El comportamiento femenino ante líderes populistas machistas y su aceptación como medio de movilidad socioeconómica y política deban ser reconocidos como un tema de interés público, educativo y sociopolítico
María Eugenia Venegas Renauld
Hay trayectorias profesionales que se forjan como los diamantes: bajo una presión creciente e inmensa, pero emergiendo con una fuerza inquebrantable en los contextos más álgidos y deprimentes para una nación como Costa Rica, que se ha venido destruyendo desde el 2022. La de Vilma Ibarra Mata es una de ellas.
Durante años, su voz ha sido valiente, orientadora y refugio para sostener o rechazar hechos. Hoy, verla dar un paso al costado de la radio debido a múltiples razones, entre las cuales el acoso, las mentiras y la persecución política han estado haciendo mella en el círculo más cercano de sus afectos, me genera un profundo dolor, pero también un respeto absoluto. Buscar la paz propia y aunar recursos para la tranquilidad de su ruta de vida y la de su familia no es una retirada: es el acto de dignidad más grande posible.
Quienes intentaron apagarla con oleadas de odio olvidaron una ley de la naturaleza: a un diamante no hay suciedad que lo empañe ni tierra que lo oculte. En su apuesta profesional hay valores inquebrantables que son los que me iluminan para ver, en mi amiga, el rostro profesional que aprecio, comulgue o no con la totalidad de sus argumentos en temas diversos. La congruencia profesional orientada por el bien común y la búsqueda de la verdad siempre tiene el brillo y la calidad del diamante. Por el contrario, el barro es temporal. Quienes hemos seguido desde hace muchísimos años sus programas sabemos que el lodo de los troles, de los aprendices e imitadores de troles y de las campañas de difamación que le han montado un día sí y los demás también, nunca puede penetrar la piedra. La mentira y la difamación se lavan con el tiempo; la verdad de su legado permanece intacta. Sus atacantes actúan como las moléculas del carbón, que igualmente constituye al diamante, pero sin la estructura, la claridad ni la evolución que a ella la convirtieron en diamante. Ellos se quedan en el nivel bajo del carbón.
Una oleada de hombres, disfrazados o no, y algunas mujeres subordinadas al poder masculino, con perfiles restringidos, inventados o reales, intentaron romperla a diario en su programa Hablando Claro, pero chocaron contra el mineral más duro. Cada ataque y cada año de intensa trayectoria periodística no la desgastaron, sino que terminaron de «tallar» una de las carreras periodísticas más brillantes del país y nos permitieron ver la clase de continuismo que secunda una gran cantidad de ciudadanos embelesados con el populismo más idiotizante y depredador de nuestra historia nacional.
Su voz no se apaga por miedo; se guarda por sabiduría, porque su paz no tiene precio. Cuando se quiere a alguien sabemos que ese paso es sabio. Eso no podrán entenderlo las cabezas embadurnadas con la bilis segregada por la mafia opositora y envalentonada en el poder.
La radio, en particular, pierde una voz imprescindible, pero nosotros nos quedamos con su ejemplo. Cuando el polvo del camino se asiente y los cobardes vuelvan a la oscuridad, ella seguirá brillando con la luz limpia de quienes nunca se vendieron.
Gracias por tanto, Vilma Ibarra Mata. Su voz podrá cambiar de escenario, pero nunca dejará de iluminar. Porque el barro se desvanece y los diamantes conservan su brillo.

