Mariano Rosabal Coto

La promesa

No terminaba el último gemido, mientras a él se le salía un pedo y en la misma se juró que era el último polvo así, orquestado con desenfreno, a escondidas y con Checho. Aunque él no era su tipo y no le movía más amor que el que su gato, el sexo glorioso que tenían hacía que sus piernas temblaran con solo recordarlo.

Luego de encomendarse, se tira al piso buscando su ropa. Con la misma celeridad se encierra y toma la ducha expiatoria, la del santopecadoamén. Checho, sin reponerse aún del sopor, ni se percataba del jaleo que ella armaba. Como buen ejemplar de su especie, luego de acabar, terminaba dormido; entretanto Susana no sabía dónde meter tanta emoción, cavilación y pensamiento.

Entre lo narcótico y lo contemplativo de la ducha, le brotó una necesidad de terminar con esto, no podía seguir así. Entonces con una devoción inusitada Susana le ofreció a Nuestra Señora una promesa a cambio de dejar ese pasado en el cajón más olvidado y lejano de la memoria.  La devoción que le inculcó su abuela, a la que hacía tiempo no recurría.  Pero Nuestra Señora del Balance nunca le había fallado, palabras lapidarias de la abuela.

Luego de la larga ablución bajo la ducha, sale convencida que su vida será otra.  Que Checho ya ronque, hace más fácil su salida.  La última y nunca más, se dijo mientras se ponía el anillo y salía de puntillas. Claro, no habrá más polvos como esos. El pobre flaco se las agenciará, pensaba, aunque quién sabe cuándo consiga otra devota como ella. Lo que sí no extrañará para nada, será debatirse a cuál de los dos ojos de Checho responder. Tanto tiempo y nunca recordó si el izquierdo o el derecho era el estrábico. La duda se aclaraba justo antes de venirse, mientras anunciaba lo evidente, el ojo izquierdo se le desenfocaba descaradamente, como si ella se partiera en dos y él tuviera ojos para ambas.

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Desde que se casó con Rodrigo, la vida había tomado un rumbo envidiable: una rebosante estabilidad económica, la certeza de que solo tenía ojos para ella, pero además que respetó sus planes, su trabajo propio y libertad. Era un hombre muy bueno, le decían todos.

En menos de dos años, casa propia en condominio, un segundo automóvil y viajes en las vacaciones. Susana logró con Rodrigo un estilo de vida que superaba cualquier perfil de Instagram. El sexo no contaba, porque de eso no se publica en redes sociales.  Aunque él la amaba más que ella a él, ese siempre había sido el pendiente y para ella más. Entre algo de soso y otro poco de sumiso, Rodrigo le movía las mismas hormonas que un osito de peluche. Sin embargo, hasta para eso era buena gente y hacía lo que debía hacer, cada muerte de obispo.

¿Cómo una pareja tan linda no tiene chiquitos aún?

No dejaban de preguntar las tías y su mamá.  Un día, después del último café que cerró con el interrogatorio de rigor, la abuela leyendo el desconcierto de Susana, le dijo: mijita, tenga fe, hágame caso, Nuestra Señora del Balance no falla, todo lo endereza, siempre se lo he dicho.  Susana reaccionó pensativa mientras la mueca en su boca intentaba expulsar una sonrisa.

Desde que nació la pequeña, parecía que el mundo había dado un giro. Con casi seis meses, Sofía entre balbuceos y sonrisas, llenaba todo lo que había faltado. Hacía más de un año que la inundaba una sensación de equilibrio en su vida.

Esa tarde la empleada tuvo temprano una cita en el Seguro y no pudo cuidar a la niña, era día de trabajo para Susana, entonces le tocó a Rodrigo hacerse cargo.

No había terminado Susana de poner las llaves en la mesita de la entrada, cuando la recibía Rodrigo con el beso de siempre.

Ya comió y se durmió, jugamos toda la tarde.  Solo que le noté algo y me gustaría adelantar la cita con la pediatra, dijo un poco pensativo.

¿Y por qué? ¡Me preocupás!

Nada grave, pero es que a veces cuando me miraba, no sé, algo curioso que no había notado. Vieras que el ojito izquierdo a veces se mueve hacia otro lado.  Luego de un breve silencio, continuó.  ¡Ah, ya me cayó! Es algo así como le pasa al guarda de la entrada del condominio.

¿Verdad que es al que llaman Checho?

Susana sintió como le comenzaron a temblar las piernas.


Mariano Rosabal Coto.
Estudió y ejerce la psicología desde hace más de 30 años. Docente e investigador universitario.