Luis Paulino Vargas: Naomi y Simone

Simone y Naomi han venido a reivindicar la faceta humana del deporte, para recordarnos que, inclusive la más refulgente estrella del deporte mundial, sigue siendo un ser humano.

Luis Paulino Vargas Solís, Economista (Ph.D.)

Mayo 2021. Es Rolando Garros, el abierto francés del tenis, uno de los cuatro grandes torneos del tenis mundial. Naomi Osaka, joven multicampeona japonesa, venerada por la afición, anuncia que no participará en las conferencias de prensa a que se obliga a cada tenista a acudir después de cada partido, gane o pierda. La razón: “salud mental”. La organización del torneo, y sectores de la prensa, sin una onza de empatía o solidaridad, se lanzan, feroces y encarnizados, sobre ella. La sentencia es inapelable: “si no se presenta a la rueda de prensa será multada, y si reincide será expulsada”. El 31 de mayo, Naomi Osaka, la mujer más talentosa y carismática del tenis mundial hoy día, anuncia su retiro, y luego se abstiene de participar en Wimbledon.

Julio 2021. Son las olimpiadas de Tokio, pospuestas un año a causa de la pandemia. Simone Biles acapara todos los focos. Es la mejor gimnasta del mundo, y, aunque me duela admitirlo (puesto que siempre he sido un enamorado de aquella diminuta rumana, de nombre Nadia Comaneci, que maravilló al mundo en Montreal 1976), es también, seguramente, la mejor gimnasta jamás nacida. Sus primeras apariciones, sin embargo, no están a la altura de lo que de ella se esperaba. Y, luego, lo inusitado: Simone anuncia su retiro de la competencia. La razón: “salud mental”.

La prensa y la organización muestran ahora el mínimo de comprensión que, dos meses atrás, se le negó a Naomi. De alguna manera, el gesto de rebeldía que ésta enarboló, ha abierto brecha. Simone, al menos, no ha tenido que soportar el mismo grado de hostilidad.

Simone y Naomi han venido a reivindicar la faceta humana del deporte, para recordarnos que, inclusive la más refulgente estrella del deporte mundial, sigue siendo un ser humano.

Pero su gesto tiene enormes implicaciones éticas y políticas. Es una denuncia contra esta sociedad hipercapitalista, hipercomercalizada e hipercompetitiva que nos toca sufrir.

Naomi y Simone son dos talentos prodigiosos, verdaderas supercampeonas. Y ellas, que podrían ganar todo, claramente vinieron a decirnos: “ganar no es lo más importante”.

La vida es más importante. Ese es su mensaje.


 

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