Ma. Enriqueta Guardia: En la conmemoración de los 200 años del nacimiento de Baudelaire

El ensayo El pintor de la vida moderna, que publica Baudelaire, se podría decir que es la obra literaria con la que empieza a formarse esa extraña categoría de lo moderno. La idea de lo moderno era algo relativamente exótico en ese tiempo, una palabra nueva que para Baudelaire alude a un nuevo tipo de sensibilidad de comprender las cosas. Podemos decir que Baudelaire no solo ofreció una visión sobre la estética, sino que fue un pensador.

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María Enriqueta Guardia Yglesias.

Hay algo que es importante señalar cuando se aborda el tema de la plástica, sobretodo de la plástica del siglo XIX.  Por un lado, están los cambios políticos y sociales que transforman a esa sociedad, pero también la relación estrecha que se da entre ésta y la industria, entre ésta y los inventos.

Debemos pensar, de cómo el cambio en la estética del siglo XIX, estuvo directamente ligada a los avances tecnológicos de muchas maneras. Por ejemplo, los pigmentos y aditivos con los que se pintaba. La aparición del tubo de estaño fue esencial y le dio libertad al artista para desplazarse a pintar en donde quisiera, ya que no tenía que preparar los pigmentos en el taller, sino que los llevaba consigo. Entonces prolifera la pintura en los exteriores, prueba de eso son los pintores que empiezan a aventurarse fuera de su estudio, poco a poco desde el principio del XIX, ya que el tubo de pintura fue patentado en 1811 y producido en masa desde 1840. Pero este no fue el único beneficio de los pigmentos industrializados, ya que la paleta de color se expandió y se vendían decenas de colores diferentes, pero además eran colores estables.

A su vez, voy a señalar otro hecho importante, esto tiene que ver con los nuevos inventos fotográficos y cómo incidió en la pintura del s XIX. En 1837-39 Daguerre y Niépce inventan un proceso fotográfico llamado daguerrotipo, que cambia la historia de la humanidad. En cuanto al impacto que tuvo en las artes plásticas podemos señalar: por un lado, que fue un instrumento que le facilitó labor a algunos, como Manet y Courbet que se valieron de ella, aunque no siempre lo quisieron reconocer. Por otro lado, también surgió lo que se podría llamar una mirada fotográfica (o sea la manera de cómo las lentes enfocan un paisaje, por ejemplo). Pero también hay un hecho insoslayable, la fotografía liberó al pintor. ¿cómo?, pues lo liberó de tener que ser el que plasmaba la realidad que todos querían, para dedicarse a ser creador a su gusto. Ya por fin el pintor no tenía que ser el retratista de una sociedad como esa sociedad lo exigía, porque ahí estaba su señoría la cámara fotográfica.

El nuevo invento, ocasionó una gran variedad de reacciones, desde las críticas más lapidarias, como las protagonizadas por Baudelaire en el Salón de 1859, hasta los elogios más apasionados de la mano de Delacroix, quien inclusive fue socio fundador de la Primera Sociedad Fotográfica de Francia. Lo cierto es que nadie quedó indiferente al fenómeno fotográfico…

Debo aclarar que Baudelaire está muy ligado a la fotografía, pero ya hablaremos de eso.

Existe una relación entre Baudelaire con los artistas de su época, ya que la pintura y la literatura estaban muy relacionadas en el París de la segunda mitad del XIX. Fue un momento prodigioso en la historia de la cultura. Una serie de jóvenes artistas como Manet, Monet, Courbet o Cézanne, empezaban a subvertir las reglas de la pintura de la época y coinciden con escritores como Zola, Huysmans o Flaubert que no solo proponen, a su vez, sus propias fórmulas literarias, sino que se interesan mucho por lo que sucede en el arte de su tiempo.

El ensayo El pintor de la vida moderna, que publica Baudelaire, se podría decir que es la obra literaria con la que empieza a formarse esa extraña categoría de lo moderno. La idea de lo moderno era algo relativamente exótico en ese tiempo, una palabra nueva que para Baudelaire alude a un nuevo tipo de sensibilidad de comprender las cosas. Podemos decir que Baudelaire no solo ofreció una visión sobre la estética, sino que fue un pensador.

Baudelaire comenzó su carrera literaria como periodista, precisamente en el campo de la crítica de arte y de salón, que se desarrolló mucho en el siglo XIX. Los primeros textos que Baudelaire escribió en los años de la década de 1840, son precisamente crónicas de esos famosos salones anuales, liderados por la Academia Francesa, en donde exponen los pintores contemporáneos.

Los escritos críticos de Baudelaire dan cuenta de las mutaciones que se operan en una época de gran efervescencia artística, y sobretodo dan cuenta de la mutación del romanticismo al impresionismo. Baudelaire descubre la modernidad y los lenguajes artísticos de una nueva generación liderada por Manet, sin embargo, Baudelaire no le reconoce este papel a Manet, sino que se empecina en escribir sobre un pintor poco conocido llamado Constantin Guys, que el autor nombra como señor G.

En el caso de Eugene Delacroix, los artículos críticos que escribe sobre pintura, le sirven para exponer sus ideas referentes a las relaciones mutuas de las distintas artes, sus límites, el valor moral del arte y algunos otros conceptos, que difieren en algunos casos del punto de vista de Baudelaire.

Baudelaire es retratado numerosas veces. Corre el año 1844 cuando Emile Isidore Deroy  hace un atrevido retrato de Baudelaire en el que se muestra en una pose poco común, una mano en la sien y la otra asida con fuerza a la silla. Su mirada directa hacia el espectador y una mirada inquisidora…Este retrato está en el castillo de Versalles.

También realiza un sketch a lápiz de grafito para dicha pintura que tiene toda la fuerza de un dibujo realizado frente al modelo y en el que imprime la energía del mismo.

A partir de estos retratos, Charles Asselineau realiza un grabado en honor a Baudelaire y que es impreso en 1869 por Bracquemond.

También algunos artistas de la época pintan a las mujeres alrededor del escritor, Vincent Vidal, pinta a Madame Apollonie Sabatier, quien fuera amante de Baudelaire desde 1852. En 1854 éste le escribe una carta que se hizo famosa.

Courbet pinta L’Atelier du peintre. Allégorie Réelle déterminant une phase de sept années de ma vie artistique (et morale). Esta obra la pinta para la Exposición Universal de París de 1855 y fue rechazada por el jurado. Entonces Courbet, monta una exposición paralela que llama El Pabellón del Realismo, que fue realmente un antecesor de los Salones de los rechazados de los Impresionistas. Bueno, realmente en esta obra también aparece Baudelaire. El pintor divide el inmenso cuadro en tres secciones, a la izquierda figuras de todos los niveles de la sociedad, al centro el pintor con su modelo y el niño (realmente representan los espectadores ideales), a la derecha amigos del pintor, entre ellos Baudelaire leyendo.

También, Courbet hace otra pintura de Baudelaire que es otra versión del que aparece en el L’Atelier du peintre. En todo caso, vemos que el cuadro de Courbet tiene muchos niveles de lectura. Podríamos pensar que una obra como esta puede haber inspirado a otros, como es el caso de Manet.

Thomas Couture pinta a Baudelaire con Apollonie Sabatier en 1860 en una atrevida pose.

En 1862 Manet pinta a la amante de Baudelaire, Jeanne Duval que en esos años estaba casi ciega de la sífilis. Baudelaire se había enamorado de esta mulata veinte años atrás, la llamaba la Venus negra, y fue desde el principio una relación tormentosa en la que se suceden engaños y extorsiones económicas.

También en ese año Manet realiza un dibujo de Baudelaire en donde aparece de perfil, pareciera un bosquejo para su retrato en el cuadro de Las Tullerías que pinta dos años después

1864, Música en las Tullerías, es una apuesta decidida por la modernidad pictórica de Manet, ya que los Jardines de las Tullerías se abrieron al público en esta época y se convirtieron en el lugar por excelencia de la eclosión de la vida mundana de entonces.  En este retrato colectivo figuran, músicos, pintores, poetas y el mismo Baudelaire, debemos admitir que aparece con una cara un poco borrada y habrá de preguntarse si esto tiene que ver con los escritos que Baudelaire sobre pintura.

Ese mismo año de 1864, Henri Fantin-Latour realiza un retrato colectivo que es un homenaje al pintor Delacroix. Entre los 10 retratados está Charles Baudelaire. De izquierda a derecha están: Louis Duranty, Fantin Latour en camisa, Jules Champfleury y Baudelaire. De pie: Louis Cordier, Alphonse Legros, James MacNeill Whistler, Édouard Manet, Felix Bracquemond y Albert Balleroy. Interesantísima composición de uno de sus cuatro obras dedicadas al arte, el homenajeado al centro enmarcado en dorado, el resto en dos líneas horizontales, y a pesar de las diferencias de tamaño de los personajes, los coloca a todos a la misma altura.

Un año después de muerto el Baudelaire, en 1868, Manet realiza un retrato en grabado. Lo hace inspirándose en una fotografía de Nadar.

Otra obra del pintor Fantin Latour fue dedicada al grupo del Parnaso y el artista la llama Coin de table (1872). Según se dice, esta pintura iba a ser dedicada a Baudelaire que murió 5 años antes, sin embargo a última hora el pintor no lo hace. De pie están Bonnier, Blemont y Aicard. Sentados: Verlaine, Rimbaud, Valade, d´Hervilly y Pelletan, todos los poetas vestidos de negro, de color el político Pelletan.

En su Fasceta de crítico de arte, el joven Baudelaire recorrió los salones del París decimonónico, haciéndose un nombre como crítico de artes plásticas. El Salón de 1845, es su primera crítica artística y un esfuerzo de Baudelaire por desprenderse del peso de la tradición con el fin de lograr ver con sus propios ojos las obras de arte, y poder, de este modo, juzgar por sí mismo. Por esa razón esta crítica llamó la atención de sus contemporáneos.

A su vez, con su crítica del Salón de 1846, logra llevar a la fama a Delacroix (pintor, entonces todavía muy discutido) e impuso la moderna concepción estética de su autor. Delacroix es considerado por Baudelaire un poeta en pintura y el arte para este pintor, según Baudelaire procede del recuerdo; traduce los estados excepcionales del alma. No se define por los temas que describe sino por las sensaciones y las imágenes que sugiere. Para él, es un arte que comunica y transforma el estado anímico del espectador mediante el uso de un lenguaje sugestivo. 

En ese Salon de 1846, Baudelaire también elogió el arte del dibujo de Ingres ya que considera una cualidad la rapidez de ejecución, además considera la línea y el color como elementos que no se excluyen mutuamente, sino que son aspectos complementarios del arte moderno.

En el artículo la Exposición Universal de 1855, el escritor define la pintura como “una evocación, una operación mágica”, y desarrolla con mayor profundidad la antítesis que existe entre el arte del dibujante Ingres y el arte del colorista Delacroix.

Otros artículos y ensayos sobre las artes plásticas serán: L’Art romantique escrito en 1852, pero publicado mucho después. El Salón de 1859 y L’œuvre et la vie d’Eugène Delacroix en 1863.

El pintor de la vida moderna, es un interesante ensayo que escribe Charles Baudelaire a partir de 1859 y publicado en tres partes en Le Figaro entre 1859 y 1860. Como texto completo se publica en 1863. En éste, Baudelaire, decía que el pintor debía captar las imágenes vitales, narrativas y fugaces de la ciudad contemporánea (tal vez se refería a la fotografía, como a menudo lo hace en este escrito). Los pintores y literatos van a tomar como modelo la calle, en donde la multitud se revela como verdadero protagonista de la ciudad moderna tomando como modelo el París del barón de Haussmann, que da paso de la ciudad medieval a la ciudad del II Imperio. Su simpatía por la sociedad que le era contemporánea se extendía a todas las clases sociales y ocupaciones, y en su opinión, nada debía resistirse al pintor de la vida moderna, por aparentemente insignificante que fuera, inclusive la fluidez, volatilidad y el movimiento. Según Baudelaire, el pintor de la vida moderna debía hurtar sus imágenes al cosmos de la ciudad contemporánea, para esto utilizó como escusa a un pintor que nunca sobresalió, llamado Constantine Guys, acuarelista e ilustrador que solía inmortalizar ceremonias militares y otros acontecimientos mundanos. Esto nos sorprende ya que, a nuestros ojos, sería Manet el que representaba este ideal de pintor de la vida moderna. Y también nos preguntamos del ¿porqué Baudelaire que estaba tan ligado a pintores de la talla de Courbet y Manet, escogió como emblema a este ilustrador?

La fotografía es parte de la revolución estética de mediados del XIX, así es que la fotografía está muy presente en lo que ocurre en torno a Baudelaire. Aunque en un principio fueron lapidarias sus apreciaciones, él siguió todos los debates de la época sobre si la fotografía debía considerarse un arte o un procedimiento mecánico, y todo lo que se hablaba al respecto.  A los personajes del s XIX les asustaba la fotografía como sucede siempre que aparece algún avance técnico. Pero los sedujo. Lo importante es que las propias imágenes cambiaron de situación en la sociedad. Hoy podemos valorar la tremenda importancia que esto tuvo, pero en aquellos años poca gente, además de Baudelaire, se dio cuenta.

Nadar fue el seudónimo que utilizó Gaspard-Félix Tournachon, pionero de la especialidad de la fotografía de retrato, él y Baudelaire tienen una estrecha relación que se muestra en parte por los numerosos retratos que éste realiza del escritor.

Alrededor de 1855 toma fotos del dandi Baudelaire, una recostado a una pared y la otra en un sillón con una mano den la cara. Imprime los negativos de vidrio al colodión sobre papel salado.

Entre 1854 y 1860 Nadar fotografía al escritor en una pose desenfadada, manos entre las bolsas y chaleco desabotonado.

También realiza varios retratos de Jeanne Duval.

En 1863 Étienne Carjat realiza un retrato fotográfico de Baudelaire. Carjat junto a varios de sus amigos, rápidamente se interesó por el nuevo invento que estaba de moda, la fotografía, y pudo retratar a los grandes escritores, pintores y músicos que integraban su círculo. Gracias a eso tenemos imágenes interesantísimas de Baudelaire, Rimbaud, Victor Hugo, Bizet, y muchos otros que no dejaban de posar para Carjat o su contrincnte Nadar.

El fotógrafo Charles Neyth le hace en 1864 un magnífico retrato fotográfico en el que aparece cigarro en mano y una mirada que nos ausculta. A pesar de que en esta época Baudelaire tiene 43 años, su apariencia es de un anciano. A partir de esta fotografía Felix Vallotton hará una pintura en 1901.

En 1869 Charles Asselineau, uno de los pocos amigos íntimos de Baudelaire, hace un grabado a partir de la obra de Deroy “A Baudelaire”. Este gravado también lo imprime Bracquemond.

Muchas son las obras realizadas por artistas en honor a Baudelaire. Pero ahora debemos abocarnos a algo que es esencial cuando abordamos a este artista modernista e integral, su propia obra plástica.

Baudelaire no ignoraba la potencia de las imágenes y dedicó su vida entera a fabricarlas, a veces con palabras, a veces con pinceles y colores. Muy pronto, al menos desde 1846, sus amigos se dedicaron a coleccionarlas y esto fue lo que salvó parte de esta obra plástica del escritor.

A la muerte del poeta, Poulet-Malassis, su editor, recogió en un cuaderno todos los dibujos en los que Baudelaire se retrató a sí mismo. Ese cuaderno, después de años y de complejos azares, llegó a las manos de Gaston Gallimard, quien publicó en marzo de 1927 algunos de esos dibujos bajo la forma de un lujoso álbum de trescientos ejemplares.

Armand Godoy, poeta cubano, compró a amigos y curiosos todos los dibujos de Baudelaire; pero, después de una subasta pública realizada en 1988 en el Hôtel Drout, la colección fue destruida. Desde entonces todos los dibujos están dispersos y de algunos se ha perdido todo rastro. Tiempo después Gallimard decidió publicar una edición que recoge la totalidad de los dibujos de Baudelaire. 

Son retratos de Jeanne, Anne Duval y Asselineau.

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