Luis Vargas Arauz, Médico veterinario; exprofesor de la Universidad Nacional

Estación de Otoño

Lejana estación de otoño,
ya estoy aquí bajo tu alero.
He llegado este octubre lluvioso
en el último tren de la tarde,
con sus viejos y cansados vagones,
por los rieles gastados de la vida.

Unico pasajero de un destino
y su carga de ilusiones extraviadas.

Y heme aquí, cual atalaya,
rebuscando en el pasado,
viviendo el presente día a día,
a la espera de los vientos otoñales,
que harán caer las hojas muertas,
de mi lento y solitario atardecer.

A solas, con mi alma compañera
de alegrías y tristezas compartidas

Es en esta estación – mi hogar,
mi nuevo refugio espiritual,
donde llegará un día el final,
entre los colores que me gustan –
colores del otoño tempranero
colores de mi otoño estacional.

 

He visto pasar…
(desde mi ventana)

He visto pasar la vida
por el frente de mi casa,
arrastrando los destinos
de los vivos y los muertos.

He visto pasar los años
con su carga de recuerdos,
despertando la memoria
de senderos recorridos.

He visto pasar el tiempo
y un manojo de promesas,
desangrando las heridas
de ilusiones derrotadas.

He visto pasar el viento
con sus cantos y lamentos,
susurrando en el momento
mis poemas más queridos.

He visto pasar la muerte
con su paso vacilante,
escogiendo acompañante
a lo largo del camino.

Caminar

He caminado por este mundo
en alianza con mis pasos :
cruzando valles y barrancos,
subiendo a la altura de la cima.
He caminado tras el norte
de ilusiones y esperanzas,
venciendo incomprensiones,
aceptando los errores.
He caminado siempre al frente
de tormentas y quietudes,
cerrando mis poros a la lluvia,
entregando mi piel al sentimiento.
He caminado por la ruta del deseo
con mis armas del amor y la poesía,
esperando la respuesta requerida
de un destino ajeno junto al mío.
He caminado en el vacío inmenso
de mis largas tardes solitarias,
buscando hallar la paz del alma
en este incierto caminar del tiempo.