Luno

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José Pablo Valverde Coto.

Ascona lucía triste y nostálgica. Aquella tarde, el lago que la baña parecía un gran espejo que reflejaba un ténue color azul evocando un profundo sentimiento de soledad. Las montañas a lo lejos amurallaban el horizonte como si quisieran hacer de su grandeza un obstáculo entre los sueños y la realidad.

En el medio del lago una pequeña isleta se erguía y mostraba lo que parecía ser una pequeña casa que apenas se divisaba entre los árboles que cubrían casi en su totalidad el pequeño territorio. Sobre ella, la bruma en el cielo hacía aún más dificultoso determinar con presición ese mágico lugar en que el cielo se une con la tierra. Ese lugar que el viejo Luno había buscado durante toda su vida. Un lugar donde la plenitud y el amor se entrelazan y hacen que las tareas terrenales que tanto nos desvelan, en ese parpadeo que llamamos vida, parezcan una tontería.

¿Qué es el tiempo? ¿Son acaso recolecciones de memorias que hemos vivido y habremos de vivir? ¿Es posible que hayamos trivializado el tiempo a una burda medida que nos encadena dentro de las estructuras de un imaginario que llamamos sociedad?

El tiempo, en Ascona, es suave, es delicado y parece que se resistiera a avanzar. No hay movimiento, no hay premura. La lejanía de las montañas y los tejados escurriendo por sus laderas se unen al silencio ensordecerdor solamente perturbado por el ocasional sonido de las olas cuando el viento en un arrebato intempestivo decide desafiar a la calma; desafiar a la tristeza y la soledad…a la muerte misma que en su infitina ingenuidad no se da cuenta, que por más que lo intente, a aquel que llaman tiempo no habrá de destruir.

No obstante, Luno, no sabía en realidad si aquello que otros llamaban vida era muerte, ni si el tiempo, ahí en Ascona, aún corría o había dejado de latir como lo había hecho años atrás su esperanza.

Su mirada cálida y sincera contrastaba con el grisáseo paisaje de aquella tarde en Ascona. A pesar de su profunda soledad, de alguna extraña manera los ojos de Luno emanaban una luz especial. Como dos perlas negras salidas del mar, un brillo sobrenatural hacía de sus ojos un pasaje que invitaba a todo aquel que les mirase, a adentrarse dentro de un mundo inexplorado que yacía intacto a pesar de los embates del tiempo.

Su dos ojos negros combinaban con una tez morena, desteñida y arrugada. Al observarle, era claro que el tiempo había pasado por él y que a su paso le había dejado un profundo dolor.

 


José Pablo Valverde.
Es periodista y administrador de empresas. Actualmente, es estudiante de Ph.D. en la Universidad de St. Gallen, en Suiza, y se desempeña como investigador en Viva Idea. Cuenta con un MBA de INCAE Business School y un Master en Strategy & International Management de la Universidad de St. Gallen.

 

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