Mariam Carpio: Entornos digitales seguros, espacios para jugar y aprender libre de violencia

Aunque no existe una clave ni receta mágica para ser mamás y papás conectados, tenemos herramientas para acompañar con los poderes para el bien como lo son la empatía, la sensibilidad y la disponibilidad. Las pautas y los límites en el uso de la tecnología están estrechamente relacionados con la socialización, el cuidado y los valores familiares. Por medio de la escucha y el establecimiento de acuerdos podemos estar presentes cuando nos necesiten, en cada uno de sus pequeños grandes logros en su proceso de desarrollo, de la mano con sus interacciones tecnológicas.

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Mariam Carpio. Digital Culture Director en Fundación PANIAMOR.

La onmipresencialidad de las tecnologías de información y comunicación (TIC) abraza espacios públicos y privados, sin restricción de movilidad y contenidos. Sin embargo, su rápida penetración no va de la mano con la maximización de oportunidades y la minimización de sus riesgos, en especial cuando nos referimos al acceso, uso y apropiación de las tecnologías digitales por parte niñas, niños y adolescentes (NNA).

Es común encontrarles usando las diferentes aplicaciones de los dispositivos digitales de forma intuitiva. Sin embargo, el acceso de fácil uso a esas interfaces también contiene algoritmos que abren portillos para que NNA sean contactadas y contactados por personas desconocidas mientras juegan, ven videos o socializan en línea. Son, además, diseños virtuales que potencian la recopilación invasiva de información sensible, con un promedio de 72 millones de datos sobre una persona antes de que esta tenga 13 años.

Si bien son muchos riesgos a los que se exponen nuestras hijas e hijos cuando navegan en Internet, no se debe entrar en pánico moral, optando por la restricción en contra del empoderamiento. Ante los inminentes peligros en línea muchas mamás y papás se vuelven reacios a que NNA tengan la libertad para descubrir nuevos conocimientos y a que aprendan a sentir sus emociones a través de diferentes formas de expresión en el espacio digital. Esta reacción no es la solución para evitar que pasen por donde asustan. Tampoco es irse al otro lado y darnos por vencidos ante el poder de las nuevas tecnologías, dejándoles que se entretengan absortos a la pantalla de un teléfono inteligente, sin poner atención a la exposición a contenidos no apropiados para su edad. Mucho menos, caer en la tentación del consumismo exacerbado y comprarles aquel oso de peluche con una cámara incorporada que -sin darnos cuenta- comparte datos sensibles de ellas y ellos con empresas tecnológicas.

Los extremos nos impiden hacer un balance entre las oportunidades y riesgos de las TIC, mitificando la esfera digital como una amenaza per se, sin valorarla como una fuente de creatividad. Niños y niñas utilizan las TIC desde sus primeros años de vida, y estas interacciones tempranas pueden tener efectos tanto positivos como negativos en su desarrollo. Llegamos a un equilibrio cuando logramos que nuestras hijas e hijos le saquen el mayor provecho para su educación formal y libre aprendizaje, o cuando las usan para formar y mantener relaciones sociales significativas con quienes están cerca, así como con quienes están lejos.

Construir una hoja de ruta que potencie sus capacidades en un ambiente seguro, sin distorsionar su tiempo de vivir en la infancia es uno de los mayores desafíos. En este sentido, afianzar los lazos familiares permite construir entornos digitales libres de violencia y discriminación para las personas menores de edad. A través de la promoción de una crianza tecnológica, las familias tienen que ser abrigo y sombra para protegerles frente al daño, el terror, la duda, al tiempo que deben ser luz para inspirarles a hacer un uso significativo de las tecnologías para su procesos de desarrollo cognitivo y emocional.

Con conexiones significativas basadas en la empatía, el afecto y el respeto las personas adultas con roles de cuido y acompañamiento deben brindar a NNA un puerto firme para volver a ellas y ellos si hay dificultades, procurando minimizar los posibles daños emocionales, psicológicos o físicos que pueden darse cuando se afrontan con el anonimato, la instantaneidad y la viralización.

Por eso, es importante que mamás y papás entiendan la interacción digital de sus hijas e hijos, desde una perspectiva evolutiva del desarrollo (respetando la edad y la etapa). Necesitamos comprender su contexto de vida para saber cómo, cuándo, por qué y con quién ocurre su desarrollo, de la mano con sus interacciones digitales. En otras palabras, no se trata solo de considerar el tiempo de uso, también hay que tener en cuenta su temperamento, el contenido consumido, y el tipo de relaciones que tienen con otras personas. Por ejemplo, si algunos de ellas o ellos es de baja tolerancia a la frustración, podemos adelantarnos y ofrecer varios avisos y recordatorios antes de suspender la actividad (como un videojuego).

Aunque no existe una clave ni receta mágica para ser mamás y papás conectados, tenemos herramientas para acompañar con los poderes para el bien como lo son la empatía, la sensibilidad y la disponibilidad. Las pautas y los límites en el uso de la tecnología están estrechamente relacionados con la socialización, el cuidado y los valores familiares. Por medio de la escucha y el establecimiento de acuerdos podemos estar presentes cuando nos necesiten, en cada uno de sus pequeños grandes logros en su proceso de desarrollo, de la mano con sus interacciones tecnológicas.

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