Marianella Sáenz Mora: Entre algoritmos y confesiones

Transgredir(se)

Marianella Sáenz Mora.

En estos tiempos en los que el amor se vuelve cada vez más necesario, pareciera que quisiéramos ningunearlo de cada manera posible.

El amor empieza por uno mismo, por la aceptación y la transigencia, las cuales de no existir ahí, en nuestro interior,  ni el otro, se hace imposible compartirlas.

Empeñada siempre en hacer del optimismo y la bondad una especie de resistencia ante el desencanto, trato siempre de sostenerme y compartir una palabra de apoyo, de aliento, de motivación con aquellos a quienes voy encontrando en el camino cotidiano.

Sí, hemos coexistido siempre en el péndulo de la dualidad, en esas campañas de amor y odio que a veces se tornan incluso extremistas pero es ahí donde viene la importancia de comulgar con nuestro interior, con nuestro espíritu con ese lugar personal donde la espiritualidad y la meditación, nos permiten hacer un respiro para ser capaces de encontrar la compasión, el perdón, la tolerancia entre muchas otras cualidades morales que considero imperativas de traer a nuestra vida como una práctica.

El objetivo diario de ser mejor en este sentido, es el estandarte, la constante, el tratar de mejorar en ese aspecto es ya una tarea difícil y a veces hasta titánica.

Más allá del bombardeo mediático y comercial, cuyo lado bueno, motiva a algunos al detalle, creo importante rescatar que el amor es también una práctica, con algunos más fácil y llevadera, con otros, un verdadero reto.  Son también sin embargo, esos,  los difíciles,  los que de alguna manera se vuelven nuestros maestros en eso de amar a otros como a ti mismo y es entonces, con esa pesa invitación a mirar hacia adentro, hacia el fondo de nosotros mismos, que descubrimos las herramientas con las que contamos  para ir haciendo la tarea.

Recordemos que son la empatía, la responsabilidad, la mesura, la organización, la paz, el agradecimiento, la reverencia por la vida, elementos vitales para poder sentir el gozo de disfrutar cada cosa que tenemos y que debemos redescubrir para sentirnos dichosos. Estoy segura que en unos instantes ser capaz de iniciar con una pequeña lista. ¿Cuesta? sí, pero como la práctica hace al maestro, les confieso que se hace más fácil regresar a nuestro centro, al equilibrio, el amor y la paz cuando procuramos fortalecer la paz interior.

Y para festejar uno de esos misterios del amor, quizás, el más perseguido y polémico de todos:  el amor en pareja, comparto con ustedes estos dos poemas de mi libro Perspectiva de la ausencia.

 

Arca de confesiones

Quédate así,

sobre tu costado izquierdo,

con tu espalda salpicada por mis sueños.

No interrumpas con tu respirar

el monólogo falaz de mis confesiones encubiertas,

hoy disfrazadas de sombras,

donde convergen urgentes tantas cosas

que me son queridas,

aún al principio del silencio

y sus largas noches.

Quédate así,

resguárdate de mis miedos,

de la culpa delincuente que me corroe

al haber postergado tantos soles,

sin el gozo insolente de tus besos.

Quédate así, mi amor,

sin desvanecer con el cansancio,

la cotidianidad o el desaliento.

Déjame nombrarte para siempre oasis,

arca donde renace mi nombre,

alianza en el destiempo,

constante del sentido de mi gusto

hombre alado de todos mis aciertos.

Quédate un momento más a mi lado

vistiendo tus pupilas con mis astros,

tus labios con la precisión de mis antojos.

Reencuéntrame vestida de oscuridad,

para indagar en mi sexo,

el origen de mis cabellos goteando susurros,

y esparcir sobre mi piel

el temblor de la promesa

que llevan inscritas tus manos.

Algoritmo de la noche

 

Toma el grafito de la noche,

unge con él tus labios

y un instante después

recórreme como a un lienzo,

al tiempo que me llueves lento

hasta las profundidades oscuras

de mis conjuros eternos.

Cúbreme de hojas con tus manos,

repite una vez más los ritos hedonistas,

perpetuados en mi alcoba,

ahora que estoy cansada

de lapidar deseos entre las sombras.

Desándame.

Arráncame este frío fundido a mis ríos y ponientes

desde el tacto sinuoso de mi espalda.

Invócame en medio de los tornados furiosos

que oscurecen todos mis temores.

Haz que lágrimas de petróleo se deslicen

hasta el andén impávido del sueño,

ahuyentando la claridad mezquina

de una aurora inconclusa,

que se quede siempre en el quicio de la puerta,

para regalarme amnesias de sal

desde las minas florecidas de tu cuerpo.

Lléname,

lléname de expectativas los rincones,

que tu aliento recorra disfrazado de ladrón

los callejones del mercado amurallado

de mi pecho.

 

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...