecho, el de su partido:

“…más que Alvarado, el PAC mismo, en forma al parecer unánime, asumió un programa económico sumamente conservador, de tono muy neoliberal, con grandes consecuencias para el futuro del Estado social costarricense.

Quizá quepa reconocer al PAC como la mejor expresión en el escenario político costarricense de lo que alguna gente llama “neoliberalismo progresista”, es decir, esa vertiente o expresión del neoliberalismo que al mismo tiempo promueve –aunque dentro de ciertos límites– las agendas de derechos humanos de tipo cultural e identitario, sobre todo en materia de género y diversidad sexual.”

El resultado de las elecciones del 2018 no favorecieron al Frente Amplio, ¿qué ha pasado con la izquierda costarricense disminuída a su mínima expresión en la Asamblea Legislativa?

“El Frente Amplio (FA) –que es la expresión política de mayor peso de la izquierda costarricense– no logró aprovechar la oportunidad que se le dio al lograr nueve curules legislativos; hubo errores diversos y divisiones que causaron daño. Siguen existiendo –también al interior del FA– expresiones de una izquierda dogmática, aferrada a discursos desgastados y prácticas erróneas.

Es necesario renovar a profundidad el contenido de los mensajes y los estilos de comunicación, y asumir una actitud de vigilante autocrítica, para combatir con energía cualquier sesgo autoritario o cualquier posible expresión de corrupción. Sobre todo es preciso que la izquierda se desembarace de caudillismos y mesianismo, y que deje a un lado los apegos irracionales a libros sagrados y santones a los que se les atribuye ser propietarios de verdades inmutables.

Reconociendo que vivimos una época plagada de amenazas a la democracia, las cuales provienen principalmente de la derecha, la izquierda debería dar testimonio efectivo, y no solo discursivo, de un compromiso muy firme con la democracia y de una muy genuina convicción democrática.” 

De  cara al 2019 Vargas identifica tres temas urgentes e inextricablemente vinculados:

  1. reconsideración integral y a fondo de la estrategia fiscal,
  2. generación de empleo y
  3. reactivación de la economía.

Dice que el segundo y el tercero son requisitos necesarios para resolver la cuestión fiscal de forma satisfactoria y con el menor costo social y humano posible. La reformulación de lo fiscal debe contemplar ciertos ineludibles requisitos de coherencia, de forma que no se obstaculice la reactivación del empleo y la economía, añadiendo que:

“Si tuviéramos una visión a plazos más largos –si, en particular, la tuvieran (pero tristemente no la tienen) las élites políticas y tecnocráticas y el poder económico– entraríamos en un gran diálogo nacional que permita avanzar hacia la refundación del modelo económico sobre nuevas bases. Hay déficits y deudas sustanciales, que no podrán resolverse dentro de los límites de la estrategia de desarrollo actual, lo cual se resume en lo siguiente: elevación sustancial de la productividad; incorporación de conocimiento a la producción; innovación y valor agregado; una nueva matriz energética y un una forma, cualitativamente distinta, de relacionamiento con la naturaleza. Y, en especial: inclusión y equidad, en lo social, en materia de género y a nivel de las regiones.”

La sociedad y los derechos humanos emergentes 

El país ha venido experimentando una serie de transformaciones y visiones en materia de derechos humanos, tal es así que en las últimas elecciones temas como el matrimonio igualitario definieron el voto de importantes sectores a favor y en contra.

El actual gobierno adquirió compromisos en esta materia pero estos no se han concretado, generando disconformidad y reavivando las posiciones antagónicas.

De este panorama general ¿qué se podrá esperar en materia de derechos humanos emergentes?

Al respecto Vargas nos dice que hay varios aspectos que conviene diferenciar:

“- En materia de pueblos indígenas, las deudas son enormes y tienden a crecer. El derecho a la tierra y la autonomía de los pueblos indígenas siguen siendo irrespetados, incluso de forma violenta, sin que haya de parte de las autoridades la respuesta que una cuestión tan grave amerita.”

“- Acerca de los derechos de las mujeres: sigue pendiente dar efectiva validez al llamado aborto terapéutico y, sin duda, debe darse una lucha muy fuerte para frenar la violencia contra las mujeres en todas sus diversas expresiones, desde el acoso callejero o laboral al extremo brutal de los femicidios. Queda mucho por avanzar en otros campos, incluso en relación con el acceso de las mujeres a trabajos remunerados de calidad fuera de su hogar.”

“- En relación con los derechos de las poblaciones sexualmente diversas o colectivo LGBTIQ, lo del matrimonio igualitario es ya un derecho efectivo que quedó sujeto a la arbitraria, por completo inaceptable, dilación que fijo la Sala Constitucional. Se está a la espera de la resolución de la Sala sobre uniones de hecho, lo cual ha seguido siendo pospuesto de manera injustificable. Hay muchos otros temas que permanecen invisibilizados: crímenes de odio, discriminación laboral, acoso escolar, personas LGBTIQ de la tercera edad. El tema VIH-Sida –que afecta gravemente a personas trans y a los gais– acumula grandes deudas en prevención y en acompañamiento a personas que viven con VIH en situaciones de pobreza y carencia de redes de apoyo.”

“- Parece estar en curso un virulento ataque al sindicalismo y a muchos de los básicos derechos laborales, una expresión realmente inusitada, por su virulencia, de una lucha de clases desatada de arriba abajo. Esto podría dar lugar a graves retrocesos y un efectivo empobrecimiento y restricción de la democracia.” 

Desde la inauguración del quinto año de gobierno del PAC se han dado alianzas entre este partido con el PUSC y el PLN. Aquí cabe preguntarse ¿hasta dónde facilitarían u obstaculizarían el avance de una agenda de cambios en materia de derechos humanos emergentes?

Vargas sostiene que esas alianzas han tenido algunos efectos retardatarios, sobre todo en relación con el aborto terapéutico. También se está manifestando en la deriva autoritaria que se está tomando en materia sindical y de derechos laborales.

“El avance en temas de género y diversidad sexual siempre estará amenazado por el poder de extorsión tan grande que poseen los partidos conservadores, no solo los de tipo neopentecostal. Sobre los derechos de pueblos indígenas, aparte el peso siempre vigente del racismo, también influyen grandes intereses económicos“.

¿En este panorama estará la sociedad y los representantes políticos -diputados-, en condiciones de impulsar  los cambios que han sido reclamados?

El analista piensa que no descartaría que hayan resistencias en legislación que mejore el respeto a los derechos de las mujeres o de las poblaciones sexualmente diversas. También en lo correspondiente a pueblos indígenas seguirían habiendo fuertes resistencias, motivadas, en su caso por prejuicios raciales y por intereses económicos de mucho peso.

Dentro del contexto internacional concuerda en que Seguramente que las políticas de gobiernos de derecha en EE.UU. y Brasil tendrán alguna influencia en los políticos nacionales .

“Funcionan como al modo de un “efecto demostración internacional” que sirve para envalentonar a ciertos sectores de las derechas en Costa Rica, tanto del fundamentalismo religioso como algunos con clara proclividad militarizante y fascistoide. Según como se pudieran mover las cosas, y si ese tipo de corrientes adquieren más fuerza, es posible que la derecha neoliberal pro-empresarial y tecnocrática del PLN y el PUSC, se mueva en ese mismo sentido, aunque quizá de forma más atenuada. Es lo esperable, dado su estilo siempre calculador y oportunista.” 

La economía

El país ha visto disminuida su capacidad económica, el déficit fiscal arrastrado por años logró socavar las bases para propiciar los niveles de crecimiento necesarios para avanzar camino al desarrollo.

Los sectores productivos reclaman falta de apoyo del Estado en materia de competitividad, infraestructura y medidas comerciales dirigidas a establecer la seguridad jurídica que el capital nacional y extranjero demandan.

Frente a este panorama nos preguntamos: ¿estará el gobierno en capacidad de atender las demandas del sector productivo y el por qué? Directamente Vargas nos dice:

“No, no es posible o, en el mejor de los casos, lo que pueda hacerse será muy limitado. El caso es que se ha optado por una vía claramente restrictiva que con casi total seguridad conduce al debilitamiento progresivo de la institucionalidad pública y, correlativamente, a una reducción de su capacidad de respuesta. Es muy improbable que pueda así avanzarse hacia el fortalecimiento y articulación de una institucionalidad pública que, en diálogo y colaboración, con comunidades, organizaciones ciudadanas y empresariales y sindicatos, lleve adelante las transformaciones que la economía costarricense demanda con urgencia.”

Agrega que la reforma fiscal recientemente aprobada no resuelve la situación económica del país, pone como ejemplo que las calificadoras de riesgo de forma unánime lo han entendido así, y no porque sean muy “sabias” sino sencillamente porque es algo obvio para quien quiera verlo.

“… ese plan fiscal no logra reducir el déficit fiscal a dimensiones manejables en un plazo razonable y, en consecuencia, no logra frenar el crecimiento de la deuda. Puedo decir, con tranquilidad de conciencia, que mucho antes que las calificadoras, y con mucho mayor detalle, yo lo advertí. Agrego que, por ello mismo, lo que se puede obtener es, si acaso, una tranquilidad transitoria, que inevitablemente se romperá conforme se constante que los desequilibrios fiscales siguen vivos y en curso de agravamiento”.

Por décadas no hemos podido disminuir la brecha social y económica, que mantiene en la pobreza a dos de cada diez costarricenses, como muchos nos preguntamos si esto será un déficit del modelo económico, ante lo cual Vargas responde inmediatamente que si, porque la pobreza está inextricablemente vinculada a la escasez de empleos dignos, estables y bien remunerados, y en ese particular este modelo económico es totalmente deficitario añadiendo que:

“…los problemas del empleo son extremadamente graves, lo cual se puede visibilizar de múltiples formas, no solo en la cantidad de personas desempleadas, sino también en las que están en la informalidad laboral y, especialmente, en los reducidos índices de participación –especialmente por parte de las mujeres– en los mercados laborales remunerados. No está de más subrayarlo: dentro de un problema de empleo que, en su conjunto es grave, la situación se vuelve aún más dramática tratándose de las mujeres, las personas jóvenes y las personas mayores, como es también cierto que son más agudos en las regiones periféricas del país, que también son donde hay más pobreza. “

El Estado

Para el público es evidente que el Estado costarricense ha alcanzado un nivel de anquilosamiento irreconciliable con las políticas de desarrollo que el país requiere.

Desde la Administración Rodríguez Echeverría se han venido impulsando «mesas de concertación», «mesas de diálogo», «juntas de notables» entre otras denominaciones, para plantear desde foros representativos de la sociedad propuestas para llevar adelante las transformaciones que el Estado y su aparato institucional y jurídico tendría que llevar a cabo.

De este ejercicio académico-político el actual gobierno no ha estado ausente, sin embargo no ha dado a conocer avances en esta línea.

Estudios, diagnóstico y propuestas sobran, pero realmente ¿dónde está el problema? Para Vargas, hay varios factores que, cree, confluyen en esto. Primero, la sociedad costarricense se ha vuelto mucho más heterogénea y compleja y, en el proceso, han surgido sectores diversos que claramente tienden a ser menos proclives a sostener lealtades partidarias o adscribirse a identidades disciplinantes, todo lo cual es más cierto tratándose de personas jóvenes.

“En parte, es un proceso de individualización que implica cierto grado de despolitización; en parte tiene que ver con la emergencia de identidades que quieren reivindicarse y afirmarse en sus peculiaridades. Todo ello hace que cualquier proceso de diálogo resulte mucho más laborioso. Pero es que, además, todo el período neoliberal, que en su conjunto ya se acerca a los 35 años, ha estado caracterizado por una disonancia creciente entre las ofertas electorales que partidos y liderazgos políticos formulan, y sus concreciones efectivas. Lo anterior, enrevesado con los problemas de corrupción y la mucha mayor visibilidad pública que éstos han adquirido, ha generado creciente frustración, malestar y disgusto. Súmesele la creciente desigualdad surgida en los últimos veinte años, y la gravedad de los problemas del empleo en los últimos diez. El resultado es una sociedad más polarizada pero, sobre todo, mucho más crispada y fragmentada. Y si todo lo anterior coloca grandes obstáculos a cualquier posible entendimiento, el asunto se agudiza por la evidente debilidad de los liderazgos políticos, y su agudizada dificultad para leer correctamente los sentimientos de la gente. Creo que esto último viene siendo como una especie de corolario epistemológico derivado de la hegemonía neoliberal, dado que ésta ha encumbrado cuadros tecnocráticos culturalmente descolocados respecto de nuestras realidades socioculturales y políticas.”

En los círculos políticos siempre se habla de faltará liderazgo para llevar a buen puerto las propuestas de reforma tan esperadas, criterio que Vargas comparte agregando que el dominio de tecnocracias ideológicamente proclives al neoliberalismo, agrava la fractura entre esas ciudadanías –mucho más diversas y desconfiadas– y  el sistema político y la institucionalidad democrática regentada por esas mismas tecnocracias.

“Los liderazgos son débiles principalmente porque levitan muy lejos de los sentimientos de la gente. Todo lo cual se ve agravado por el menoscabo que sufre la institucionalidad pública, y su pérdida de eficacia, lo cual la desprestigia a los ojos de la gente.”

Algunos líderes políticos al hablar de cambios profundos ponen en la mesa la posibilidad de acudir a una Asamblea Constituyente para transformar la sociedad desde una nueva Carta Magna, lo cual Vargas cuestiona y le causa preocupación:

“Creo que sería un mal momento, en virtud de que hay fuerzas poderosas que empujan hacia el fortalecimiento de ideologías retrógradas, de sesgo antidemocrático. Esto tiene expresiones diversas: radicalización del neoliberalismo; fortalecimiento del fundamentalismo religioso; emergencia de planteamientos que promueven el militarismo y el fascismo. Los sectores que se adscriben a una u otra de estas variantes, no son los mismos, pero sí existen puntos de entronque que los vincula y que, eventualmente, propiciaría su alianza. De ahí podría salir una Constitución que lleve al país por un rumbo de involución y retroceso.”

Para concluir la entrevista dejamos a Luis Paulino Vargas el espacio abierto para sus reflexiones y consideraciones finales:

“A lo largo de ya un extenso período, Costa Rica ha venido deslizándose, gradual pero inexorablemente, en un proceso de decadencia y descomposición sociocultural, política y económica. Vamos siendo entonces una sociedad cada vez más conflictiva y crispada; cada vez más temerosa y frustrada. Tenemos una gran capacidad para el autoengaño, que nos permite declararnos ser un pueblo feliz y satisfecho. Y, sin embargo, el malestar reverbera por todo lado: en las calles, en las llamadas a programas radiales de opinión, en las propias redes sociales, incluso en la violencia e intolerancia que inunda y contamina nuestra convivencia cotidiana.  Nos urge diálogo porque nos urge enmendar el camino. Pero para que el diálogo avance, es imprescindible contar con liderazgos políticos comprometidos, lúcidos y muy generosos, que den ejemplo, construyan puentes y acerquen a quienes hoy se miran desde lejos con desconfianza y resquemor. Indispensable será poner sobre la mesa una agenda de inclusión, donde justicia y democracia vayan de la mano con la construcción de una economía mucho más sólida, mucho más productiva e innovadora, capaz de reconstituir a fondo sus formas de relacionamiento con la naturaleza. Esa agenda debe ser formulada con claridad y transparencia, y asumida con compromiso y sinceridad, lo cual exige que quienes más tienen estén dispuestos a aportar la dosis que les corresponde, de forma que quienes han sufrido exclusión, vuelvan a sentir que son parte de un país que les respeta, y puedan entonces creer que efectivamente se les ofrece esperanzas y perspectivas creíbles, no falacias e ilusiones. Se trata, en fin, de reconstruir desde sus bases el pacto social, el cual hoy se encuentra en estado ruinoso”.

 

 

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