Sí, señora diputada, usted, la que quiso ofender a las dos damas diputadas llamándolas “damas de compañía”, que ni por asomo puede imitar. Usted desacredita el papel de la mujer pensante que debe tener como diputada, aunque sea mi adversaria. No pierda el talante ni el talento por secundar causas nefastas ni siga, a ciegas para su alma, el juego politiquero degradante de su partido.

María Eugenia Venegas Renauld

El talento, sin duda, es una capacidad intelectual y técnica necesaria para legislar, mientras que el talante nos permite ver la disposición moral, la actitud y la postura ética del diputado en el cargo.

Desde el plano jurídico, es necesario que el diputado sepa redactar, analizar y reformar leyes con mucho rigor técnico; ha de tener visión estratégica, que implica anticipar el impacto de sus propuestas e intervenciones de política pública, pero también política; ha de tener capacidad para debatir usando la lógica, el empleo de datos serios y una cierta elocuencia en el debate público. Pero también requiere de la comprensión técnica, que le permite entender la complejidad de numerosos problemas, en especial los presupuestarios, los de bienestar ciudadano, por ejemplo, y traducirlos en soluciones legales.

Desde luego, esto supone tener habilidad negociadora que facilite los consensos políticos sin perder la esencia de sus propuestas. Muchas veces las vías de las propuestas son irreconciliables, pero muchas otras son posibles cuando el aliento es el del bien común.

En cuanto al talante, el diputado requiere de la disposición real para atender a los ciudadanos, minorías y sectores opositores; tener tolerancia y pluralismo, que se traducen en respeto absoluto a la diversidad de ideas y a la legitimidad del adversario político, y una gran integridad ética, mediante la cual expresa firmeza moral para rechazar la corrupción y actuar con transparencia y rendición de cuentas; prudencia, control emocional, evitando el insulto y la violencia verbal, anteponer los intereses del país a los personales y los revanchismos.

No es fácil tener todo ese cúmulo de cualidades y actitudes. El clima emocional que el chavismo ha gestado es como el cambio climático: lleno de resequedad, faltante de agua, de transparencia, agresivo, destructor, estéril. Y esta metáfora la exponen sus diputados a diario, con intervenciones tan deprimentes como las que han hecho diputados del PPSO.

El clima parlamentario siempre es una olla en ebullición. En sus recientes actuaciones, hay que oír a Nogui Acosta, a Villalobos, a Mayuli, descalificando a parte de la ciudadanía porque no son aliados ciegos del oficialismo; oír a la mujer de cuyo nombre prefiero no acordarme, que es definitivamente y gesticularmente fuera de toda comprensión para ocupar una curul, biliosa y exuberante, hablar de ética; a Yara, con sus prepotencias y analfabetismo constitucional, dirigiendo un Congreso y, ayer, a una mujer calificando a dos maravillosas y dignas representantes del pueblo, compañeras opositoras al oficialismo en el Congreso, como “damas de compañía”.

No cabe duda de que la diputada no tiene ni la menor idea de qué es un Congreso en una democracia. Vaya carencia elemental. Se cae el talento y el talante en boca de esa sombría diputada, que está engolosinada con el puesto, pero que demuestra ausencia, al menos en sus actuaciones de ayer, de una cultura y talante político y humano básico.

La emoción muchas veces arrecia en la curul. La política tiene un componente emocional altísimo y nos hacemos con odios y amores, y colocar la cabeza en armonía con la boca nos lleva a cometer bastantes desatinos. Hay que estar haciendo análisis íntimos de cuánto nos podemos exceder y esa no es tarea fácil, porque es una tarea espiritual que la vida terrenal con frecuencia no permite.

Le pasó al diputado Araya, para el cual creo que se excedió en el señalamiento del uso de una expresión coloquial muy frecuente para aludir a un comportamiento específico de la presidenta en un tema, pero que, en un clima tan violento, con una fracción oficial envenenada y una oposición atenta, es muy difícil de juzgar como intencionada.

El PPSO no tiene talante moral para hacer estos señalamientos porque, si por algo se ha caracterizado el modelaje de su maestro y gestor, es precisamente por la indecencia discursiva, la mentira y la desviación, aplicando hasta el lenguaje no verbal y haciendo caudal politiquero con la deshonra de autoridades y personas de gran talante moral y técnico.

No les lucen a estos diputados, lastimosamente elegidos, ya sabemos cómo, esas imitaciones burdas. Este es un tema que toca a la esencia misma que prevalece en la cultura de los partidos políticos, integrados por seres humanos, pero algo se debe guardar de talante. Hay formas. El lenguaje es rico en todo sentido, pero es más rica la integridad moral, el respeto a la dignidad de las personas, y el PPSO abusa de estropear el talante cuando de seres humanos se trata.

Miren, andar comprando ropa y accesorios para lucirse en el puesto es una trampa en la que con frecuencia cae la gente, sobre todo cuando hay micrófonos y cámaras. Una procura ponerse lo mejorcito como una manera de lucir adecuada, pero con el tiempo también se entiende que el hábito no hace al monje y que PARLAR pasa por encima del traje y el accesorio.

Se requiere un material neuronal básico que otorga el conocimiento del puesto y la representatividad del cargo. Y yo creo que también en el PPSO hay gente que les votó que posiblemente se tape la cara con esas bochornosas salidas, como tachar de “dama de compañía” a una colega. Se podrán reír y la superficialidad que otorga el poder pasajero hace que todo resbale, pero la esencia no cambia.

Lejos de toda cosa física y expresión mundana, la esencia espiritual ha de ser: ser buenos, impecablemente buenos. Póngale que una no tenga la experiencia en un puesto, el que sea, pero un puesto se aprende a honrarlo, sobre todo cuando el bien del pueblo está en entredicho.

Reacciono a esto porque yo soy pueblo, del pueblo total costarricense; porque conozco y viví el puesto; porque conozco las tesituras de vivir el poder por un tiempo y conozco y he luchado interiormente con el embelesamiento del poder, de todo lo que llega aparejado con el pin de diputado, y puedo decir que es el puesto que mejor nos sirve de propio espejo para vernos el alma, nuestra esencia más allá del partido, de la norma, del delirio, del ensueño de ser importantes por un tiempo, de la ambición.

Es el puesto donde nos vemos frente al bien común o al mal en toda su expresión; donde podemos ver cuánto nos importa la banalidad humana, cuándo y cuánto pesa el halago, cuánto nos aporta el trabajo, cuánta honestidad destila, cómo impacta mi palabra, cómo impacto con errores o exageraciones y cuánto debo aprender para actuar en consecuencia espiritual desde el ámbito del voto de propuestas para ser leyes.

Sí, señora diputada, usted, la que quiso ofender a las dos damas diputadas llamándolas “damas de compañía”, que ni por asomo puede imitar. Usted desacredita el papel de la mujer pensante que debe tener como diputada, aunque sea mi adversaria. No pierda el talante ni el talento por secundar causas nefastas ni siga, a ciegas para su alma, el juego politiquero degradante de su partido.

Esto debe ser lo mismo para todo partido. “Primero Patria y luego partido” fue la primera encomienda que recibí como diputada en su momento. Use esa consigna en su fuero interno cuando conecte lengua con neurona. Siempre se aprende, aun estando en los pantanos, porque al final, se lo aseguro, ningún pantano la saca de su condición íntima, que es la de ser alma.

Ahí no le va a llegar ni Chaves, ni Yara, ni Villalobos, ni su presidenta Fernández, ni Nogui, ni Cisneros, ni los ministros a sacarla. Debemos ser almas buenas. Que se equivoca en el bando, solo usted finalmente lo sabrá, porque sí, muchas veces nos equivocamos y debemos rectificar, redirigirlo.

Un partido ni a usted ni a mí nos conduce al bien eterno —y no estoy hablando de religión, sino de conciencia superior—, si cree en ello. Yo, por lo visto, sé que no es sano el camino que la muestra a usted plegada con estas desconexiones que procuran ensuciar el alma de dos magníficas diputadas, a quienes usted debería respetar, haciendo uso, le repito, de talento y talante.

Cada quien sabe el ámbito de su dignidad. No asuma por revanchismo tareas que no le asigna la ley en su puesto. Usted está expuesta al escrutinio del pueblo, pero el pueblo no es solo el de su partido.

Puede ser que el llamado sea en este momento estéril. Veo con desasosiego el rumbo maligno por el que nos conduce su gobierno, pero siempre apelo a la intimidad de cada quien, empezando por la mía, para dar el chance del aprendizaje álmico.

Maria Eugenia Venegas Renauld

Por Maria Eugenia Venegas Renauld

María Eugenia Venegas Renauld, es una educadora costarricense, que se ha desempeñado como decana de la Facultad de Educación de la Universidad de Costa Rica. Diputada ante la Asamblea Legislativa y Embajadora en México. Actualmente, colabora ad honorem en la UCR.