Luvia Soto Cabrera: Spericolata

Luvia Soto Cabrera.

Spericolata

No podía creerlo. Eugenia tan asustadiza. Allí están paradas en el borde del risco que tantas veces habían desafiado juntas: Valeria y Eugenia; amigas de diciembre a diciembre en los últimos quince años.

Eugenia se reconocía como la sensualona, la que todo lo absorbía por la piel; hasta la comida, por qué no los paisajes y las sonrisas; ¡ah chavala más fuera de molde!

Valeria la sistemática, la previsible, la que inspira confianza a cualquier empleador de multinacional en busca de multitasking, eufemismo que llena de orgullo a tantas tontos y tantos tontas all over the world.

Valeria siempre prudente como la monja de más reciente ingreso al convento, Eugenia: la spericolata. No es que una dominara sobre la otra. En realidad, dependían de la espontaneidad de la una, la otra; y de la regularidad de la otra, la una.

Esa mañana Eugenia tenía el susto de una novia abandonada a medio cursillo prematrimonial. Valeria, extrañamente indiferente a la desazón de Eugenia, aceptó la propuesta de ir al famoso risco. Siempre le había dado esa sensación de secadora de pelo en el pubis. Miedo y placer a la vez.

Ambas con los pies sin calza. La roca filosa dispensando gotitas rubí. Un poquito de dolor…, um…sí. Así comenzaría el goce. Soltó la mano de Eugenia para concentrarse en el miedo-placer. Abrió los ojos Valeria, los brazos y los pies. Eugenia: estás loca, estúpida, no me asustés. Vino esa ventada fresca y Valeria la cabalgó.

 

Luvia Soto Cabrera, nacida en Alajuela, psicóloga laboral pensionada, ha trabajado en el sector público, en el no gubernamental y en el de cooperación internacional en temas laborales y de desarrollo social.
Actualmente vive entre Costa Rica e Italia.
Tallerista de “Escritura creativa” con Fabián Coto, Catalina Murillo y Arabella Salaverry.

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