Luissiana Naranjo: 1995 [Puerto Granada]

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Luissiana Naranjo Abarca.

 

1995 [Puerto Granada]

La palmera tiene su bravío. Su altivez sonora desentierra mis viajes por El Morro y San Miguelito.
La ciudad la llevé conmigo: muebles, canfín, mis pinturas pastel y la cámara de fotografía.
De regreso, me traje el puerto y una madrugada.

La fe paseaba en bateles.
Me asomo a la memoria dejándome al otro lado.
Engullo el Lago de Nicaragua, casi un mar de ocultísimos miedos y prominentes olas.
Navego en mis miedos con la osadía de volver a repetir.
Doce horas en la asadura de una cabina entre pisotes y repollos.
La estupidez se me asfixia. Subo a la proa con una sábana blanca. Reparto tratados de los Dioses. Habitante de ingenuas profecías y mi Biblia con su Milenio perdido.
Me extiendo para dormir en un metro cuadrado. Rondan insectos quisquillosos. Ocupo su lugar y me vuelvo cucaracha. Me redimo.
Llegamos a la estación de Ometepe. Se bajan los pisotes y los repollos. La vida se infunde de solitarios y cólicos. El rumbo vuelve a su tiempo. Las cucarachas siguen…
Las olas son de dos metros. Al fin la muerte la defino en altura. Hay algo de artificio en mi fe pero vuelve a remontarse. El vaivén se me hace manecilla en el cuerpo. Confundo la oscuridad de mi interior. Sigue la noche. No hay sal en las aguas dulces ni en los siguientes meses. Siempre hubo regresos.

En mi jardín yace un palmero con ese honor existencial de sobreviviente.

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