María de Lourdes Bejarano Almada.

El día de hoy nos encontramos reunidos en un lugar mágico que nos invita a soñar y a dejar volar nuestra imaginación. Por ello, quiero que cerremos los ojos por un momento y pensemos cómo sería un mundo sin escritura. ¿Es difícil no creen?

Muchos pensarían que la información se pasaría de forma oral y seríamos capaces de recordar todo, pero eso es una falacia. La trasmisión por medio del lenguaje tiene sus limitaciones ya que el mensaje se va trastocando conforme pasa de una persona a otra, ya no digamos de generación en generación.

Regresando a nuestro supuesto, de que no hubiera escritura, ¿cómo sabríamos que en alguna época existieron los hinocintes, los genyornis o que la gente vivió en cuevas? Sí, es cierto, contamos con el dato arqueológico, pero no tendríamos sus maravillosas representaciones en lugares de refugio y donde realizaban rituales.

¿Cómo sabríamos de Hammurabi? ¿Cómo sería nuestra división de las horas y los minutos sin el conocimiento de los mesopotámicos? El nombre de Asurbanipal estaría perdido y su gran biblioteca, junto con sus conocimientos, nunca hubieran existido. El desarrollo de las grandes ciudades hubiera sido imposible debido a que no habría manera de llevar un recuento del comercio, del tributo o del gobierno.

Tampoco sabríamos de los egipcios, de sus monarcas, deidades y su mundo de los muertos. Su gran Biblioteca de Alejandría no hubiera existido. Tendríamos, tal vez, pirámides monumentales que no sabríamos ni cuando, ni para qué fueron construidas, tampoco conoceríamos los nombres de reyes ahí sepultados… posiblemente no sabríamos nada.

Los avances extraordinarios realizados por el pueblo chino en cuanto a la elaboración del papel, la imprenta, conocimientos náuticos y agrícolas se hubieran perdido junto con sus saberes astronómicos, matemáticos y astrológicos.

El registro de la filosofía india y su espiritualidad habría quedado en las mentes de unos cuantos y hubiera desaparecido al paso del tiempo.

¿Cómo nos enteraríamos de la existencia de deidades como Quetzalcóatl, Tlaloc, Huitzilopochtli que protegían a los mesoamericanos y fueron honrados de todas las maneras posibles? ¿Cómo sabríamos de Mictlantecuhtli señor del inframundo y de su esposa Mictecacihuatl? ¿Cómo saber de los rumbos del universo y de la relación tan estrecha del hombre con su medio? ¿Cómo averiguar de sus costumbres y religión? ¿Cómo nos enteraríamos de las intrigas palaciegas y sus consecuencias? ¿Cómo entenderíamos los tezahuites que presagiaban la llegada de los españoles?

Sin escritura, no existirían los Rollos del Mar Muerto, la Biblia, el Talmud o el Coran. Tampoco sabríamos de Platón y su República; de Darwin y su origen de las especies; de Homero y su Ilíada y Odisea; de la disyuntiva de ser o no ser de Hamlet; del Príncipe de Maquiavelo y sus instrucciones para poderosos sin escrúpulos; de las Mil y una noches y su mágico mundo árabe; de la Divina Comedia de Dante; jamás nos enteraríamos de la terrible historia de Ana Frank y su familia; de la interpretación de los sueños de Freud; tampoco existiría Fausto y su pacto demoniaco; los principios matemáticos de Newton tendrían que hacerse mentalmente; la guerra y la paz requeriría de mentes prodigiosas para recordarla completa; no nos enteraríamos de cuál era el secreto de la eterna juventud de Dorian Grey; ¿cómo se resolverían los casos sin Sherlock y Watson?; la salvadora lista de Schindler no hubiera existido; el feminismo de Simone de Beauvoir ya hubiera desaparecido; ¿se imaginan recordar de memoria todos los personajes de cien años de soledad? La respuesta de Kant de qué sería de nosotros sin la metafísica sería casi imposible de entender; ¿cómo definir nuestras sociedades sin Kafka? ¿Cómo entender el arte de la guerra sin Sun Tzu?

La literatura infantil y juvenil no existiría y con ella desaparecerían personajes tan cercanos a nosotros como Peter Pan, Blanca Nieves, Caperucita y el lobo feroz, Cenicienta, Alicia y el Sr. Conejo o los tres chanchitos, no aprenderíamos de la experiencia de Scrooge y sus tres apariciones; no seríamos testigos de la historia de amor entre el joven pastor de bueyes Niu Lang y el hada tejedora Zhi Nu, personajes identificados con las estrellas, Altair y Vega, que pueden verse juntas en el cielo estival chino. ¡Harry Potter, Germione y Ron! no existirían y con ellos su mundo mágico.

Perderíamos a una Julieta enamorada; un cachalote blanco llamado Movy Dick; un caballero como Lancelot; al temible Drácula; a Dorothy y su Mago de Oz; no nos apasionaríamos con el viaje a la luna de Verne o de las aventuras en el fondo del mar; la humanización de Pinocho tras la búsqueda de su padre quedaría en el olvido, no sabríamos de los piratas y su isla del tesoro, sí, la famosa Isla del Coco; las andanzas e idealismo de Don Quijote y su fiel escudero serían desconocidas por nosotros; no habríamos aprendido del Principito que “lo esencial es invisible a los ojos”.

¿A qué se hubieran dedicado Charles Dickens, Agatha Christie, Isabel Allende, Shakespeare, Gabriel García Márquez, Miguel de Cervantes, Wu Cheng’en, José León Sánchez, Stephen King, Jorge Luis Borges, Oscar Wilde, Sun Tzu, Edgar Allan Poe, Carmen Lyra, Ernest Hemingway, Julio Verne, Víctor Hugo, Dostoyevski, Federico García Lorca, Joaquín García Monge, Rowling, Mark Twain, Liu Zhen yun, Octavio Paz, Dante, Paulo Coelho, Carlos Luis Fallas, Miguel de Unamuno, Juan Rulfo, Jorge de Bravo, Laura Esquivel, Yolanda Oreamuno y otros miles de escritores extraordinarios diseminados alrededor del mundo en todas las épocas?

No tendríamos registro de los hechos históricos, de la cartografía, de todo lo relacionado con los números, no existirían los pentagramas y las grandes obras musicales habrían sucumbido.

Las cartas de amor, hoy en desuso, jamás se habrían escrito y los grandes romances de la historia hubieran tenido otro giro. Tampoco habrían existido las declaraciones de guerra, los documentos robados por los espías o los manuscritos clasificados que tanto aparecen en el cine.

No habría dispositivos para mandar mensajes, es decir, no existiría el WhatsApp, Instagram, Facebook, Twitter, etc. Es cierto que hace unos años no existían, pero teníamos formas de comunicarnos como cartas, recados y telégrafo para interactuar.

La escritura, ha sido, por tanto, una herramienta indispensable, producto de una necesidad espiritual en la que se incluían conjuros mágicos, encantamientos, plegarias, cantos y normas morales para una mejor convivencia. De la necesidad de registrar el tiempo y con ello los fenómenos astronómicos, los calendarios solar y lunar, las semanas, los días y los años. La necesidad de registrar la producción y el tributo. La necesidad de ordenar y administrar las sociedades y la necesidad de planear estratégicamente batallas y situarlas dentro de un espacio geográfico a través de la cartografía.

Por eso los dioses fueron benévolos con los hombres y les dieron la escritura. En cada una de estas sociedades donde se reconoce hubo una forma espontánea de escritura, también hubo una deidad y por ello, en todas ellas se le reconoce como un elemento sagrado.

Su soporte fue el que tenían a la mano: piedra, arcilla, papiro, caparazones de tortuga, seda, jade, bronce, hierro, vasijas, tabletas de cobre, amuletos, pieles de animales, cerámica, papel amate y maguey, entre otros.

Usaron sellos, cuñas, pinceles de diferente grosor y de pelo de conejo para plasmar sus dibujos.

Los tintes variaron según la región, pero siempre basándose en productos naturales como plantas (añil), minerales como el carbón y animales como la grana cochinilla o el caracol púrpura. Incluso en algunas de estas sociedades el color tenía una carga mágica o simbólica como el rojo para los chinos [belleza, hermosura, prosperidad], y el azul “turquesa”, como símbolo de señorío para los mesoamericanos. El color formaba parte de su escritura y se consideraba al leer una imagen.

Fue tan importante la escritura en Mesopotamia, Egipto, China, India y Mesoamérica que el escriba era una persona altamente especializada y reconocida en la comunidad. Su poder residía en su cercanía con los grupos de poder, por lo mismo, conocían secretos para muchos ocultos y en la mayoría de los casos los gobernantes tenían plena confianza en ellos por su propio desconocimiento de la escritura.

El desarrollo de cada una de estas escrituras se vio alterado por toda clase de eventos históricos que las llevaron a su modificación, desaparición o a quedar atrapadas en cuevas, piedras, tumbas, papiros, telas o códices, esperando pacientemente a ser rescatadas del olvido por arqueólogos o investigadores.

Una constante que hallamos al estudiar el mundo antiguo es el deseo de trascender y pasar a la posteridad. La escritura fue la forma en que cada una de las grandes civilizaciones, y en particular sus gobernantes, encontró para manifestarse y no quedar en el olvido.

La búsqueda de la trascendencia, es una necesidad natural del ser humano consciente en dejar un legado o unas huellas a ser seguidas. En cada cultura y creencia, los seres humanos han establecido caminos, reglas y modos de alcanzar la trascendencia.

La cosmovisión fue el referente que le dio sentido a su comportamiento político, económico y social. Fue el instrumento mediante el cual le dieron significación a sus vidas y explicaron el lugar de los humanos en el universo, el origen y la configuración de éste, el papel de las deidades y los ámbitos celeste, terrestre y del inframundo. Pero esos conocimientos debían ser un legado para las futuras generaciones y la única manera de hacérselos llegar de manera fidedigna fue a través de la escritura.

La escritura, en cada una de las sociedades donde se desarrolló, fue el motor que detonó la ciencia, la tecnología, la historia y el saber.

Los avances tecnológicos y científicos alcanzados por los pueblos no solo les dieron bienestar a ellos, sino que sentaron las bases para futuros descubrimientos que se fueron dando con el paso de los años o incluso de los siglos.

Hagamos un breve repaso por esas culturas que nos legaron su saber a través de la escritura:

En 1847, Austen Henry Layard, un joven viajero con vocación de arqueólogo, descubrió en Irak, bajo un montículo de la ciudad antigua de Nínive, las ruinas del palacio de Senaquerib, entre las que se encontraba la biblioteca de Asurbanipal.

Asurbanipal, a veces referido como Asurnasirpal II, fue el último rey de Asiria. Reinó entre el 668 a.C. y 627 a.C., hace más de 2 000 años, y es famoso por ser uno de los pocos reyes de la antigüedad que sabían leer y escribir. Su biblioteca alojaba una extensa colección de tablillas, cubiertas por una escritura fina por ambos lados. Se llegaron a encontrar alrededor de 22 000 tablillas bajo los escombros del palacio real en Nínive. Se trata de la colección más completa que se conoce de escritura cuneiforme, este es el legado cultural del rey asirio.

En ellas se pueden encontrar los temas más diversos como gramática, ciencias, arte, historia y literatura, una de las obras más famosas de la biblioteca es el Poema de Gilgamesh, considerada como la obra narrativa más antigua del mundo occidental.

Se hallaron diccionarios, listas oficiales de ciudades y libros de magia y religión, así como tratados de astronomía y matemáticas, entre ellos

Los libros contaban con dos tipos de textos matemáticos: las tablas numéricas que empleaban para el cálculo rápido y proporcionan el resultado de operaciones matemáticas, como la división, multiplicación, raíces cuadradas y cúbicas, logaritmos, entre otras. Y las colecciones de problemas, hechas con fines didácticos, consistentes en resolución de problemas de regla de tres, repartimientos y ecuaciones algebraicas de primer y segundo grado

Otros documentos mesopotámicos descubiertos son, en su mayoría, de carácter administrativo, económico y legal: hipotecas, inventarios, recibos, pagarés, matrimoniales, compra-venta, adopciones, arrendamientos, que nos permiten conocer sobre su organización social, administración pública y regulaciones jurídicas.

Tal vez el más conocido de estos escritos es el Código Hammurabi, grabado en diorita negra con inscripciones de trescientos artículos donde se regulan los derechos, los deberes y los castigos. Incluye, además, leyes que protegen a las mujeres.

El pensamiento mesopotámico ha llegado hasta nosotros a través de los judíos y los griegos porque los libros donde estaba consignado habían desaparecido. Supervivencias de la cultura mesopotámica son los horóscopos, la división del tiempo en horas, minutos y segundos, la venta de artículos por docenas y la circunferencia sobre base sexagesimal.

El 19 de julio de 1799, los hombres de Pierre-François Bouchard descubrieron una antigua piedra mientras realizaban un trabajo de reconstrucción en el deteriorado fuerte de Rosetta, Egipto. Eran soldados que tenían tan solo unos días para reforzar sus defensas antes de enfrentar al Imperio Otomano. No, no eran arqueólogos, ni estaban tras un descubrimiento y ocurrió que mientras derribaban un muro que se había construido utilizando los escombros de lugares egipcios cercanos, descubrieron un gran fragmento de piedra cubierto de tres tipos de escritura, entre ellas griego antiguo.

Intrigado, Bouchard se preguntó si la piedra diría lo mismo en tres idiomas diferentes. Compartió su hallazgo con académicos franceses que habían venido para buscar tesoros arqueológicos en Egipto.

Años más tarde, en 1823, el investigador François Champollion descifró la escritura del antiguo Egipto (hace 200 años) a partir del estudio de la Piedra de Rosetta, sin haber visto nunca el original, trabajó con las copias que circulaban por Europa desde su descubrimiento. La piedra contiene 3 escrituras distintas: jeroglífico, demótico –forma derivada del jeroglífico- y griego. En el texto griego reconoció varios nombres propios. El texto establece, entre otras cosas, los pagos que los templos debían hacer al faraón, describe la generosidad y virtudes de Ptolomeo V, y la piedad especial del faraón hacia dos toros sagrados, Apis y Mnevis, encarnaciones de estos dioses. El faraón se compara a Thot, dios de la sabiduría y de la escritura; también se le considera encarnación de Horus, el hijo de Osiris e Isis y rey de Egipto, confirmando así su divinidad. No solo esta información se hubiera perdido en el tiempo de no ser por la escritura, la traducción permitió descifrar los jeroglíficos y con ellos los misterios, la historia y el conocimiento de la cultura egipcia.

El inglés Howard Carter, por su parte, hizo el descubrimiento arqueológico más famoso de la egiptología en el Valle de los Reyes en 1922: la tumba con el número KV62, famosa por contener los 5 mil 398 objetos del faraón niño, Tutankamón.

Dentro del hallazgo había un óstracon (fragmento de cerámica o arcilla que utilizaban los escribas egipcios), el cual parecía inofensivo, pero cuando se descifró, lo tacharon de la lista de hallazgos para ocultarlo de los trabajadores. La leyenda decía: “La muerte golpeará con su tridente a aquel que turbe el reposo del faraón”. Sin embargo, esta terrible amenaza no detuvo la sed de conocimiento de los arqueólogos y lingüistas quienes se abocaron al desciframiento de miles y miles de jeroglíficos que habían sido víctimas del vandalismo, de conquistas e invasiones junto con el surgimiento de nuevas religiones que acabaron con el poder faraónico por lo cual los templos fueron abandonados, la arena cubrió los pavimentos de alabastro y los grupos de fanáticos destrozaron las estatuas de los dioses para convertirlas en ruedas de molino. La antigua lengua de los jeroglíficos cayó en el olvido y los ideogramas pasaron a ser solo extraños signos mágicos, arrumbados por la historia, por miles de años, hasta su desciframiento a partir del siglo XIX. Gracias a la escritura, de nuevo, sabemos de su cosmovisión, dinastías gobernantes, agricultura, historia, deidades, tradiciones y educación, entre otros temas.

Continuando con las civilizaciones que tuvieron la capacidad de desarrollar una escritura que permitió la transmisión de su legado, su conocimiento y cultura tenemos a China.

En China, el emperador Zhu Di, hizo posible la compilación de tal vez una de las primeras enciclopedias de la humanidad.

Conocido también como Yongle, al emperador se le adjudica la construcción de la Ciudad Prohibida, el patrocinio de la armada de Sheng He, pero sobre todo la publicación de la más completa y más extraordinaria fuente de información jamás reunida, solo comparable a la reciente plataforma de Google: la Enciclopedia conocida como Yongle Dadian o Canon de Yongle de la dinastía Ming Dadian.

La enciclopedia Yongle Dadian se terminó en 1421 y se guardó en la recién construida Ciudad Prohibida. Tres mil académicos trabajaron por años para reunir todo el conocimiento chino de los dos mil años previos. Los estudiosos se concentraron en la universidad de la entonces capital imperial, Nankín, hasta reunir 22 937 rollos distribuidos en 11 095 volúmenes, extraídos de más de 7 000 títulos. Una obra imposible de reimprimir con sus 40 metros cúbicos y 370 millones de caracteres chinos, por lo que tuvo que hacerse una segunda copia manuscrita.

La enciclopedia cubría cada tema del mundo: geografía y cartografía, agricultura, ingeniería civil y militar, guerra, salud y cuidado médico, planeación y construcción de ciudades, acero y su producción, horneo de cerámica y pintura, bioquímica incluyendo fertilización cruzada, producción de alcohol, fabricación de seda y tejido, elaboración de pólvora, construcción de barcos y hasta códigos, cifras y criptografía.

Tenemos certeza de esta información por el contenido de las copias en las bibliotecas de Beijing y Taipei, así como en la Biblioteca Británica de Londres, en la Biblioteca Nacional de Francia y las bibliotecas asiáticas de la universidad de Oxford y Cambridge.

En particular el tomo albergado en Cambridge se refiere a matemáticas. En este libro hay capítulos que recomiendan usar la trigonometría para determinar el alto de los edificios, cerros, árboles y acantilados, y la circunferencia de ciudades amuralladas, la profundidad de barrancos y la amplitud de los estuarios rivereños. Tiene métodos matemáticos para calcular el área y el volumen de círculos, esferas, conos, pirámides, cubos y cilindros y para determinar números mágicos y la construcción de cuadrados mágicos y los principios de la extracción de la raíz cuadrada y los números negativos. Aún el triángulo de Pascal estaba incluido siglos antes de Pascal.

Fue el mismo emperador Yongle el que bautizó la enciclopedia con el nombre de su reinado, convencido de la importancia de preservar para la posteridad las obras y el conocimiento, tal como lo detalla en el extenso prefacio que escribió para la enciclopedia.

Pero la enciclopedia no quedó guardada en la Ciudad Prohibida para ser leída por unos cuantos…

En 1430, el emperador Zhu Zhanji, hijo de Yongle, nombró al almirante musulmán y eunuco, Zheng He, como su embajador y lo puso al frente de una flota de alrededor de 1000 embarcaciones, algo impresionante si tomamos en consideración que la veneciana, la más numerosa de Europa en ese tiempo, apenas contaba con 300 galeras de remeros construidas para las calmadas aguas del Mediterráneo y aptas para cargas de hasta 50 toneladas.

Los barcos de Sheng He, por su parte, eran capaces de navegar con tormenta en el océano por semanas, llevar miles de toneladas de carga. Cada embarcación contaba con un médico por cada 150 tripulantes y suficientes limones y cocos para protegerlos del escorbuto durante dos meses. Su expedición era multinacional y multireligiosa, había oficiales etíopes, iraníes, indios y pakistanís; cristianos, musulmanes, taoístas, hindús, confusionistas, zoroastras, budistas y judíos. Además de todos los técnicos, iban astrólogos y adivinos, el barco llevaba intérpretes que se podían comunicar con los gobernantes de India, África y Europa en hindú, swahili, árabe y latín.

Cabe destacar que los conocimientos adquiridos por la flota de Sheng He sobre otras sociedades y culturas, se incorporaban a la enciclopedia ya que, para Zhu Di, la mejor forma de adquirir sapiencia era compartir la de uno. En todas las embarcaciones había enciclopedias e informaban a los intérpretes sobre el contenido para que el mensaje fuera propagado. La flota de Shen He podría ser comparada con una universidad flotante y contenía probablemente más conocimientos en su biblioteca que cualquier universidad en esa época.

Es probable que conforme pasaran los días y la navegación se hiciera más aburrida y tediosa, los tripulantes dejaran a un lado novelas y buscaran una lectura distinta.

En esa época había gran cantidad de libros publicados y se conseguían enciclopedias populares de bolsillo. Libros con ilustraciones y descripciones cubrían todo tipo de temas prácticos como agricultura, elaboración de sal y azúcar, cerámica y bronces, construcción de barcos y carros, el uso del carbón y combustibles, producción del papel e imprenta, recolección de jade y perlas, etc.

Así es como la información contenida en las enciclopedias chinas se mantenía en constante crecimiento, además, los marinos compartían en los puertos en los que atracaban la inmensa cantidad de conocimiento, sin restricción alguna y de manera oral o escrita con la gente común y los gobernantes de esos pueblos. No hay duda de que este intercambio cultural fue de gran importancia tanto para China como para los pueblos visitados.

India no fue la excepción, la civilización hindú, de rasgos urbanos, floreció aislada entre el 2 600 a 2 500 a.C. años en la frontera con el este de Pakistán, por lo que no se tiene más información histórica sobre la gente y su desaparición ocurrida entre el 1 800 a 1 500 a. C. en Harappa y Mohenjo daro.

Los arqueólogos han descubierto en la región, artefactos, incluyendo amuletos, sellos y tablillas de cerámica con pictogramas. A diferencia de otras escrituras, la del Indo no se registró en muros, papiros, tablillas de arcilla, papel o tumbas, se ocuparon piedras lisas en forma cuadrada o rectangular llamadas “sellos”. También se han encontrado inscripciones en vasijas de cerámica, utensilios de bronce, tablillas de cobre y varas de marfil y hueso.

Debido al número reducido de caracteres (máximo 17) en las tablillas, se especula sobre su uso, pudiendo ser mágico, administrativo, de identificación o intercambio. Las imágenes registradas consisten en animales salvajes como tigres, rinocerontes, elefantes, búfalos, y cebúes, no se registran, sin embargo, cobras, camellos, vacas, monos, o pavos reales que formarían parte de su entorno. Probablemente esto se deba al carácter mágico otorgado a esos animales por su tamaño, fiereza o nobleza. Lo anterior se puede sustentar con las representaciones de unicornios o seres tricefálicos.

Por último, pero no menos importante, la escritura mesoamericana la podemos encontrar consignada en diferentes tipos de soportes, ya sea, en murales, piedra, hueso, tejidos, joyería o en los denominados códices. Se trata de una escritura que fue capaz de fijar todos los temas de su cultura e incorporar aquellos traídos por los españoles como la religión cristiana y problemas económico-administrativos y sociales derivados del encuentro entre dos culturas.

En museos europeos y mexicanos se cuenta con registros escriturales de diferentes grupos culturales, lenguas y temporalidades: olmecas, nahuas, mixtecos, zapotecos, mayas, tlaxcaltecas, otomíes, mixes, zoques, purépechas, entre otros.

El arte de escribir –pintando en todos ellos era parte de la enseñanza recibida por los jóvenes nobles educados para ser sacerdotes. Éstos debían conocer la lengua, las convenciones plásticas y tener un conocimiento profundo de los temas tratados, entre los que destacan: calendárico-rituales, religiosos, históricos, genealógicos, cronológicos, toponímicos, tributarios y cartográficos.

La escritura era una práctica establecida y un medio eficaz para registrar y reforzar actos rituales, hechos míticos, conceptos religiosos y eventos asociados a la vida de pueblos y gobernantes, como el nacimiento, el matrimonio, la muerte y las conquistas, lo que la convierte en una de las fuentes de información fundamentales sobre las sociedades mesoamericanas.

Hoy en día contamos con nuevas herramientas electrónicas que hacen de la escritura una actividad mecánica en la cual las interacciones cerebrales que se producen al escribir de forma manuscrita ya no se den. Cada día apostamos por esa tecnología que, si bien es cierto trae beneficios como la rapidez y posibilidad de alterar lo ya tecleado, también evita que nuestro cerebro crezca, se desarrolle, memorice y aprenda.

Recientemente (2014) un estudio de neurociencia del comportamiento realizado por investigadores de la Universidad de California y la Universidad de Princeton mostró que los estudiantes que toman notas a mano se desempeñan mejor en preguntas conceptuales que los alumnos que toman notas en aparatos digitales. La explicación es que el hecho de escribir con lápiz y en papel permite a las personas resumir y organizar la información en sus propias palabras y asegura una codificación más profunda y natural. Mientras que el uso de los aparatos electrónicos los inclina a escribir la información de manera pasiva.

Otro estudio de comportamiento humano reportó la superioridad del papel a las pantallas de computadoras en la comprensión de la lectura. Estos estudios indican la importancia de las señales visuales y táctiles para percibir tamaños físicos y locaciones espaciales, porque el material del papel provee espaciamiento físico, conocido como spacio-temporales, a la medida del texto.

La Universidad de Tokio realizó un experimento con tres grupos de personas que realizarían la misma tarea, agendar varias tareas en un calendario, unos lo harían en una libreta, otros en una tableta y el tercer grupo en un Smartphone. Después se les hicieron pruebas de memoria, se les contó un cuento y se les enseñaron caracteres chinos que debían luego repetir. Posteriormente se compararon los resultados: escribir en la tableta y Smartphone fue más lento que escribir a mano; las notas físicas mostraron más precisión y sus respuestas fueron más directas cuando se les hicieron preguntas. Aunque todos los grupos activaron el hipocampo (parte del cerebro involucrada en la codificación y el proceso de retención de la memoria), el grupo de escritura mostró más respuesta en esta área del cerebro al llevar a cabo sus tareas.

En agosto de 2016 Finlandia, el país modelo de educación en Europa decidió desaparecer la caligrafía cursiva de las escuelas, manteniendo solamente la letra de imprenta, alegando que el tiempo dedicado a la caligrafía cursiva se emplearía en enseñar mecanografía, la cual les sería más útil en su vida laboral.

En Francia consideran no se debe de prescindir de la escritura cursiva, pero el problema reside en la falta de dominio de ésta por parte de los maestros. La pérdida de la habilidad en la escritura cursiva explica trastornos de aprendizaje que advierten los maestros e inciden en el desempeño escolar.

Recientemente el gobierno de Suecia dejó a un lado la educación digital, se prohibió el uso de pantallas en todas las escuelas del país, al comprobar la menor capacidad de retención, problemas de memoria, problemas de atención, disminución de la comprensión lectora, además de la baja creatividad en los estudiantes. Es decir, las pantallas están creando una generación de alfabetos funcionales y por ello la Ministra de Educación de Suecia, Lotta Edholm anunció el 15 de mayo la eliminación del proyecto de digitalización y tecnología de Suecia y ahora va a ser reemplazado por un proyecto enorme basado en estudiar directamente de los libros.

Para resumir, con la escritura cursiva, el hecho de que las letras estén unidas una a la otra por trazos permite al pensamiento fluir con armonía de la mente a la hoja de papel. Al ligar las letras con la línea, quien escribe vincula los pensamientos traduciéndolos en palabras. Por su parte, escribir en imprenta implica partir lo que se piensa en letras, desarmarlo, anular el tiempo de la frase, interrumpir su ritmo y su respiración.

Las computadoras favorecen un pensamiento binario, mientras la escritura a mano es rica, diversa, individual y nos diferencia a unos de otros. La escritura manuscrita responde a una voz interior y representa un ejercicio irrenunciable. La grafía es un lenguaje del alma que hace únicas a las personas. Su abandono convierte al mensaje en frío, casi descarnado en oposición a la escritura cursiva, que es vehículo y fuente de emociones al revelar la personalidad, el estado de ánimo, nuestra formación, nuestro origen, en fin, es la huella imborrable que nos identifica con el paso del tiempo, es nuestra esencia, la que nos diferencia de los otros, es lo que nos hace especiales e irrepetibles, determina nuestro carácter, refleja nuestra conciencia, nuestro subconsciente e incluso nuestros deseos más íntimos.


María de Lourdes Bejarano Almada, Antropóloga (Dra.)
Profesora investigadora de tiempo completo en el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos (CIDHEM).
Ha publicado varios trabajos académicos, incluyendo “Las bulas alejandrinas detonantes de la evangelización en el nuevo mundo” y “Análisis gráfico del Códice Veinte Mazorcas”. También ha participado en el Proyecto Tetlacuilolli, un proyecto de investigación sobre la cultura mesoamericana.