Editorial URUK.2024 de Arabela Salaverry.

Macarena Barahona Riera, Poeta y catedrática de la Universidad de Costa Rica.

El sonido de este texto es una música que se expande tras las letras de unas cuerdas vibrantes, que abren el corazón de la memoria y del recuerdo.

Es una música que enerva, que presagia desastres, que hace un ruido sordo de dolor, de desencuentros, de miedos, de sombras perdidas, de las niñas tristes y solitarias.

El camino de la memoria de las mujeres es el camino de recuerdos, de la reconstrucción, de la búsqueda de una identidad anhelada; en la reconstrucción de una identidad que siempre será dolorosa.

Porque las mujeres, situadas en puertos equivocados, forzadas y violentadas, cuando se vuelve a ese nuevo puerto, lleno de sueños, tenemos que perdonarnos, y volver a ver a las y los ancestros con sus corazas, sus dolores, sus quejidos, sus retos.

Sí creo necesario, en esa búsqueda de identidad, en la destrucción de esos exilios, de los mandatos sociales y familiares, el necesario ejercicio que hace este monólogo, en una forma de magia: la literatura al colocar en la palabra, las palabras catárticas de este texto: “Nosotras las que somos”.

Considero que el ejercicio de la reconstrucción de la memoria pasa por el perdón, un perdón que libera.

Si en la relación principal de la vida, madre e hijo, es el vínculo que se construye, un vínculo doloroso el de la madre joven divorciada con su hija, como bien lo escribe Arabella, la niña crecerá buscando aferrarse a su madre; pero subordinada a ese afecto o ese débil afecto, en un afán de proteger el origen que es protegerse a sí misma.

En esta lectura me ha embargado un desasosiego, de tristeza e indignación, por tantas violencias vividas, por ambos personajes, las mujeres no hemos tenido de los mismos derechos en la repartición de los bienes de herencias materiales, de las libertades usufructuadas por varones, en contra de los derechos de hermanas, de mujeres e hijas.

Queda este testimonio rotundo de lo arrebatado materialmente en una generación, emocionalmente en otra generación.

Una cachorra de tigre se mueve por los sueños y la trama de la vida de estas dos mujeres madre e hija, si hay una cachorra de tigre, también hay una Tigra grande dando vueltas buscándola. Buscándose.

Se convierten en tigres las mujeres perdidas de sí mismas, una hija pierde a su madre, una madre pierde a su hija, aquí vamos dando vueltas al cuerpo de la mujer.

Aquí hay un jurado, somos sólo nosotros que somos, nos dice repetidas veces, nos dice la escritora, dice enfáticamente:  es un plural que amamos en verlos crecer, amorosamente libre el buscador de felicidades. Pero no, este texto no es feliz, lo feliz es que se construye la memoria dolorosamente arrebatada por el calor, por los zancudos, las lluvias, la humedad de casas destruidas, de familiares agresores, de acosos, pero es una identidad que duele, creándose y libera.

Una y otra mujer en algún espejo turbio abandonado en el desván de otros tiempos, donde sus cuerpos y sus deseos son difusos, se han tergiversado las sombras y las siluetas de quién es una, de quien es la otra.

El territorio del cuerpo de la belleza del deseo sexual, erótico, amoroso, dando vueltas como animal enjaulado en el cuerpo de la joven dando vueltas sofocado sin poder expresarse sin poder salir libremente, negándose violentándose y sin escapatoria, confundida, hasta hacer una paz o una tregua, con su ancestro.

El ojo libidinoso del patriarcado, tendiendo el cerco a la niña, a la niña objeto, a la niña erótica, en la mirada perversa del patriarcado.

Aquí no hay perdón, aquí no se puede negociar. El camino es proseguir, acomodar las penas, en nuestra mochila de alma y proseguir.

Soñando, como un sueño de la autora, como sueña la joven niña, “la personaje”, en su propio vínculo, el que crece en su vientre; va a proveer de mejores vínculos de amor de mejores procesos de identidad y luz, porque, al fin y al cabo, somos memoria y también somos historia que se construye, que está en proceso.

Ese es el camino de las nuevas identidades de las mujeres, un camino que no debemos permitir que haya jamás un retroceso porque sí, es cierto, si somos nosotras las que somos.

Y como en un concierto, la música se expande en el caparazón de los cangrejos, que danzan al lado del mar, custodios de si, salen y vuelven, construyen, volver al hogar, hacer un hogar, hacerse una misma, frente a tu hogar derruido, otro nuevo, con la música del trópico y el oleaje sin orfandades.

Macarena Barahona

Por Macarena Barahona

Catedrática universitaria, se dedica a la docencia e investigación de temas culturales, políticos y de las humanidades en la Universidad de Costa Rica. Realizo estudios de letras y ciencias sociales en España y Costa Rica. En la Universidad Complutense  de Madrid se doctoró en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, en la Universidad de La Salle de Costa Rica se graduó en el Doctorado en Educación, Licenciada en sociología de la Universidad de Costa Rica. Escritora, docente, ensayista y columnista de prensa del periódico costarricense La República desde 1998 e integrante del Consejo Editorial de La Revista CR.  Naturista y viajera.