María Eugenia Venegas Renauld: De la actualidad política

El mandatario usando sus frecuentes atentados contra la libertad de prensa, ¿estará consciente de que cosecha enemigos? Si, es cierto que la política los crea, pero nunca fue tan hediondo el aire con el que se les alimenta. Seguiré atenta reflexionando sobre tantos asuntos de la vida nacional, al tiempo que veo con preocupación, la inactividad social y las calles se nos caen a pedazos, como una expresión metafórica de la vida política nacional.

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María Eugenia Venegas Renauld. Académica, Ex Diputada y Ex Diplomática.

La apropiación del poder político en este año 2022, obtenida del recuento de votos válidos en las urnas electorales, sin duda ha desatado en la vida de muchísimos costarricenses, hondas preocupaciones. Es cierto que al final el número cuenta, aunque por el derecho y el revés, esos números que llevaron a un partido “taxi” a Zapote y a un tipo “inmaculado” en el tono más sarcástico, al despacho presidencial en Zapote, permitan dar cuenta del enrarecido clima nacional en materia de cultura política, ciudadanía, educación y sume para la historia un capítulo oscuro. Por la víspera se saca el día, dice un refrán popular y a escasos 6 meses de asumir el poder, el nuevo mandatario ha dado tantos traspiés y ha mostrado un centralismo ególatra en el manejo del poder, un burlesco enfrentamiento ante la institucionalidad y la organización jurídica del país, que me atrevo a anticipar, que esto que empezó tan mal, acabe mal.

A quienes la vida les coloca en la vitrina pública, les toca mostrarse como son en todo su esplendor o decadencia. Se les llama PPE (personas políticamente expuestas). Ya no se trata solo de lo que quieren promover conscientemente, sino la totalidad de la personalidad, su historia, sus pretensiones, su presente, salen por todos los ángulos en ese escaparate, del cual leemos con nuestra educación, nuestra cultura, nuestra experiencia, nuestro desarrollo y valoraciones individuales. Por tanto, miles de lecturas, miles de miradas, miles de valoraciones, todas provenientes de quienes habitamos en la Tierra donde las decisiones políticas afectan de una u otra manera, nuestra vida.

Recuerdo una novela histórica (El médico del último Califa), en la que el protagonista principal al final de su larga trayectoria de vida laboral, que le involucró en la diplomacia, decía que anhelaba el anonimato, ese que nos permite tener más espacio para ser sin la mirada crítica del que vive en el ojo público. Pero hay quienes buscan el protagonismo a costa de lo que sea, siempre la vanidad aflora y muestra lo peorcito de cada quien. De alguna manera, en nuestros muros damos cuenta de esos horribles vestigios de ego que nos envuelven pero hay unos que son verdaderamente malvados, cuando generan debilitamientos a grandes conquistas nacionales, la democracia sostenida en el tiempo, como es el caso de lo que hace este gobierno. Y lo digo sin tapujos.

Vivir en un país que optó por un sistema político democrático, es un privilegio, si ese sistema logra mantenerse a salvo en el movimiento del mar plagado de intereses de unos pocos o de unos muchos vivos. La democracia que no es una condición final acabada e inmutable, siempre corre los riesgos de debilitarse, de engrandecerse o de desaparecer. Es a mi juicio una condición que se ha debilitado en el tanto, la ciudadanía no está atenta siempre a su razón de ser, es manoseada por líderes que se agachan ante organismos internacionales y ante intereses económicos de grupos nacionales que la socavan, se tambalea con frecuencia ante los movimientos políticos y económicos del mundo que influencian al nuestro y también se enferma sigilosamente entre los desarrollos que incorporamos a la vida nacional sin analizar los efectos que sobre las personas y la nación en general, podamos tener.

No me atrevo a juzgar el ser del presidente, pero si su actuación con el poder en mano. Mi primer asombro viene del empleo de su gramática, de ese léxico discursivo construido a punta de un lenguaje de bravucón que gusta a los machistas, sean hombres o mujeres para dar cuenta de la fuerza del hombre que logra calar la idea en sus súbditos, de que ahora si hay un presidente y es un hombre fuerte y decidido. No importa si gerencia al estilo empresarial, no importa si le antecede la conducta abusiva contra las mujeres, lo que a la gente parece importarle es que usa expresiones soeces: la bronca que dice se come, el calificativo de “prensa canalla”, las “ratas” y otros animales para referirse a los periodistas, sus particulares conchadas cuando se inventa el temita de la señora de Purral propio para esa horda desaforada e inculta que no logra ubicar la cortesía y la nobleza que debe tener un mandatario; tampoco le importa a mucha gente que se apropie de ideas de otros partidos políticos y las haga suyas, ni parece importarle la grosería y malas maneras de algunas de sus ministras, ni la prepotencia de otros, ni le importa la desbandada de autoridades que incluso había nombrado.

Es el hombre que habla de austeridad y no duda en duplicar el salario a su equipo para que estén callados, ahí poco le importa la pobreza de quienes ya ni salario tienen o se ahogan en dos o más trabajos y extras para poder medio afrontar la crisis económica ni cuando miserablemente desatiende acuerdos pasados para salarios de empleados públicos; ni le importa mentir y ofrecer, ni le importa equivocarse, porque tiene lenguajes, rituales y narrativas sociales que empoderan a los descontentos que anhelan un cambio. El cambio solo es de palabra porque no hay una sola cosa ofrecida que se haya concretado y vaya a saber una los descalabros que hay por dentro de instituciones. Me huelo sin dudarlo, el Ministerio de Educación Pública.

En la gramática del mandatario, ayuna de una filosofía consecuente con la naturaleza humana, social, con los valores trascendentales y una ética realmente consecuente con la justicia social y el pluralismo -que parece ser desde hace rato, la gramática política- la religión se ha mezclado horrendamente con la comunicación política, tan propia de los sectores conservadores que usan a Dios, la biblia y el fanatismo como medios para endulzar los sentimientos de la gente: política y religión convertidos casi en sinónimos. No meto a todas las personas que con su práctica religiosa son independientes de la imposición política. Las primeras que deberían denunciar ese diabólico dúo para dignamente respetarse, son las primeras que aplauden y se sentirían cómodas con una representación en Zapote, una oficinita que al estilo Vaticano, forme una especie de consejo asesor, como ha ocurrido con las fichas que ya empezó a poner el mandatario en el Consejo Superior de Educación. El progresismo ofrecido socarronamente en discursos anticorrupción sin verse la propia paja en el ojo llega sutilmente en muchos casos, a esta cantidad de gentes que le siguen dando el favor en las encuestas. Los imaginarios políticos y religiosos se concretan en esas relaciones de poder y la apropiación política del mismo. ¡Cómo hace falta una verdadera cultura ciudadana y una formación sólida de docentes en escuelas y colegios para formar una sociedad crítica, inteligente y valiente en su mundo y época! Pero se nos cayó la originalidad y ahora estamos en la lista de los caminos autoritarios que subsumen nuestra identidad en los pantanos del sometimiento. Se acabaron las épocas en las que teníamos verdaderos líderes, actividades y movimientos sociales que nos permitieron conquistas sociales importantes como nación y como individuos.

Ese mandatario y su séquito de gobierno además de sus troles y sus no troles especialmente desde las redes sociales, se han dedicado a producir nuevos sentidos, nuevos imaginarios en la vida social, a ir gestando nuevas cosmovisiones, nuevos símbolos que novedosamente responden a formas de instituir el dominio, el poder, el sometimiento. No por algo la comunicación del mandatario gravita sobre si mismo y desde su podio hace ver que no se requiere ni de estructura partidaria, ni de Asamblea Legislativa, ni de Poder Judicial ni de medios de comunicación, que no sean aquellos que emanan de la Casa Presidencial y de sus shows de los miércoles a mediodía con los que él mismo califica de “canallas” porque ahí si le sirven. La llamada “prensa canalla” le sirve para legitimar su figura de “macho” y le sirvió en campaña una de las figuras ahora más polémicas, otrora periodista de uno de los medios que más prometió atacar.

Así como desde una estructura eclesiástica, los rituales, discursos y publicaciones han entronizado el discurso de la salvación, así este mandatario, moviliza su estructura comunicativa con él de centro, y hace a su propio estilo, “misas, procesiones, declaraciones, publicaciones y festividades” politiqueras, estirando la campaña como nadie nunca lo hizo en el primer año de gobierno. A la larga le alcanza la “vaina” para cuatro años.

En otra línea discursiva, he visto que ante la opinión pública, disfruta del descrédito de los gobiernos anteriores, instalando la idea de un partido nuevo -“taxi” diríamos quienes tenemos algo de historia en la cabeza-, y ridiculizando las estructuras partidarias políticas existentes, hace una crítica solapada de la estructura socio política y de partidos que existe en el país, olvidando que nos gusten o no, forman parte del abanico democrático de la ciudadanía. La idea de ser nuevo, está presente a diario en su discurso. Lejos de lograr uniones nacionales para afrontar situaciones difíciles como las que vive el mundo en general, todas sus ideas y modelo de desarrollo en todos los campos, es propio de un modelo de ruptura social y económica. El modelo económico que se dedica a promover, es OBSOLETO en todo el mundo.

Desde su imaginario ha ido instalando una colectividad que se inscribe en la línea del fanatismo y el autoritarismo, a punta de discursos sobre la transformación de la realidad del país y su mesianismo mediático, no importa si es a costa de los amos extranjeros como les decía alguna vez Rodrigo Carazo. El mandatario usando sus frecuentes atentados contra la libertad de prensa, ¿estará consciente de que cosecha enemigos? Si, es cierto que la política los crea, pero nunca fue tan hediondo el aire con el que se les alimenta. Seguiré atenta reflexionando sobre tantos asuntos de la vida nacional, al tiempo que veo con preocupación, la inactividad social y las calles se nos caen a pedazos, como una expresión metafórica de la vida política nacional.

 

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