Luvia Soto Cabrera.

Márgara sale con náusea de una reunión con su jefe. Por la gastritis o por lo insulsa que fue la junta, siente un sabor metálico que decide quitarse con un helado de cas, pero de palillo, de esos que traen hasta las semillas enteras.

Se enrumba por la avenida peatonal, mordisqueando el cas congelado, cuando en eso entrevé la silueta de un perfil, no está segura, busca, alarga el cuello, succiona el helado, mastica una semilla, algo le urge. ¡Sí!, es el poeta, ¡el poeta! Ay, qué suertuda que estoy, ojo qué porte cosmopolita, cómo ve para allá y para acá en la esquina antes de cruzar, esa melenita colochuda… Uy, camisita con cuello chino y de rallas, jeans que pronuncian lo justo, culito chico, espaldotas amplias: solo guapura. Hasta la pancilla es sexi. ¿Y si hago como que lo persigo, como hacen los hombres? ¿Andará perfumado? Qué ganas de olerlo.

Ay se me metió el diablo. Voy a perseguirlo hasta que se dé cuenta y le voy a decir “Hola Mateo, yo también frecuento el Khalil Gibran, ¿nos tomamos un sex and the city? ¿O era on the beach? Pucha, me acerqué mucho, se me cayó el helado, qué susto, mejor miro la vitrina de la sastrería italiana, mmm…maletín ejecutivo, ¿será que él también es un burócrata?, ay, no, qué caída de estilo, yo lo tengo por poeta con herencia.

Ay, ay, ayayay, mejor le hablo un día de estos en el bar. Bueno, pero nada pasa si lo persigo y no se da cuenta. Que sí, que puedo alcanzarlo y nada más. O, bueno… por lo menos que se dé cuenta, le voy a dar un pelotón de aquellos.

Márgara, te están subiendo vapores que la enagua no alcanza a camuflar, el mejunje con el sudor y “Belladonna, el desodorante que no te abandona” te indica el calibre de tu enardecimiento. ¿Qué vas-a-hacer? Ay, Márgara…

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Por Alonso Cunha

Alonso Cunha Chavarría. Estudiante de Relaciones Internacionales UNA.