Luko Hilje: ¿Una guanacasteca de 150 años?

Pero, a las sin iguales expresiones lingüísticas, literarias, musicales, culinarias y artesanales peculiares de dicha cultura, se sumarían características genéticas también muy propias, hoy bastante difundidas a través de ese mestizaje que también ha enriquecido a nuestro país.

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Luko Hilje Quirós. 

Cuando, el 25 de julio de 1824, aquel territorio físico-político algo indefinido y denominado Partido de Nicoya decidió por voluntad propia anexarse e integrarse a Costa Rica, nuestra patria resultó favorecida de numerosas maneras y, especialmente, con los aportes de una muy rica cultura de fuerte raigambre indígena, representada por los aborígenes chorotegas.

Pero, a las sin iguales expresiones lingüísticas, literarias, musicales, culinarias y artesanales peculiares de dicha cultura, se sumarían características genéticas también muy propias, hoy bastante difundidas a través de ese mestizaje que también ha enriquecido a nuestro país. No obstante, aparte de los aspectos más perceptibles externamente, hoy se nos anuncia un llamativo rasgo: la inusitada mayor longevidad en gente que vive en la gran península de Nicoya.

Así lo narra un amplio y reciente reportaje en el suplemento Proa, de La Nación (24-VIII-08), el que sugiere que incluso podría sumarse a otros tres sitios con insólitos índices de longevidad, como Barbagia (Cerdeña), Okinawa (Japón) y Loma Linda (California). Ahí se explica que actualmente el Centro Centroamericano de Población (CCP), de la Universidad de Costa Rica, está efectuando detallados estudios al respecto. Cabe destacar que, sin ser guanacastecos de cepa, también hay varios ancianos foráneos que están próximos a cumplir el centenar de años, lo cual sugiere que, más bien, podrían ser ciertos factores ambientales -en sentido amplio- los que propiciarían tan prolongada longevidad.

¡Quién sabe! Habrá que esperar, y de seguro por muy largo tiempo, para conocer los resultados de tan prolijos e interesantes estudios. Pero por ahora, y más bien como una curiosidad, deseo transcribir un breve texto publicado hace exactamente 140 años, el cual hallé de manera fortuita mientras hurgaba en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Aparecido en mayo de 1868 en nuestra Gaceta Oficial con el título “Longevidad”, dice así:

“Muy comúnmente los periódicos de Europa nos citan casos de longevidad que llaman mucho la atención, por lo mismo que vienen las noticias de allende los mares. Séase que nosotros miremos con indiferencia todo cuanto sucede en nuestra casa, o séase que no se halle entre nosotros persona curiosa que anote con cuidado lo que es digno de anotarse, quedan desapercibidos casos notables de todo género, acontecimientos raros, descripciones de asuntos, de perspectivas, en fin de muchas cosas que un europeo hace circular por las cinco partes del mundo y que nosotros los americanos dejamos pasar desapercibido aunque lo veamos en la esquina de nuestra casa.

Por ejemplo nosotros los costarricenses tenemos una mujer llamada Águeda Jácamo, vecina del Sardinal en Liberia, jurisdicción del Guanacaste, que cuenta cerca de ciento cincuenta años de edad. Se mantiene todavía robusta, con todas sus facultades intelectuales, y su descendencia forma hoy el barrio de las Sabanillas de aquella jurisdicción.

Recomendamos esta noticia a los que creen que la raza americana está degenerada y que solo del otro continente se pueden contar casos de longevidad”.

Veraz o no, es un dato muy llamativo, sobre todo por provenir justamente de Guanacaste. Pero cuesta creer que alguien haya vivido tantísimos años; por lo que pude indagar en internet, el récord mundial lo posee la francesa Jeanne Louise Calment, quien vivió 122 años y 164 días. En el caso de doña Águeda, sería aún más meritorio, por haber vivido en una época en que la expectativa de vida era muy baja en comparación con la que le correspondiera a la señora Calment (1875-1997), y bajo condiciones de salubridad y nutrición muy inferiores a los de ésta.

No obstante, para entonces los registros demográficos -e incluso los parroquiales-, posiblemente eran bastante deficientes, y sobre todo en zonas tan remotas del país. Todo esto resta confiabilidad a lo anotado en el texto transcrito, pero tampoco se puede rechazar ad portas. Sería conveniente que los demógrafos y genetistas se sumerjan en los registros que pudiera haber, además de darse una vuelta por Sardinal -supongo que es el mismo que hoy pertenece a Carrillo, donde recientemente sus pobladores han dado ejemplares luchas por la defensa del agua-, para localizar los abundantes descendientes de doña Águeda y detectar si ese rasgo longevo ha pervivido.

¡Va y ahí encuentran importantes pistas y claves para descifrar y esclarecer el intrigante fenómeno de los muy longevos guanacastecos!

En Nuestro País, 30-VII-08

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