María Paz Rodríguez: Reflexiones de un trapo

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María Paz Rodríguez.

Docente de preescolar pensionada. Mi afición por la escritura nació en los talleres a los que asisto desde hace cuatro años. Me gusta escribir cuento corto para desarrollar las chispas de inspiración que aparecen día a día y, si es posible, dar al lector un motivo para sonreír.

 

Reflexiones de un trapo

Soy un trapo.

Me siento como trapo.

Hago cosas como trapo.

Me tratan como trapo.

Mi visión del mundo humano tiene que ver con sus diferentes culturas que influyen directamente en el mundo trapil. Soy de género masculino, hasta ahora no he conocido ninguna trapa, y eso no cambia nada. Lo que si cambia son las diferentes castas que nos dan ciertas características distintivas.

Después de un buen tiempo de observar todo, comprendo que el color, tamaño, ocupación y textura parecen ser relevantes en esta división entre nosotros. Lo único que nos une es la misión de mantenernos en una constante actividad de limpieza de todo tipo que nos ha sido impuesta.  Aquí es donde las castas se hacen visibles.

Escucho: ¡Anita, traiga un trapo para limpiar este reguero en la mesa! Mejor el trapeador, se mojó el suelo también. Y una toallita (suena más refinado) para limpiar al bebé, por favor. ¿De cuáles?  Las húmedas (más sofisticado). ¿Tienes un trapito para limpiar esta mancha de mi blusa? El limpión está en esa gaveta. La toalla de baño está muy mojada, dame una seca… ¡gracias!

Creo que están todos: trapo, trapito, trapeador, pañito, paño, toalla, toallita, limpión.

Cada categoría va subiendo de nivel aunque el pañito limpia igual que el trapo y la toalla y el limpión secan igual pero se valoran en otra casta. ¿Se va comprendiendo mi idea?

También encontré algo curioso, ahora hay diferentes colores muy vivos que marcan una diferencia. Por ejemplo, yo soy amarillo neón, estoy designado a la cocina. En mis ratos libres descanso bien bañado tomando el sol en el borde de la ventana. Pero mis amigos viven encerrados en un closet, el azul para el baño, el morado para los vidrios, el rosado para los muebles y otros.

¡Ah!, en nuestro mundo también están los intocables, quiero decir que solo se encargan de limpiar y pulir el carro, sin excepción. Los de nivel más bajo que limpian pisos. En mi opinión también los que asean otras cosas diversas y se creen superiores porque se encargan de los bebés y los ancianos. Parece una ambigüedad pero es cierto, como que soy un trapo que acabo de limpiar un derrame de ron y echo al aire mis reflexiones sin límites.

Lo cierto es que todos somos trapos limpiadores, algunos reciclados de ropa vieja otros hechos en una fábrica. La aparición de los trapos desechables ahorra mucho trabajo y tiempo a los humanos, no olvidemos que los pañales también son trapos y ¿qué puedo decir de unos trapitos, desechables o no, que pasean dentro de los bolsillos y las carteras haciéndose llamar pañuelos y cuya misión tampoco es muy agradable?

Es preciso que me refiera también a los trapos más humillados, los trapos indigentes, enrollados malamente en un rincón de la acera. Rasgados, malolientes, abandonados a su miseria. Esos que nunca limpiaron pero cubrieron el cuerpo delgado y triste de algún mendigo hasta dejar su vida en ello.

En fin, puedo asegurar que no nos alejamos nunca de nuestra misión ancestral y sigue siendo un hecho que:

”Los trapos sucios se lavan en casa”

¿Quién va a lavar los trapos sucios a otro lado? Bueno, tal vez a un río… aun así, no sé por qué tengo la impresión de que ese refrán se refiere a otra cosa…

 


Taller de Escritura creativa senior del Centro Cultural San José.

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