Manuel Rojas: La vacuna y el regreso a la vieja normalidad

El gobierno, la Asamblea Legislativa y los grupos de poder económico tienen que cambiar rápidamente su óptica, a no ser que estemos esperando que una vacuna nos regrese pronto a la vieja normalidad, idealizada por muchos, pero injusta para la mayoría.

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Manuel Rojas Bolaños, Sociólogo, Politólogo (Dr.).

Los anuncios de éxito en los primeros ensayos de varias vacunas contra el virus que provoca la COVID-19, ciertamente encienden una luz en el túnel dentro del que nos encontramos. Una luz débil todavía, pero una luz al fin. Otra luz la ha encendido la noticia de que el Instituto Clodomiro Picado, de la Universidad de Costa Rica, ha desarrollado un tratamiento eficaz contra la enfermedad, obtenido del suero de caballos inoculados con proteínas contra el virus.
Por supuesto que todavía es incierta la fecha en que se iniciará la producción masiva de las vacunas, la forma en que se distribuirán y el costo individual de las dosis. No se sabe tampoco si una dosis basta para alcanzar una inmunidad sostenida o si son necesaria varias aplicaciones. Y poco se conoce sobre los efectos secundarios negativos que puedan provocar.  Los ensayos masivos iniciados o a punto de hacerlo, dirán la última palabra.
Lamentablemente hemos visto como los países del norte tratan de asegurarse el acceso privilegiado a millones de dosis, con Estados Unidos e Inglaterra a la cabeza.  Esos países, los de Europa y buena parte de Asia Oriental serán entonces los primeros en recibir los beneficios de la vacunación extendida contra el virus. América Latina y África serán los últimos.
La situación podría variar significativamente si en lugar de una o dos vacunas exitosas, se logran fabricar 5 o 6 en varios países y regiones del mundo, incluyendo Rusia y China. La producción masiva de dosis podría incrementarse y quizás de esa manera nos lleguen más rápido a esta región y a este país, y a precios accesibles. Porque algunos de los laboratorios han dicho que de ninguna manera venderán sus vacunas a precio de costo, a pesar de que varios de ellos han recibido cuantiosas sumas de dinero provenientes de fondos públicos.
Así que con suerte, alguna vacuna llegará a estas tierras a fines de 2021 o quizás mucho más tarde. Es de esperar que los nacionales con recursos procurarán viajar a algún lugar en el norte en busca de una dosis que los ponga salvo de una enfermedad que sin vacunas seguirá extendiéndose irremediablemente, según aseguran los expertos.
Y mientras tanto, ¿qué hacemos? Porque los serios problemas sociales y económicos que ha develado, provocado o agravado la pandemia seguirán presentes, demandando solución. Con COVID-19 o sin ella no podemos seguir ocultando o ignorando la realidad de la desigualdad social, la pobreza, el desempleo, las falencias en la educación pública, la migración estacional en condiciones laborales y sanitarias inaceptables, y muchos pero muchos más problemas sociales, económicos y también políticos. Como en el cuento de Hans Christian Andersen, la desnudez del emperador ha quedado en evidencia.
Propuestas de solución no faltan, empezando por las gubernamentales, pero en casi todas, como es de esperar, resaltan los intereses particulares. Nos estamos hundiendo y, por ahora,  todos tratan de salvarse, sin que importe mucho el destino de los demás. Por supuesto que los pasajeros de primera tratan también de ser los primeros en abordar las balsas salvavidas, dejando los pocos lugares que sobran a los de las otras cubiertas.
Pero este no es un barco que podemos abandonar así nomás; es un país, una sociedad, un territorio donde convivimos y donde hay lazos de interdependencia que no podemos dejar atrás fácilmente. Al final de cuentas nos necesitamos los unos a los otros, aunque no lo aceptemos. El problema es que hasta ahora esa interrelación ha arrojado resultados desiguales para los participantes.
Por tanto, lo justo es que todas las personas de este país carguen desigualmente con el peso de la solución a la crisis provocada por la enfermedad. Es decir, quienes están arriba de la escala de ingresos, y disfrutan de excepcionales condiciones de vida, tienen que contribuir mayormente. No podemos salir adelante únicamente a costa del sacrificio de los asalariados del sector público y reduciendo a troche y moche los gastos gubernamentales, agravando finalmente las condiciones de vida de los sectores de medios y bajos ingresos, y, en general la economía del país. Porque reducir los ingresos de esos sectores significa achicar su consumo y, por tanto, la quiebra de una serie de negocios proveedores de mercancías y servicios. La medicina, entonces, puede terminar matando al paciente.
El gobierno, la Asamblea Legislativa y los grupos de poder económico tienen que cambiar rápidamente su óptica, a no ser que estemos esperando que una vacuna nos regrese pronto a la vieja normalidad, idealizada por muchos, pero injusta para la mayoría.

 


Manuel Rojas Bolaños. Doctorado en Sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesor investigador de la Sede Académica de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, en Costa Rica (FLACSO-CR), y profesor de la Maestría Centroamericana en Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica., 1974-1978. Ex Embajador en Chile.

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