Macarena Barahona: Crímenes del 48

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Macarena Barahona Riera, Poeta y catedrática de la Universidad de Costa Rica.

Para que la sociedad costarricense construya su destino con hilo más justo de su historia, en honor a los hombres y mujeres que han dando de sí sus mejores capacidades para el pueblo costarricense, y han dando de sí, hasta la vida misma. Debe saber y valorar a  costarricenses que murieron en la guerra civil, los que murieron en combates, que rondan los 2000, los que murieron en emboscadas, como los del crimen de la Cangreja, en el Cerro de la  Muerte, los de prisioneros políticos de el conocido Crimen de el Codo de el Diablo de Turrialba.

Una sociedad está enferma, cuando convive su presente entre muertos de fosas comunes y crímenes silenciados.

La  sociedad democrática a nivel mundial se expresa en el repudio general a estas inhumanas situaciones,ocultar de los textos educativos y de los panegíricos de los vencedores , no diluye a las víctimas, lo contrario, las vuelve majestuosas en su dignidad humana y trascendente, nos relatan en fin de una guerra civil desde sus fosas, a la espera de sus exhumaciones y justicias.

Las fosas del 48 están dispersas en los lugares donde fueron ultimados, muchos heridos fueron rematados, según los mismos vencedores en sinceros relatos de combatientes del Archivo Nacional, y testimonios publicados, [Barahona. Documentos de 1948. Editorial Costa Rica]

Las víctimas del crimen del Codo del Diablo, un diputado electo, dirigentes del partido proscrito y dirigentes de también sindicatos proscritos, dan un terrible muestrario de esos días, los vencedores en sus fiestas de poder y gloria, cachuchas y buenos negocios, y los proscritos, diputados, dirigentes de partido y de sindicatos, cárcel, destierros, y muerte. Estas víctimas, que hoy se conmemora los 71 años de sus asesinatos, se han convertido en la verdad oculta de los vencedores, son cadáveres que hablan y defienden desde sus tumbas en el cementerio Obrero, sus derechos violados, sus vidas segadas , sus compromisos con el pueblo trabajador,  con un concepto de patria, superior a sus hijos homicidas, que nunca fueron encontrados, ellos nos narran de injusticia y pendientes de una sociedad política y económica que en la mentira, el silencio, la tergiversación y el oportunismo construyó un relato alterno y de falacias donde los derechos humanos de sus. Íntimas fueron ultimados en sus integridades físicas y morales.  La persecución, el pillaje, la vendetta, el escarnio público a mujeres y hombres, a maestras, maestros profesoras universitarias, profesores universitarios, sucedió sin que fueron considerados oprobiosos y humillantes ante las consideraciones de derechos humanos y trató de prisioneros políticos.

En este aniversario de la muerte de estas víctimas, creo que la sociedad cultural debe repensar, y como en otros países sucede, pedir disculpas, a través de las autoridades institucionales, por el trato oprobioso del que fueron objeto tanto funcionario académico y del magisterio, por lo inhumano del crimen de los prisioneros políticos, un resarcimiento público a sus descendientes de parte del Ministerio de Justicia, gestos públicos que enarbolan  decencia y compensen el silencio y la complicidad.

 


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