Marinela Córdoba Zamora, Politóloga.

Hace unos días escuchaba a varios colegas conversar sobre el último informe del Estado de la Nación y uno de ellos decía que Costa Rica era un país que se siempre se arriesgaba a tomar decisiones. Una de esas decisiones atrevidas fue la abolición del ejército, acto concretado por el expresidente José Figueres Ferrer el 1 de diciembre de 1948 y que se plasmó en la Constitución de 1949. Don Pepe y su grupo se atrevieron. ¡Se atrevieron a abolir un ejército cuando en la región la idea era fortalecerlos! ¡Se atrevieron a abolir un ejército recién ganada una guerra! Hoy, al ver ese acto en retrospectiva confirmo que fueron unos grandes atrevidos…Yo celebro esa osadía.

Sin embargo, ese atrevimiento fue más allá, los recursos que se utilizaban para financiar al ejército fueron dirigidos al desarrollo e invertidos en educación. El atrevimiento fue demasiado, porque un pueblo educado…es difícil de manipular. Fueron tan atrevidos que invertir en educación no se consideraba un “despilfarro”.

En este sentido, un estudio sobre las consecuencias que tuvo la abolición del ejército en Costa Rica se realizó en el Observatorio del Desarrollo de la Universidad de Costa Rica (2017-2018). El estudio se denominó Adiós a las armas: los efectos en el desarrollo de largo plazo de la abolición del ejército de Costa Rica y como parte de las conclusiones se indicaba que Costa Rica había experimentado un aumento del PIB per cápita anual de 2,28% gracias a la abolición del ejército, contrario al 1,42% si la medida no se hubiera concretado. Se detallaba que el incremento significó casi un punto porcentual en el crecimiento anual promedio del PIB per cápita entre los años 1950 y 2010.

Así mismo, uno de los hallazgos de la investigación realizada por Alejandro Abarca y Surayabi Ramírez, detalló que el nuestro pasó de ser el cuarto país con menor tasa de crecimiento del PIB per cápita antes de la abolición del ejército para convertirse en el segundo de mayor crecimiento en Latinoamérica (después de Brasil) luego de la abolición.

Por lo tanto, ese importante desarrollo que como país experimentamos en educación, en crecimiento social, en infraestructura, en seguridad social a partir de 1949 se debe al conjunto de decisiones visionarias y atrevidas que se plasmaron después de atravesar conflictos sociales y políticos serios, pero que fueron atenuadas por el impulso en la construcción de un Estado Social equitativo.

Entonces me pregunto: ¿Cómo será la celebración para conmemorar los hechos de aquel 1 de diciembre de 1948? ¿Cuál será nuestro atrevimiento?

Actualmente, como país vivimos una guerra muy diferente, nos enfrentamos a una Pandemia que ha dejado en evidencia graves problemas estructurales que se han acumulado sin resolver durante las últimas décadas. Entonces, ¿Cuál será nuestro atrevimiento para afrontar nuestro Bicentenario como república que está a la vuelta de la esquina?

Yo espero que seamos muy atrevidos en la defensa de esas conquistas y logros, así como en el fortalecimiento del Estado Social costarricense que tanto nos ha definido como sociedad. Creo que deberíamos ser totalmente atrevidos y atrevidas para defender y fortalecer el Sistema Educativo costarricense dotándolo de los recursos necesarios para dar el salto de calidad, equidad y tecnología que se requiere para enfrentar los retos que nos depara el nuevo siglo.