Manuel Rojas: El año que irrumpió la COVID-19

Seguimos alimentando quimeras, como la rápida recuperación del turismo, pero las ideas innovadoras siguen todavía en la marginalidad, esperando las condiciones apropiadas para que puedan entrar en los ámbitos oficiales donde se toman las decisiones en materia de política económica y social.

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Manuel Rojas Bolaños, Sociólogo, Politólogo (Dr.).

Me parece increible: estamos en setiembre. Los meses que faltan para finalizar 2020 se irán corriendo y pronto estaremos en 2021. ¿Con pandemia? Hasta ahora nada indica lo contrario.  Tendremos que agregar un nuevo ingrediente este año al tradicional tamal navideño, que le dará un sabor un tanto amargo.

No sabemos si estaremos peor o mejor que ahora. La apertura que se anuncia oscurece aún más el horizonte, con signos de interrogación sobre la salud, la convivencia social, la política y la economía de este país. Lo esperable, me parece, es una situación similar a la de otros países:  aperturas, rebrotes, cierres, y va de nuevo. Una vacuna eficaz seguramente cambiará un poco el panorama, pero no inmediatamente. Bajará la incidencia del contagio, suponiendo que la vacuna (alguna de ellas) funcione, pero el virus SARS-Cov-2 seguirá circulando como tantos otros que nos acompañan.

La última encuesta del CIEP, de la UCR, indica un gran apoyo ciudadano a la mayoría de las medidas sanitarias impulsadas por el gobierno; no sucede lo mismo con otras restricciones y con las medidas de reactivación económica. Al Presidente se le escurrrió entre los dedos el considerable aumento del apoyo político logrado al inicio del azote, volviendo a los bajos niveles de aprobación anteriores. Sus intervenciones públicas se sitúan en un aparente nivel de generalidad, intentando llegar a un conjunto que carece de homogeneidad, a un país que no existe y por tanto el mensaje presidencial no cala en amplios sectores de la totalidad social.

En lo social y lo político el consenso está roto y el gobierno se mueve entre “tiras y encoges”, dependiendo de la fortaleza del “lobby” de sectores y grupos diversos, con el aparente predominio de la visión empresarial de reacción ante la pandemia. Bajar el gasto público, vender instituciones, disminuir el empleo público y rebajar salarios, son las mismas recetas que siempre se prescriben al paciente “estado”, sin tomar en cuenta las particularidades de la situación, sobre todo en el plano internacional.

Seguimos alimentando quimeras, como la rápida recuperación del turismo, pero las ideas innovadoras siguen todavía en la marginalidad, esperando las condiciones apropiadas para que puedan entrar en los ámbitos oficiales donde se toman las decisiones en materia de política económica y social. Las anunciadas aperturas de diálogo no son las buscadas y por tanto su alcance sumamente limitado. Los medios solamente señalan a unos pocos sectores que se quejan de exclusión.

Todavía estamos lejos de una discusión nacional, inter sectorial, sobre cómo aprovechar la crisis para avanzar hacia una sociedad fortalecida en su conjunto, es decir, menos desigual económica y socialmente, con mayores fortalezas sanitarias para enfrentar con éxito situaciones como la que vivimos, y con defensas suficientes para sobrevivir a los colapsos periódicos de la economía mundial.

 

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