Mario Ramírez Granados, Abogado.

Cada cuanto aparecen, como si fueran flores de temporada, libros o películas que irrumpen para romper la calma del consenso, para incomodar. Uno de esos cómodos silencios sociales es la ausencia de reflexión sobre la vejez, y sus condiciones. La mayoría de nuestras sociedades prefieren centrarse en alargar la juventud y postergan los debates hacia el futuro, hasta que aparecen obras o gestos que la obligan a meditar sobre sí mismas.

Uno de estos gestos, en el caso chileno fue el anuncio de que el periodista cultural y promotor de los derechos humanos, Augusto Góngora, padecía de Alzheimer. Uno de los tipos de demencia más comunes, y cómo hacer de esta declaración, una forma de activismo para repensar el abordaje del Alzheimer y otras enfermedades en esa etapa de la vida.

Dentro de este trabajo de divulgación, Góngora conversó con la directora de cine Maite Alberdi para la realización del documental La memoria infinita. Este fue exhibido con gran éxito en Chile y fue estrenado en la plataforma de Streaming Netflix el 05 de diciembre de 2023.

La memoria infinita es una película que como los buenos filmes, no se agota en una sola exposición, sino que cuenta con varias capas o niveles. Una de estas capas es el repaso de la vida de Augusto Góngora, en especial para aquellos que no estamos familiarizados con el contexto chileno. El documental entonces expone el papel de Góngora durante la dictadura pinochetista.  Durante este período Góngora fue clave en la documentación de casos de tortura y desaparición, los cuales fueron posteriormente publicados en el libro Chile. La memoria prohibida.

El documental muestra también el proceso de enfermedad en el periodista, mostrando la valentía de este por mantener la alegría, entendiéndola como una condición, pero sin disimular el avance de esta condición en Augusto Góngora. Esto implica observar como su conciencia empieza a disolverse, y ver como se vuelve sin darse al pasado, perdiendo contacto con la realidad. Una condición donde ya no se reconocen los rostros de las personas cercanas e incluso la conciencia de sí mismo cede al punto de no reconocerse en el espejo.

Si bien el tema del envejecimiento y la pérdida de la identidad personal fueron abordados en películas como “El Padre” (2020) o Amor (2012), pero en La memoria Infinita, la enfermedad de Góngora muestra el papel del acompañamiento de su esposa Paulina Urrutia, actriz y ex ministra de Cultura durante la Administración Bachelet. La condición de Góngora no es retratada como un impedimento que lo confine a una cama, en un entorno hospitalario; sino como una vida que se mantiene en la esperanza, aunque tenga que contar con Paulina para realizar actos cotidianos como afeitarse y vestirse.

La película además enlaza algunas de las facetas del activismo de Góngora durante su juventud, que reivindicaba que la recuperación de la memoria como un intento de construcción de futuro. Este ejercicio de reconstrucción de la memoria, se resignifica en el caso de enfermedades mentales en la vejez. En esta acepción, se entiende como un mecanismo de defensa de la identidad individual pero a la vez de transmisión del legado de estas personas a nuevas generaciones, en el entorno familiar, y más allá de este.

Películas como La memoria infinita trascienden el mero entretenimiento, para convertirse en llaves para abrir el debate acerca del abordaje de la salud mental, su prevención y el cuidado en nuestras sociedades, donde muchos no cuentan con la posibilidad de contar con atención especializada. La mayoría de los casos la atención del adulto enfermo recae sobre miembros de la familia, particularmente mujeres, y donde en muchas ocasiones la persona cuidadora dejan de trabajar formalmente, por lo que no cuentan con fuentes de ingresos propios.  En muchas ocasiones, una vez que la persona a cargo ha fallecido, la persona cuidadora no tiene la posibilidad de volver al mercado de trabajo, pues por su edad o sus condiciones de salud, ellas mismas se han convertido en una persona que debe ser cuidada.

Recuperar la identidad, implica repensar al Alzheimer más que como una enfermedad, como una condición durante la vejez, la cual en lugar de ocultar, podemos abordarla, devolviendo la dignidad a las personas que lo padecen. Conlleva además la posibilidad de abrir espacios de debate que permiten sistematizar las diferentes experiencias para que pasen de la anécdota a la reflexión pero también fortalecer el entorno inmediato del paciente. Implica re entender el valor del abrazo, más como una demostración física, como una forma de reconocimiento emocional y una forma de construir el futuro.

 

 

Por Mario Ramirez

Abogado de formación, labora en la Asamblea Legislativa de Costa Rica, Departamento Legal.