María Sequeira: El ambientalismo

Finalmente, estamos obligados a cambiar el paradigma del ambientalismo hacia lo que el país posee en recursos naturales.

0

María Sequeira CastroGeóloga, Gerente Consultoría Manejo de Recursos CMR

El ambientalismo como ideología se ha convertido en una doctrina que nace del neomarxismo a partir de la caída del muro en 1989 y surge por medio de ONG’s como una institución sin fines de lucro que busca distribuir su ideología de lo que la economía y sociedad deben ser. Especialmente en los países en vías de desarrollo, imponen una especie de religión convertida en ley (subsidios, impuestos, restricciones o prohibiciones) para la protección a ultranza del ambiente.

Como todo lo que nace de la ideología de Marx, siempre hay una víctima de todo lo que el ser humano hace y que ahora ha tomado las más sofisticadas formas de “inocentes”. Como estrellas de pop sin el mínimo conocimiento científico de lo que de sus bocas sale, hoy brotan por expontaneidad nuevos defensores de cuanta ocurrencia tenga el neomarxismo para defender al “ambiente” del capitalismo.

Cual terroristas sus agendas tienen blancos de ataque que deben eliminar a toda costa, retirando de la ecuación ambiente al mismo ser humano y llevándolo a una posición de parásito dentro del ambiente. La prohibición es el fin mismo, le llaman sustentabilidad, porque lo sustentable es en sí mismo el fin sin importar el precio; pero lo sostenible involucra al ser humano su ingenio, su tecnología y su conocimiento de la ciencia, su propia naturaleza para balancear la vida.

Las alternativas que proponen son anacrónicas, no generan riqueza ni impacto social considerable, requieren de subsidios para ser atractivas o no coinciden con las opciones disponibles por el ambiente para el desarrollo de actividades en las zonas que someten al prohibicionismo.

Pero tienen habilidades de comunicación que ante la ausencia de cualquier tipo de dato científico que apoye sus discursos cargados de visiones apocalípticas, hacen mover los más profundos sentimientos de ese ente que tanto odian, para que acepte sin cuestionamientos sus doctrinas. La sensibilización de sus doctrina la logran por medio frases pegajosas, figuras pop, mercadeo y mucho dinero.

Sentados en sus oficinas en grandes cuidades con cuanta tecnología de punta poseen, viajan por el mundo a cuanta “capacitación” por el ambiente esté, por medio de sus “gurús” dictan al resto de los seres humanos, cómo deben comportarse, qué consumir, qué medios de transporte utilizar, cuántos hijos deben tener y hasta por quién deben votar, pero olvidan muy convenientemente que ellos desde la comodidad que la modernidad les da, requieren de cuanta actividad atacan.

De hecho es cierto que cada bien y servicio que consume el ser humano, requiere de insumos que provienen del ambiente. También es cierto que ante la falta de tecnología y conocimiento se produjeron a lo largo de la historia de la humanidad, daños ambientales irreversibles con incalculables impactos ecológicos, económicos y sociales.

Pero la doctrina ambientalista lleva al moderno ser humano a una especie de cavernícola ignorante, que ante la supuesta falta de conocimiento, es incapaz de desarrollar actividades con el mínimo impacto al ambiente. Le hacen creer a sus seguidores que el ser humano moderno no sabe de ciencia o ingeniería para poder desarrollar acciones que minimicen los impactos sobre el ambiente. Posiblemente porque la doctrina ambientalista, así como Márgaret Tacher hacía referencia a quienes promovían el socialismo, quienes la promueven nunca han desarrollado ni una actividad humana más allá del activismo.

Costa Rica y el ambientalismo

En Costa Rica han estado presente en movimientos contra ALCOA que más por un asunto técnico y no de ambientalismo, se desistió de explotar el mineral, con consecuencias de pobreza, desempleo y migración para esa zona que al día de hoy persisten, por que las alternativas nunca llegaron. El caso de la exploración petrolera fue la fuerte política hacia el ambientalismo que los políticos empezaron a promocionar en el país y con los resultados que RECOPE poseía en ese entonces, era necesaria mayor investigación. Sin embargo hoy se sabe que con la tecnología desarrollada por la industria petrolera en los últimos 40 años, se podrían obtener mejores resultados en cuanto a la identificación de yacimientos y el potencial del país en ese campo.

Dichas políticas no han ayudado a Costa Rica ni a estar en el top 10 de los países más “verdes” ni a superar la pobreza y por el contrario, la desigualdad sigue creciendo. Ni contando con un ente más que se especializa en el ambiente ni con el desarrollo de la actividad económica “turismo + conservadurismo” han llevado a las zonas donde más se hace, a superar la pobreza. No obstante dichas políticas han sido el trampolín para que algunos políticos suban a categoría internacional.

Los movimientos ambientalistas tomaron mayor reconocimiento con la minería metálica de oro en Miramar de Montes de Oro y Crucitas en San Carlos. Ignoran convenientemente esos detractores, que antes de que el primer saco de café se exportara a Europa, ya había minería de oro y plata en el país y hoy en día, prácticamente en todo el país se desarrolla minería, solo que ellos no quieren llamarlo por su nombre.

Pero como un acechador sigiloso, el movimiento va tras sus objetivos: desde los transgénicos, las hidroeléctricas, la piña y muy recientemente la pesca de arrastre.

En el caso de la minería, usando un discurso embustero, despertaron en los ciudadanos las imágenes más terroríficas de lo que la minería supuestamente es. Desde “huecos” hasta “derrames” que matan peces, son parte de las estrategias utilizadas por los ambientalistas porque les resulta más fácil comunicar en ese lenguaje que utilizar el término técnico correcto, ya que la ciencia y la técnica no son su fuerte. Recientemente algo así como “nubes de polvo” en el mar, como “dato” para censurar a la pesca de arrastre.

Sin embargo, las imágenes no hay que imaginárselas cuando se ve la realidad de la situación de la minería ilegal en Crucitas. Esas si son imágenes de horror y no se comparan con las imágenes que la minería moderna produce. Hipocrecía ambientalistas que ni se sonrojan ante tales imágenes y casi como si se beneficiaran de lo que sucede en esa zona, vuelven la cara hacia el otro lado.

Solución

A través de mi experiencia profesional, el verdadero ambientalismo es un eje transversal en las actividades humanas, se apoya en la ciencia, la técnica y la innovación, como pilares fundamentales para atender las necesidades humanas de forma sostenida con el ambiente. No necesita de frases pegajosas o figuras para poner en evidencia los resultados positivos de la implementación de las acciones ambientales, ya que son palpables. Es el día a día en el desarrollo de las actividades humanas.

Ese concepto de transversabilidad si lo entendieron bien los países más desarrollados, utilizaron sus recursos naturales para generar la mayor cantidad de riqueza entre sus ciudadanos. Por eso, esos países tiene condiciones de innovación, desarrollo de tecnología e investigación, educación, empleo, y altos índices ambientales que no lo han podido generar los países pobres con políticas ambientales, con conservadurismo puro ni con prohibiciones que por el contrario, disparan la ilegalidad, la desigualdad y la miseria, así como el deterioro del ambiente mismo, porque cuando el ser humano tiene hambre, no hay ambiente que se salve.

Finalmente, estamos obligados a cambiar el paradigma del ambientalismo hacia lo que el país posee en recursos naturales y lo que necesita para llevar la mayor cantidad de riqueza a la mayor cantidad de población de forma sostenida con el ambiente, no como el actual, un activismo puro financiado desde afuera, para imponer ideas de afuera, que solo benefician a los que lo promueven, pero adentro no se ven los beneficios.

 


COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...
La Revista es un medio de opinión libre y gratuito, pero necesitamos su apoyo, para poder continuar siéndolo Apóyanos aquí
Holler Box