Mariano Rosabal Coto: Grillos

Mariano Rosabal Coto

Grillos

– ¿Vos me amás todavía? Le sale con cólera y miedo a la vez que se restriega los ojos con furia.

Mientras el silencio aplastante me amarra el rostro, se empantana el ánimo. La cama me traga y regurgita en un mismo compás.

Una pregunta tan innecesaria, como caduca. ¿Otra vez la misma charada? Pienso, mordiéndome los labios.

Afuera, la noche paralizada.

– ¡Contestáme, con un carajo, no seás pendejo!

De nuevo, mis latidos acelerándose y sirviendo de mantra.  Pierdo la mirada en cualquier resquicio y una avalancha de espantosos recuerdos me invade de nuevo.  Con los puños, cerrados dentro de mis bolsillos, descargo la furia y busco palabras para tranquilizar el momento.

– ¿Por qué volvés sobre lo mismo?  ¡Ya te he dicho que esto no nos lleva a ningún lado! Por favor, tranquilizáte, los niños se van a despertar.

El control de la tele se estrella contra la pared, se trae abajo la repisa y cuanto sostiene, a la vez que ella salta de la cama.  En un intento de aplacar las cosas, me acerco queriendo abrazarla. Nunca antes había sentido tanta fuerza en sus brazos, mucho menos para empujarme y quitarme de encima.

– ¡Te lo exijo no por mí, por nuestros hijos!

Gritaba cada vez más fuerte clavando sus palabras en mi rostro. Esta vez la lengua no entumece y finalmente accedo a responder su perenne pregunta:

-¡No! Pronuncio desde lo más profundo.  al mismo tiempo me desgarro lentamente. Floto en el aire.

Algo se ha roto. No es el corazón ni los sentimientos de nadie.  Era el miedo a caminar sin vergüenza, una atadura que me sujeta desde hace años a un lugar que no ya no es mi hogar.

No. Repito con una voz suave esta vez. Su eco me llena de tranquilidad al mismo tiempo que se sincroniza mi respiración.

Mientras, se desfigura en cólera y arremete contra mi lámpara y todas mis pertenencias en la mesa de noche; vuelvo a verla, tal cual es y ha sido todo este tiempo, solo que ya sin miedo. Mi mirada sostenida en sí misma. Ya no importa nada más.

Bajo a la habitación de los niños que lloran desconsoladamente.

Los chirridos en cada escalón suenan como grillos.


Mariano Rosabal Coto.
Estudió y ejerce la psicología desde hace más de 30 años. Docente e investigador universitario.

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