Luko Hilje: Alfonso Trejos Willis y la génesis de la Revista de Biología Tropical

En efecto, en una amena y bastante completa reseña acerca de la historia de la biología en Costa Rica

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Luko Hilje Quirós, Entomólogo agrícola y forestal.

Por la Revista de Biología Tropical siento un afecto realmente entrañable, y así lo he expresado varias veces por la prensa, no solo en artículos como El calvario de una revista (La República, 22-IX-90) y Medio siglo fecundo (Semanario Universidad, 6-IX-02), sino que también en algunos textos referidos al Dr. Rafael Lucas Rodríguez Caballero, eminente botánico y querido mentor, quien fue algo así como su padrino e indeclinable director, protector y defensor. En gran medida, ello obedece a que era imposible no saber de sus constantes vicisitudes —y también de sus logros, por supuesto—, pues su domicilio era la oficina de don Rafa, instalada justo frente de la puerta principal del edificio de la Escuela de Biología, en la Universidad de Costa Rica (UCR).

Era por ello que cada ingreso a ese edificio representaba un encuentro frontal con la revista pues, si por casualidad estaban afuera don Rafa o don Manuel Chavarría Aguilar —su sempiterno editor—, la pregunta obligatoria era cómo iban los preparativos del próximo número. En realidad, era como tener a un ser querido en una sala de cuidados intensivos, sin saber en qué momento expiraba, debido a las crónicas y angustiosas penurias económicas que la revista enfrentaba. Sin embargo, gracias a ellos dos y a otros colaboradores, así como en años más recientes al colega Julián Monge Nájera —quien la ha dirigido por casi cuatro decenios—, hoy está más vigorosa y robusta que nunca.

Carátula del número más reciente de la Revista de Biología Tropical

Menciono esto porque, cuando en este día conmemoramos el centenario del natalicio del Dr. Alfonso Trejos Willis, y la revista está a punto de alcanzar los 70 años —pues nació en 1953—, es oportuno destacar el vínculo histórico que existe entre ambos, el cual es poco conocido. Y, para que no quede duda alguna de la veracidad de la impronta de don Alfonso en la génesis de esta publicación, con la que tanto se honran la UCR y el país, dejo que sean otros —testigos de excepción y científicos excepcionales—, quienes nos lo relaten, en sus propias palabras.

En efecto, en una amena y bastante completa reseña acerca de la historia de la biología en Costa Rica, escrita por don Rafa para una conferencia que ofreció en 1972 en el Centro Universitario Regional de San Ramón —de la cual hay apenas una versión mimeografiada—, él narra que en 1947-1948 la UCR decidió fortalecer la carrera de Microbiología y “allí aparece Alfonso Trejos Willis, de quien yo fui asistente de laboratorio cuando era estudiante, quien se formó con Clorito Picado Twight; aparece primero formando parte del alumnado y luego del profesorado”. Cabe acotar que, aunque don Rafa era unos seis años mayor que don Alfonso, varias dificultades económicas de su familia, además de que la UCR abrió sus puertas en 1941, le impidieron iniciar sus estudios universitarios a los 18 años —como es lo usual—, y tuvo que hacerlo cuando estaba a punto de cumplir 27 años.

Sin embargo, curiosamente, unos diez años antes, más bien fue don Rafa quien fungió como instructor de don Alfonso. Esto se debió a que, ya graduado de bachiller en el Liceo de Costa Rica, don Rafa había permanecido ahí como asistente de laboratorio del profesor Joaquín Vargas Méndez, quien en 1931 había obtenido un bachillerato en ciencias, con énfasis en Biología, en la Universidad Estatal de Wayne, en Michigan. De esos tiempos, rememoraba que, con las innovaciones de Vargas, equivalentes a una revolución pedagógica, “fue la primera vez que se enseñó biología en un liceo, con prácticas de laboratorio. Y para eso recauchamos hasta la última cacharpa que se pudo conseguir en San José: unos microscopitos que nos los trae ahora el Niño Dios como juguete, los arreglábamos, los amarrábamos con alambres, pero pusimos un microscopio para cada dos estudiantes en aquel Quinto Año. Entre los que estudiaron con esos infelices microscopitos estaba Alfonso Trejos Willis, que era entonces estudiante de bachillerato”. En síntesis, muchachos entonces ambos, eran viejos conocidos.

Ahora bien, para retornar a la época fundacional de la UCR y la importancia de la carrera de Microbiología, don Rafa agrega que “con él [Trejos Willis, también aparece], un italiano que pasa por Costa Rica, Ettore De Girolami. Pasó una época muy difícil en Costa Rica, hasta que “lo descubrieron” y se lo llevaron a la Universidad, y fue uno de los estímulos más grandes para la labor científica que hubo en el ambiente, porque era una de esas personas con una visión de lo que había que hacer, y con un impulso de trabajo inagotable. Estuvo con nosotros como cinco o seis años, y dejó una huella profunda en la Universidad. Al final, logró irse a los Estados Unidos y allá triunfó como médico”.

Rafael Lucas Rodríguez
Ettore De Girolami

Pero, ¿cuál era la relación entre este médico italiano y Trejos Willis insinuada por don Rafa, y qué consecuencias tendría su relación académica con la gestación de la Revista de Biología Tropical?

Escuchemos a De Girolami, el otro testigo de excepción: “En noviembre de 1950, pocos meses después de llegar a Costa Rica, conocí al Dr. Alfonso Trejos, en esa época director del laboratorio clínico del Hospital San Juan de Dios. El Dr. Trejos puso a mi disposición un microscopio cerca de su oficina y con él tuve oportunidad de discutir muchos problemas de diagnóstico, y más tarde, de intercambiar ideas científicas y de planear programas para mejorar lo que en ese tiempo era la Facultad de Ciencias. En julio de 1951, el Dr. Carlos Manuel Gutiérrez Cañas me ofreció un puesto en la Lucha contra el Cáncer, trabajo que tuve por muchos años gracias a la ayuda continua, moral y económica de ese colega”.

Y continúa su relato, que es parte del artículo Reseña histórica de la fundación de la Revista de Biología Tropical, aparecido en dicha revista en 1988 —cuando don Rafa ya era su director—, al expresar que “Después de un año en Costa Rica, ya mi español era más aceptable y mi contacto en la Clínica de Tumores con pacientes costarricenses y con mis estudiantes me había dado la oportunidad de conocer, en mi campo, cuáles eran las necesidades más importantes. Fue así como en los primeros días de setiembre de 1952, durante una de mis visitas al laboratorio del Hospital San Juan de Dios, expuse al Dr. Trejos mi plan para fundar una revista científica patrocinada por la Universidad. Don Alfonso acogió la idea con entusiasmo, y juntos nos pasamos la mañana soñando y haciendo planes”.

Logrado con presteza el consenso entre ambos, en octubre De Girolami se reunió con el rector Rodrigo Facio Brenes, quien le dio el beneplácito a su propuesta y le indicó los trámites a efectuar ante el Consejo Universitario. Refiere él que “regresé optimista al Hospital, a comunicar lo ocurrido a don Alfonso, y al hacer planes más concretos nos enfrentamos entonces a un nuevo problema: yo era italiano y don Alfonso había regresado recientemente de hacer sus estudios en Brasil: ¡¡¡se necesitaba un “purista” del idioma castellano!!! El Lic. Armando Ruiz [Golcher], colaborador de don Alfonso en el laboratorio del hospital, tenía conocimientos científicos, era un excelente latinista y conocía muy bien el español; no había duda de que era la persona más idónea para colaborar con nosotros”.

Sin embargo, aunque de fiar, esta versión difiere de una más reciente, de otro gran científico, que fuera discípulo de don Alfonso. En efecto, hace apenas seis años, en 2015, se publicó una entrevista al Dr. Rodrigo Zeledón Araya —de privilegiada memoria, y extraordinario gestor de la ciencia y la tecnología en nuestro país—, la cual apareció en la propia revista con el título Origen de la Revista de Biología Tropical. Ahí Zeledón indica que “en 1949, Alfonso nos comenzó a hablar, por primera vez, de la necesidad de una revis­ta científica nuestra, que en ese momento no sabíamos cómo se podía llamar y todos nos quedamos pensando en ello. Recuerdo muy bien que una vez me llamó y me dijo: Zeledón, lo he seleccionado para que me ayude a hacer un librito de cómo se escriben los trabajos científicos, yaque si vamos a hacer una revista, necesitamos que la gente escriba correctamente y fue así como nació «Normas para la prepara­ción de trabajos científicos», de Alfonso Trejos y Rodrigo Zeledón, que se publica en 1953 por parte de la universidad, con un prefacio del rector Rodrigo Facio”.

Zeledón continúa relatando que “es importante señalar que Alfonso y Rodri­go Facio habían sido compañeros y se trataban con mucha confianza, y fue así como Alfonso le habló de la posibilidad de hacer una revista, publicada y financiada por la universidad, y el Rector le dio el visto bueno al asunto. En 1950 llegaba al país, con su familia, el médico y académico italiano Dr. Ettore de Girolami, y uno de los primeros amigos que tuvo fue Alfonso Trejos, quien trató de ayudarlo a conseguir trabajo. El Dr. de Girolami era una persona bien preparada, emprendedor y trabajador y Alfonso encontró ideal que la revista, que estaba por nacer, fuera dirigida, editorialmente y a tiempo completo, por el propio Dr. de Girolami. El Rector Facio estuvo de acuerdo cuando Alfonso se lo propuso y fue así como se logró tener una persona que se encargara de editar la revista, conseguir artículos para ser juzgados, atendiera la correspondencia y velara porque saliera a su debido tiempo, de acuerdo con la programación”.

Ahora bien, más allá de estas discrepancias acerca de la paternidad de la revista, lo importante y meritorio es que, ya conformado un Comité de Redacción, correspondió a este trío redactar una propuesta formal, que el Consejo Universitario aprobó el 5 de enero de 1953. Con este aval, y tras abundantes discusiones acerca del nombre, el formato, y numerosos aspectos de carácter logístico, más la consecución de artículos, todo estaba listo para el anhelado parto. Y fue así como, emergido de los talleres gráficos de la Imprenta Falcó —muy reputada entonces—, con una sobria carátula de cartulina Bristol gris, el primer número vio la luz el 15 de julio de 1953.

Carátula del primer número de la Revista de Biología Tropical

Cabe acotar que, como es usual en estos esfuerzos iniciales, los tres miembros del Comité de Redacción debieron escribir artículos, para así estimular a otros investigadores a aventurarse a hacerlo en los números subsiguientes. Fue así como, de los diez artículos que conformaron ese número inaugural —claramente sesgado hacia la microbiología, por razones obvias—, De Girolami y Ruiz contribuyeron con un artículo cada uno, en tanto que Trejos fue el autor principal o el coautor de cuatro de ellos, referidos a enfermedades como la tripanosomiasis, la blastomicosis, la cromoblastomicosis y la coccidioidomicosis, pues él tenía formación en parasitología y micología médicas, adquirida en el muy reputado Instituto Oswaldo Cruz, en Rio de Janeiro.

Concebida como multilingüe desde el principio, lo cual fue un innegable acierto, para así mantener contacto con el mundo científico universal, así como para captar artículos de países tropicales no hispanohablantes, poco a poco empezó a crecer y expandirse, hasta ser lo que es en la actualidad. En realidad, como lo acoté en otro de mis artículos, la Revista de Biología Tropical encarna el foro científico más especializado y con mayor trayectoria en la biología de los trópicos, y representa un auténtico orgullo para la Universidad de Costa Rica y Costa Rica.

Eso es bueno recordarlo y reafirmarlo hoy, en esta efeméride relacionada con el Dr. Alfonso Trejos Willis, uno de sus dos gestores iniciales.

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